Religión y misticismo

Por Vidal Mario - Periodista, escritor, historiador.

21 de julio 2025

En una de sus canciones, un cantante nos recuerda que en el mundo hay más religiones que niños felices, y efectivamente es así. No hay una sola religión: hay cientos.

El misticismo, en cambio, es uno sólo.

La religión es para gente de mente esclavizada a dogmas y ritos religiosos inventados por el hombre.

El misticismo es para los que saben cómo conectarse con Dios sin necesidad de someterse a una religión.

La religión es para los mentalmente dormidos.

El misticismo es para los mentalmente despiertos, para los que no aceptan nada porque sí, o solamente porque otros lo dicen.

La religión es para los que necesitan que alguien les dicte lo que tienen que creer o hacer.

El misticismo es para los que, en materia de pensamientos, son dueños de su propio destino.

La religión es para los que necesitan que otro los guíe.

El misticismo es para los que sólo obedecen a su voz interior, a su intuición, a su corazonada, a la lógica y al sentido común. Es para los que saben que la voz de Dios está dentro de ellos.

La religión forma creyentes; el misticismo forma mentalidades inquisitivas e investigadoras.

El pensamiento del creyente está petrificado; el pensamiento del místico es libre como el viento.

La religión es un rosario de prohibiciones y reglas dogmáticas inventadas por hombres y que los creyentes deben obedecer como si fuesen mandatos divinos.

El misticismo es libertad. Invita a pensar, a razonar y a no aceptar nada que no sea verificable.

La religión amenaza con el fin del mundo, con un infierno de fuego y con castigos del “Señor”.

El misticismo trae paz interior porque está más allá de toda amenaza y de todo mensaje de miedo.

La religión llena los oídos de los fieles de pecados y de culpas.

El misticismo nada reprime, sino que todo lo deja al libre albedrío de las personas.

La religión convierte a sus ovejas en reprimidos.

El misticismo, en cambio, muestra al hombre tal como es y le hace conocer a sí mismo. Lo hace verdadero.

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