Por Vidal Mario*

 

Tercera Nota**

 

En su edición del 21 de noviembre de 1973, The Journal of Comerce, de Estados Unidos, afirmó. “Buenos Aires se ha convertido en la capital mundial del secuestro”.

Se refería concretamente a que, desde enero a noviembre de ese año, se había producido en la capital argentina unos 160 secuestros que le habían reportado a las bandas guerrilleras unos cuatrocientos millones de dólares, en concepto de rescate.

En rigor, durante dos años (1973-1975) los empresarios extranjeros estuvieron en la mira de la subversión por las suculentas cantidades de dinero que obtenían a costa de ellos.

Norman Lee, distribuidor de Coca Cola en Ranelagh (Buenos Aires) fue liberado el 31 de febrero de 1973 tras varias semanas de cautiverio y pago de un rescate cuyo monto no se dio a conocer.

Frank Víctor Brimicombe, director de la compañía British American Tobacco, pasó cinco días de cautiverio hasta su liberación, el 13 de abril de 1973.

El banquero Agnew Lockwood estuvo casi dos meses secuestrado, entre el 6 de junio al 30 de julio de 1973. Extrañamente, a fines de julio de 1975 volvió a ser secuestrado. Fue rescatado por la policía después de un tiroteo, el 30 de agosto.

El empresario David Wilke, de la firma Amoco, fue secuestrado el 23 de octubre de 1973, y liberado el 12 de noviembre del mismo año.

Enrique Nyborg Henderson, funcionario del Banco de Londres y Sudamérica, secuestrado el 18 de noviembre de 1973, fue liberado recién el 18 de febrero de 1974.

El 23 de noviembre de 1973, el ejecutivo norteamericano John Albert Swint, gerente general de Ford Motor Argentina y sus tres escoltas, fueron emboscados y asesinados por quince terroristas del ERP y del FAR, cuando iban camino a su trabajo, en la ciudad industrial de Córdoba. Los asesinos usaron dos autos y dos camiones para bloquear la marcha del rodado en que se desplazaban, y dispararon desde los autos y desde una colina ubicada al lado de la carretera.

A Víctor Samuelson, de la compañía estadounidense Esso Oil Company, el Ejército Revolucionario del Pueblo lo secuestró el 6 de diciembre de 1973 y lo liberó recién el 29 de abril de 1974, tras pago de un rescate de catorce millones de dólares.

El 19 de septiembre de 1974, un comando compuesto por 15 Montoneros detuvo el tráfico de la principal avenida de Buenos Aires, Libertador, simulando una obra en una tubería de gas. Tras acribillar a los escoltas, sacaron del coche en que iban a los hermanos Jorge y Juan Born, herederos del mayor imperio argentino de exportación de granos e industrias químicas, textiles y de alimentación. Fue el secuestro más caro de la historia: 66 millones de dólares, dinero que supuestamente acabó en Cuba y nunca volvió a aparecer del todo.

Los subversivos parecían no tener ni patria, ni Dios, ni sentimientos. Así quedó demostrado con el secuestro del empresario alemán Enrique Mendelsohn, entregado por su propio hijo, integrante del ERP. Lo tuvieron en una “cárcel del pueblo” hasta su liberación previo pago de un cuantioso rescate.

 

El Chaco no era una isla

El Chaco, que no era una isla, también era víctima del clima de violencia imperante en el país.

Tanto que, su gobernador, Deolindo Felipe Bittel, declaró, con rostro muy preocupado y compungido: “Hay sectores que están empujando a la guerra civil”.

Entre los hechos de violencia más resonantes ocurridos en ésta provincia, está el del asesinato de Víctor Sánchez, secretario general del Comando de Organización, JP Chaco.

El 13 de septiembre de 1974, Montoneros ejecutó en la ruta Nicolás Avellaneda a Sánchez y al sonidista de L.T. 7 Radio Corrientes, Carlos A. Saucedo. Ambos fueron ametrallados en el auto cuando venían de Corrientes, rumbo a Resistencia. También resultó gravemente herido Gabriel O. Benítez, quien recibió 9 impactos de bala.

Antes, el 9 de enero de 1974, había habido otro atentado de Montoneros, contra la casa de Sánchez, en Villa San Martín. Aquí quedó gravemente herida su madre, Ambrosia Pavón de Sánchez, quien falleció diez días después, a causa de las heridas recibidas.

