Valoremos la colaboración de otros

El mensaje de la Palabra de este día, promueve la idea de estimular la apertura y “cierta ruptura” en aquellos que se consideran pertenecientes a un “círculo de elegidos”, y se creen los únicos intérpretes de la auténtica fe e intermediarios exclusivos para obrar la salvación de Dios.

Este tipo de grupos se caracterizan por tener fronteras muy marcadas en sus entornos, imprimen una diferencia notable con los demás y hasta llegan a absolutizar sus propias ideas.

Hoy, encontramos estas actitudes, tanto en las realidades sociales como en las religiosas. En el libro de los Números, Moisés abre una perspectiva muy distinta respecto a lo dicho, porque incentiva a valorar las cualidades en algunos que no pertenecen concretamente a su comunidad; para esto, se dirige a sus colaboradores muy celosos y expresa una frase vanguardista:

“¡Ojalá todos fueran profetas en el pueblo del Señor, porque Él les infunde su Espíritu!”; con esto, abre la posibilidad de participación a muchos.

Tenemos que descubrir y valorar las riquezas personales que existen en los diferentes ambientes sociales y religiosos, tanto en los que adherimos por las ideas, como en aquellos que piensan distinto.

Se nos propone ser abiertos para aprender de los demás, de los jóvenes, de los que tienen ideas distintas, de los que no conocemos tanto; porque tienen mucho para instruirnos.

No olvidemos que todos tienen algo para enseñar, y no tenemos que desaprovechar ni despreciar esos conocimientos.

¿De qué modo recibimos a aquellos que no están en nuestros grupos de pertenencia y desean compartir para aportar sus ideas?

Brindar espacios de participación

Sería muy interesante que las comunidades y todo grupo en la sociedad actual, se distingan por la apertura para dialogar, la amplitud de ideas y la valoración del aporte de todos.

El mensaje de los textos citados arriba, nos reclama para que tengamos criterios amplios al momento de actuar y sepamos discernir el espíritu y las inquietudes de las personas, para que todos encuentren un lugar donde integrarse.

Mucha responsabilidad se nos pide a los que seguimos la propuesta de Jesús, porque tenemos que salir al encuentro de los demás, abrir nuestros espacios grupales y hasta ir más allá de lo

establecido tradicionalmente, para integrar a sectores que se sienten más relegados y postergados.

En el Evangelio de hoy, Jesús promueve esa amplitud de pensamientos y la actitud de valorar las capacidades que hay en todos; señalaba respecto a otros que predicaban: “No se lo impidan, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí.

Pues el que no está contra nosotros, está a favor nuestro”. ¡Deja en claro que las manifestaciones del Espíritu se dan en todos, es universal!, no queda encerrado en pocas personas o en las paredes de un salón, todo lo contrario, se manifiesta sin excluir a nadie.

Más aún y para nuestra sorpresa, se expresa en ambientes que no imaginamos, como nos relata el pasaje citado.

Estas ideas deben hacerse presente en los distintos espacios sociales, porque “el auténtico diálogo social supone la capacidad de respetar el punto de vista del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos.

Desde su identidad, el otro tiene algo para aportar, y es deseable que profundice y exponga su propia posición para que el debate público sea más completo todavía.

Es cierto que cuando una persona o un grupo es coherente con lo que piensa, adhiere firmemente a valores y convicciones, y desarrolla un pensamiento, eso de un modo o de otro beneficiará a la sociedad.

Pero esto sólo ocurre realmente en la medida en que dicho desarrollo se realice en diálogo y apertura a los otros (…). La discusión pública, si verdaderamente da espacio a todos y no manipula ni esconde información, es un permanente estímulo que permite alcanzar más adecuadamente la verdad, o al menos expresarla mejor. Impide que los diversos sectores se instalen cómodos y autosuficientes en su modo de ver las cosas y en sus intereses limitados (…)” (Fratelli Tutti, 203).

¿Estamos dispuestos a colaborar con los que piensan distinto o nos creemos autosuficientes en nuestros espacios?

No dejemos de estar presente

Si en las comunidades hay una opción clara por la propuesta de Jesús, entonces tiene que fomentarse la actitud de apertura en todo sentido, para que puedan entrar las nuevas ideas, la creatividad que se necesita para resolver los problemas y la energía para trabajar con ahínco, y así, aportar lo mejor al servicio de las personas.

Nadie tiene que sentirse ajeno para esta participación positiva y edificante, al contrario, con verdadero espíritu de servicio y valentía debemos colaborar con nuestros contemporáneos, con todo lo que somos y tenemos, para promover la vida en su integridad, los derechos de los demás y el encuentro con Dios, fuente de vida renovada y solidaria.

¡Qué nada nos impida encontrar espacios para nutrirnos de esta experiencia!

Pbro. Alberto Fogar
Párroco Iglesia Catedral
(Resistencia)

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