Por Jorge Gil

Esta semana nos abre las puertas de su casa en Cagliari, Italia, Silvana Prieto, una joven bailarina del tango, que insta a sus contemporáneos a persistir en busca de sus sueños.

 - Hola Silvana ¿cómo estás allí en Italia?

- Hola. Muy bien. Me vine a vivir hace poco. En realidad, vine a tramitar la ciudadanía. Yo hace varios años que vengo a Europa; a Italia mayormente y bailo tango. Así que vengo a mostrar un poquito de nuestra cultura por estos lados.

 - ¿Dónde estabas radicada en la Argentina?

- Yo estaba en Buenos Aires, pero soy de Chaco. Comencé a bailar tango en Resistencia y luego de 4 años me mudé a Buenos Aires en 2009. Allí estuve 8 o 10 años y luego comencé a viajar. Y estoy aquí ahora.

- Es decir que vos comenzaste a mostrar nuestro tango en todo el mundo

- Así es. Mayormente en Europa. Un poco por Asia. Italia es donde más tuvimos trabajo.

- ¿Qué te motivó a irte del país?

- Siempre la motivación fue el tango. Yo comencé en la academia “Duartango”. Y después trabajé ahí. Tenía un grupo de baile muy grande, muy numeroso. Pero siempre aparecían mis ganas de crecer como bailarina. Y la cuna del tango y los mejores maestros estaban en Buenos Aires. Así que de un día para otro dije me quiero ir a Buenos Aires a vivir allá y ser mejor bailarina. Y allí tuve la posibilidad de dedicarme de lleno al baile y poder venir a Europa. Y acá hay mucha gente que le gusta el tango, que se interesa por nuestra cultura, nuestras costumbres. Y la mayoría de nuestro trabajo esta acá. Y entonces ya que tenía la posibilidad de tener la ciudadanía italiana me vine para acá.

- ¿Ya tenés la ciudanía italiana?

- Yo comencé en enero. Desde 2017 estaba juntando los papeles y se dio todo. Porque yo me vine a trabajar en una escuela acá y de paso hacía los trámites. Y en realidad, a principio de marzo terminé de presentar todos los papeles y justo unos días después comenzó la pandemia. Se atrasó todo un poco. Pero salieron los papeles después de seis meses.

 - ¿Tenés residencia?

- El permiso de residencia te lo dan cuando venís y presentás papeles. Y te la dan únicamente si vos presentás la carpeta con todas las actas, demostrando que venís a solicitar la ciudadanía. Es la única posibilidad. Una vez que tenés la residencia, recién ahí podés empezar el trámite de ciudadanía que es para que te den el documento de identidad italiano y el pasaporte.

 -¿Y en qué etapa estás?

- Yo ya tengo todo.

 - ¿En qué lugar estás?

- Yo estoy en Cagliari, dentro de la isla de La Cerdeña, en el sur de Italia.

 - ¿Cómo fue el tema del covid por ahí?

- Bastante tranquilo, por suerte. En realidad, en marzo fue una locura para toda Italia. Las imágenes que se veían del norte del país eran igual para el sur. Estaba la gente muy asustada en todo el país. La gente permanecía encerrada. Pasaba la Policía con la sirena pidiendo que la gente no salga, que se queden todos adentro. Pero la verdad, la isla es uno de los lugares que menos contagios tuvo. Menos muertes. Así que ya desde mayo no hubo más contagios, se mantuvo en cero.

 - Pero hubo un rebote

- Sí. Hubo un rebote. Acá bastante grande porque la gente se vino toda de vacaciones a la isla, que tiene una de las playas más bellas de Europa. Vinieron de todos lados. Se escuchan todos los idiomas en las calles: ruso alemán, español, todo, todo.

- ¿Estás sola o acompañada?

- Estoy en pareja hace cinco años, con mi compañero de baile. Con él trabajamos juntos. Así que estamos acá los dos. Vinimos como turistas antes. Yo me tramité la ciudanía y ahora vamos por sus papeles.

- Y cuando pasó esto del covid ¿No se te ocurrió pensar ‘qué hago aquí’; o en volverte a la Argentina?

- Sí, sí. Al principio estábamos todo como descreyendo de la gravedad del problema. Pensábamos que era una gripe más para todos. Cuando se cerró todo pensamos en irnos a otro lugar de Europa, a otro país. ‘Nos vamos a España’, por ejemplo. No sé si estaba planteada la posibilidad de volver a la Argentina. Pero sí a otro país. Pero hicimos bien en quedarnos porque fue tranquilo acá en la isla. Y me quedé, más por mis papeles, porque yo ya tenía turno. Ya estaba como muy pronto a presentar toda mi carpeta. Y después ya no sabía si iba a poder volver a entrar.