En octubre de 1974, policías provinciales y federales encabezaron una verdadera cacería de subversivos en el Chaco. Para fines de ese mes, octubre, se consideraba que una importante red terrorista había sido barrida del mapa chaqueño.

Los operativos se concentraron sobre Resistencia, Sáenz Peña, Avia Terai y Campo Largo. En la noche del día 31, hubo una conferencia de prensa para ofrecer al periodismo un balance de todos aquellos operativos.

Se señaló que eran más de treinta las personas capturadas, las cuales permanecían detenidas por asociación ilícita y tenencia de armas de guerra, entre otros cargos.

Se exhibió al periodismo abundante material de guerra, además de aparatos de comunicación, explosivos, impresoras gráficas, folletos, y toda suerte de propaganda. Mostraron, además, otro curioso elemento secuestrado: un archivo con informaciones y fotografías de altos funcionarios del gobierno de Bittel.

Las fichas de dicho archivo consignaban, entre otros datos, ubicación de las casas de cada uno de los funcionarios, costumbres, relaciones personales, formación intelectual y hasta detalles de sus vidas privadas. Incluso, los números de las patentes de sus respectivos vehículos particulares.

Había también, entre los elementos exhibidos, un fusil ametrallador liviano FAL que, al día siguiente, fue sometido a pericias. Se sospechaba que era una de las armas que había sido utilizada para ultimar al jefe del Comando de Organización, Víctor Sánchez.

Varios depósitos de armas habían sido detectados y neutralizados en Resistencia. En la misma rueda de prensa, se exhibieron las fotografías de los citados escondites.

El jefe de la policía provincial, inspector general Miguel Roberto Mora, informó: “Entre los detenidos figuran un ingeniero químico, un arquitecto, varios estudiantes y otros hombres y mujeres, en su mayoría de un elevado nivel intelectual”.

A algunos de los detenidos se los vinculaba con el atentado con bombas que ese mismo mes de octubre había padecido la sede de la Unión Cívica Radical, como así también con la explosión que sacudió el domicilio particular del diputado provincial Jaime Dri.

Un detalle llamó la atención de los periodistas: a unos centímetros del jefe policial que hablaba, estaban amontonados veintiún ejemplares de un libro titulado “El ERP, a los niños”.

 

Más radiografía de la violencia

Otra radiografía de la violencia subversiva de esos tiempos en el Chaco está en éste comunicado de la Jefatura de Policía, publicado el 25 de abril de 1975 en el diario “El Territorio”:

“Desde el día 17 de abril, en la ciudad de Sáenz Peña, se efectuaron detenciones y allanamientos ordenados por la Justicia Federal, los que permitieron comprobar que personas pertenecientes a las Ligas Agrarias realizaban encubiertamente actividades netamente subversivas, y militaban en organizaciones proscriptas.

Las investigaciones efectuadas permitieron esclarecer totalmente los siguientes hechos:

A).- Atentados con explosivos a los establecimientos de Bunge y Born, de Presidencia Roque Sáenz Peña, en diciembre de1974.

Participaron de los atentados a las oficinas de Bunge y Born, Aníbal Ponti, y el asesor legal de Ligas Agrarias Chaqueñas, doctor Luís Juan Rodríguez, ambos oficiales Montoneros.

B).- Incendio de un camión con acoplado que transportaba girasol, en la localidad de Tres Isletas, hecho con bombas molotov, atentado producido en el mes de febrero de 1975.

C).- Diseminación de clavos “miguelitos” por las principales rutas de la provincia, que causaron graves daños a los medios de transporte por automotor.

D).- Planificación de atentados contra comisarías, autoridades policiales y contra funcionarios del gobierno de Deolindo Felipe Bittel.

Por surgir responsabilidad penal en estos hechos se procedió a la detención, a disposición de la Justicia Federal, de 19 personas, a lo que debe agregarse la cantidad de varios prófugos, cuya captura fue recomendada a todas las policías del país.

Se secuestraron planos de Resistencia y de otras localidades del interior, con señalamiento de objetivos de futuros atentados; armas y explosivos de guerra, municiones de guerra y de uso civil, impresos de propaganda de la Organización Montoneros, chapas patentes de vehículos, así como armas y explosivos ocultos en domicilios particulares de zonas urbanas y en “embutes” ubicados en zonas rurales”.

 

(*) Escritor, periodista, historiador

(**)Próximo domingo, Cuarta Nota


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