Sábato, un escritor que merece de respeto

Por Vidal Mario - Periodista-escritor-historiador

8 de marzo 2026

Acompañado por el colega Pedro J. Solans, en Villa Carlos Paz visité el “Memorial de Ernesto Sábato”, emblemático espacio emplazado en el Parque “Estancia La Quinta”, en medio del “Bosque de la Poesía”, un entorno natural que conecta arte y literatura.

Allí se puede apreciar, por ejemplo, esculturas de hierro oxidado en forma de espiral y un tótem donde se inicia “El Refugio del Escritor”.

También se observan elementos inspirados en su obra “El Túnel” junto con otros que evocan la transformación personal de Sábato, quien abandonó la ciencia por la literatura para escribir, en el paraje El Pantanillo, su primer libro, “Uno y el universo”.

Se trata de un bello e inspirador espacio inaugurado en noviembre de 2025 para honrar el paso del escritor por la zona, en determinado momento de su siempre cambiante vida.

Escritor vilipendiado

Mi visita a ese lugar trajo a mi memoria el recuerdo de toda una colección de diatribas que en distintos momentos algunos lanzaron en perjuicio del genial escritor.

En su momento, determinados sectores lanzaron contra su persona epítetos como “panqueque”, “aliado del general Videla”, “colaborador de la dictadura”, “firmador de cheques en blanco a los militares”, “gorila” “simpatizante de uniformados golpistas”, entre otras calificaciones.

Sólo por expresar lo que pensaba, más de uno lo vilipendió con desproporcionada virulencia, como si con sus opiniones le hubiera causado un daño irreparable a la Argentina o hubiese perpetrado un delito de lesa argentinidad.

Hasta le reprocharon que el 19 de mayo de 1976 almorzara con Videla. En esa mesa no estuvo solamente él. Estuvieron también Borges, el cura-escritor Leonardo Castellani, y el presidente de la SADE, Horacio Ratti.

Dicho almuerzo tuvo lugar a los dos meses del golpe, cuando todavía nadie sospechaba lo que vino después.

Sus detractores olvidaron que como una forma de terminar con la guerra civil que en aquellos años ensangrentaba a la Argentina, el golpe militar de 1976 fue aprobado incluso por la gran mayoría de los partidos políticos, a excepción del partido comunista.

Algo similar ocurrió en 1954 en el Paraguay. Muchos intelectuales al principio apoyaron la dictadura stronerista, y nadie le reprochó a Augusto Roa Bastos su nombramiento en 1955 como embajador cultural del Paraguay en Estados Unidos

En Argentina, fueron muchos los que al principio tomaron a los militares poco menos que como salvadores de la Argentina. Ya nadie recuerda éste halago al dictador Videla expresado por Víctor Hugo Morales, en 1978: “Por siempre, gracias, general. Argentina está en paz. Sin usted no se hubiera podido hacer éste Mundial”.

Merecedor de respeto

Algo de respeto se merecía y se merece Er un hombre cuyas obras fueron traducidas a treinta idiomas y fue el segundo argentino, después de Borges, en recibir el Premio Cervantes.

Se merece un poco más de respeto, aunque más no sea por el hecho de haber vivido en los años 30 bajo terribles amenazas, con peligro de muerte, por comunista.

Por sus ideas comunistas lo consideraban una especie de delincuente. Debía mudarse constantemente de casa, con nombre falso porque lo perseguía la Comisión Contra el Comunismo. En esas condiciones pasó cinco o seis años muy duros.

Después se alejó del comunismo, no porque lo perseguían, sino por razones que explicó en un libro.

Pero nunca abandonó su auténtica pasión: la lucha por la justicia social, la dignidad, y el respeto al hombre. Así fue, y así se comportó hasta su muerte, el 30 de abril de 2011.

Llanto ante millones

Sábato también merece respeto por aquel llanto suyo ante millones de personas que miraron por televisión la entrega del informe de la CONADEP al presidente Alfonsín.

Lloró en nombre y representación de miles de personas que luego de haber descendido al más oscuro de los infiernos (con razón o sin razón, con culpa o sin culpa) se ponían nuevamente de pie, entreviendo en el horizonte un posible mañana mejor.

Hasta el día de su muerte defendió aquel histórico juicio, y se angustió profundamente con la Ley de Obediencia Debida, con la Ley de Punto Final, y con los indultos que dejaron salir de las cárceles a muchos operadores del Proceso militar.

Hasta sus últimos días, también, manifestó su alegría por la fuerza con que la gente lucha contra la impunidad y el valor con que la gente seguía reclamando justicia.

Como diría Albert Camus, Ernesto Sábato fue un escritor que nunca estuvo del lado de los que hacen las historias oficiales, sino del lado de quienes la padecen.

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