- ¿Y desde el punto de vista económico cómo te resultó?

- Y para mi rubro debo decir que es uno de los más complicados. Acá, como en Argentina, las actividades extras serán lo último en volver. El tango es lo menos prioritario, así que esperando. Bastante bien acá, de todos modos, ya que a fines de mayo (a pesar de que Italia fue uno de los países que más fuerte tuvo el covid), se trató de abrir las puertas a todo. Se puede dar clase, pero con muy poca gente y con muchos cuidados.

 - ¿Sos profesora de una escuela de Italia?

- Nosotros viviendo en Buenos Aires teníamos contacto con mucha gente que se acerca a nuestro país. En el ambiente vas conociendo. Y son esas personas las que organizan milongas y clases; tienen escuelas o salones. Y para los bailarines que vienen hay dos cosas que son fundamentales, dar clases o dar shows. El tango generalmente se baila en milongas o en salones. Se organiza para el fin de semana, especialmente para traer una pareja y hacer un evento donde la pareja exhibe su baile y la gente los va a ver. Parecido a un teatro. Pero sin sillas, sin butacas. La gente puede bailar. Y esto es lo que hago. Y también se habilitó el dar clase, pero con el covid, la gente está un poco precavida todavía. Y se había habilitado la opción de baile; los salones bailables y los boliches, pero por el rebrote duró una semana o dos y se cerraron nuevamente.

- Es decir que por el momento estás haciendo poco y nada

- Sí. En marzo tuvimos dos meses de Lockdown (cierre de emergencia) total. Pero bueno trabajamos con clases online.

- ¿Cómo hacen para sobrevivir?

- Y ahora cuidándonos mucho. Trabajando como podemos. Seguimos dando clases con grupos reducidos y también clases online. Como conocemos bastante gente de otros países, Inglaterra España, Italia, mucha de esa gente no puede ir a clases presenciales y toma clases online con nosotros.

- ¿Pero te alcanza o tenías ahorros?

- Estamos un poco más restringidos que normalmente.  Nosotros cuando veníamos de viaje, lo hacíamos por dos o tres meses; y a veces hasta por 9 meses. Estábamos acostumbrados a viajar más. Establecernos en una ciudad y desde allí viajar a distintos lugares para hacer un show los fines de semana, pero eso ahora no lo podemos hacer. Entonces estamos bastante restringidos, pero dentro de todo nos alcanza, dando clases grupales, para pagar el alquiler y vivir. No vivimos como antes, pero sí, alcanza.

- ¿Y dónde viven?

- Alquilamos una casa con tres habitaciones, dos baños. Bastante grande. Y en el centro de la ciudad.

- ¿Sólos?

- Sí.

- ¿Y cómo son los alquileres; accesibles, caros?

-  Si tengo que hacer la conversión, acá es el doble. Yo estaba pagando en la Argentina unos 250 euros, más o menos, de alquiler y gastos. Y acá alrededor de los 600.

 - Pero por lo que vos me venís contando, ahí podés vivir de tu arte.

- Sí, acá se puede vivir del arte. En la Argentina, con la misma cantidad de trabajo que estoy haciendo acá, no podría haber pasado la cuarentena.

- Contamos un poco los escenarios que ya visitaste.

- Nosotros estuvimos viajando desde hace mucho tiempo por Europa. Visitamos Grecia, Alemania, Italia, España, Turquía; algunos lugares de Asia también Japón y Corea. Y el lugar más loco en el que estuvimos fue Rusia. Allí estuvimos tres meses; en Moscú y en Siberia en pleno invierno con 40 grados bajo cero y con una nieve que tapaba toda la ciudad.

- ¿Dónde recibiste más aplausos?

- La verdad es que cada país tiene su público. Me gustó mucho Corea. Allí son muy cálidos y muy atentos con quienes dan las clases. Aplauden muchos y hacen como mucha ovación. Ellos están acostumbrados a tratar muy bien a quienes consideran que están en un escalafón más alto. Después, en Siberia nos han tratado súper bien. En todos los países en realidad.  No puedo decir que uno sea más cálido que otro. Es asombroso como se interesan por nuestra cultura. Lo que llama la atención es que, en Corea, en Japón, como en Siberia, que tienen otra cultura, otra escritura, lo saben todo de nosotros. Aman el tango y lo bailan y saben sobre él.

