Ver el debate en la Cámara de Diputados de la Nación durante el tratamiento del proyecto de reforma previsional me resultó más divertido que las charlas de mi hijo y sus amigos, todos de entre 8 y 9 años, aunque muchos menos inteligente que la de los pequeños. Se trató de una puesta en escena de sordos con un grado de hipocresía que es propio de la doble moral que infectó a la mayoría de la clase política. Un sector dispuesto a dilatar hasta el Día del Juicio Final la votación a fuerza de discursos incoherentes y alejados de la realidad, y otro sector tratando de decir lo mínimo con la única intención de acelerar la aprobación, sin ninguna intención de debatir, sabiendo que los números se imponen. Afuera, afuera el caos total: piedras, gomeras, bombas molotov, tuercas, baldosas, gases lacrimógenos y balas de goma y dos bandos enfrentados como solamente lo pueden hacer los peores enemigos. Y el resto de la sociedad siguiendo por TV como la más exitosa de las novelas, aunque en este caso se trate de la vida real.

Y hablo de lo que pasa adentro porque creo que esa clase, la política, es íntegramente responsable de lo que pasa afuera. Escucharlos es suficiente para ver la mezquindad y la hipocresía pero a un nivel tan elevado que ya lo tienen naturalizado, no dudan en negociar hasta la dignidad por fanatismo.

Uno ve el nivel de agresión de los legisladores y entiende por qué el resto de la sociedad también es violenta.

Nadie que esté en sus cabales, nadie que sea sincero consigo mismo puede justificar la violencia, nunca jamás. Porque el día que pensemos que algo se soluciona con exabruptos, con agresiones, es cuando comenzamos a condenarnos al fracaso. Sería bueno que comencemos a debatir, pero por sobre todas las cosas internamente. Analizar si vamos a justificar algo por el sólo hecho de pertenecer el sector político que nos contiene, o si vamos a darnos cuenta que todos tienen algo bueno o algo malo. Mientras sigamos atados al fanatismo las dos sociedades actuales seguirán enfrentadas y los que pretenden permanecer en el medio serán víctimas de ambos sectores. Estamos a tiempo.


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