 - ¿Tus visitas en qué consisten?

- Depende. A veces dar clases, dos o tres por días y uno o dos shows, que serían cuatro o cinco tangos en la noche.

 - Entonces, vos te fuiste de la Argentina para esta mejor económicamente a partir de tu arte.

- No sólo por eso. Si bien yo acá puedo (haciendo mucho menos que en Argentina), comer, pagar mi alquiler y vivir bien; hay como una diferencia muy grande en este sentido.  También la accesibilidad para viajar a los países de Europa donde trabajamos. No es lo mismo tomarse un vuelo desde Argentina, que tomarlo desde acá. Y también por el tema seguridad. Ese es otro punto que tiene a favor acá. Hemos estados viviendo en varios países. Yo estuve viviendo en Inglaterra, Rusia, España y en otros lugares y la seguridad se siente diferente.

- En toda Europa sería.

- Sí. Acá en Italia, una cosa que me asombra mucho son los edificios que no tienen números para los departamentos en los timbres. Directamente muestran el apellido de las personas que viven en cada departamento.  En Inglaterra vivimos en el sur y en el norte. En el norte vivíamos en una ciudad que se llama Bradford que es céntrica y dábamos clases en todas las ciudades de los alrededores. Y no tenía timbre la casa donde vivíamos. Golpeaban la puerta y vos salías a atender.

- ¿Pensaste cuando te ibas que lo hacías para siempre?

- Cuando yo me fui a vivir a Buenos Aires, con 19 o 20 años me costó muchísimo el desapego. Extrañaba Resistencia, extrañaba todo y quería volverme. Me fui con muchas ganas, pero, así como llegué me quería volver. Me costó como tres años adaptarme. Pero acá vine con otra mentalidad. Ahora es como que estoy más desapegada. Desde hace cinco años que yo iba una o dos veces al año a Resistencia. La verdad es que al viajar tanto uno aprende a desapegarse y el último tiempo mi vida era una o dos valijas. Yo tenía un alquiler en Buenos Aires los últimos dos años, pero antes iba de casa en casa, con una o dos valijas. Ahora no estoy como ‘muy extrañando’ o queriendo ‘volver algún día’. Tengo claro que tenía ganas de venirme a vivir acá; y establecerme acá. Creo que la diferencia de nivel de vida, en mi área y mi trabajo, hace que esté muy contenta de estar acá.

- Y obviamente conformar una familia allí.

- Sí, sí

- ¿Y cuáles son tus planes a futuro?

- Mis planes en principio son poder establecernos acá. Por el momento voy a esperar a que se abran las puertas para poder volver a bailar. Y ver si en un momento podemos tener nuestra propia casa y analizar la posibilidad de emprender nuestro propio negocio.

 - ¿Relacionado con el baile? ¿O qué sería?

- Nosotros ahora teníamos algunos trabajos extras. Relacionado con el tango, no. Si llegáramos a establecernos, sería con algo diferente. Ya tenemos trabajo con el tango, sería otra cosa diferente del tango. No sé qué todavía.

- ¿Qué extrañás? La comida para los bailarines no es lo más importante.

- Hay bailarines que tienen rutinas más exigentes. No es nuestro caso. Nosotros comemos de todo. Pero sí se extrañan. Se extrañan los alfajores, el dulce de leche, las milanesas, las empandas. Hay fernet acá, así que podemos disfrutar del fernet.

- ¿Hicieron amigos?

Si amistades venimos haciendo desde hace mucho. Algunas perduran por un tiempo largo, así que eso es bueno.

- ¿Querés dejar un mensaje para los que quieran venirse?

- Desde que me vine acá subo muchas fotos; sobre todo de la ciudad en la que estoy, que es hermosa. Y varias personas me han compartido que quieren comenzar a armar su carpeta para venirse a hacer su ciudadanía. Y les estoy ayudando, con mucho gusto, porque siempre los incentivo a que prueben. Acá es muy tranquilo y muy seguro. Hay muchas oportunidades de trabajo, sobre todos si son jóvenes. Y se vive bien, se vive bien.

- ¿Y para tu gente querida, tu familia?

- A mi gente querida muchas gracias por estar, por acompañarme siempre. Son un gran soporte. Yo todavía me sigo comunicando con mis amigos día de por medio y con mi familia también. Me han ayudado muchísimo. Y me siguen ayudando; así que muchísimas gracias. Si no fuera por ellos no podría estar hoy acá.


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