Promueven caza de “pokemones” en la ciudad de Resistencia

98

Es probable que usted, lectora o lector, no sepa que existe un grupo de chaqueños aficionados a la caza de pokemones. Y ese grupo, conformado por adolescentes en su mayoría, todos los meses se junta para batirse en duelo y mostrar cada uno sus destrezas.

La última de estas reuniones se realizó semanas atrás en el Museo de Medios de Comunicación “Raúl Delfino Berneri”. Desde principios de 2019, el Instituto de Cultura comenzó a dar espacio a estas expresiones que conforman un mapa rico y diverso de una cultura que no se cierra a lo tradicional y sigue ampliando sus zonas de prácticas.

De hecho Pokémon Go es una sílaba inglesa que significa “vamos”. La idea de los programadores de esta plataforma fue sacar a la gente a la calle, hacerlos recorrer e interactuar con el entorno, contrarrestando la idea de que los juegos electrónicos están marcados por el sedentarismo.

Los jugadores van de los 10 a los 60 años. El mapa en cada ciudad del mundo tiene emplazamientos reales tomados de Google Maps. Así, cada jugador registrado y con experiencia puede nominar lugares o esculturas para que sean sitios de combates. Generalmente los lugares que funcionan como centro de batalla (llamados “gimnasios” en la jerga pokemónica) suelen ser sitios históricos o de resonancia cultural, abriendo un diálogo con la historia natural de cada región.

La estirpe de Pikachu

A mediados de los ’90 apareció el primer juego de Pokémon en Japón, empujado por la empresa Nintendo. A fines de esa década ya estaba consolidado para la consola Gameboy. La historia hizo un salto tradicional en este rubro: de los videojuegos a la serie animada (animé), que la terminó de popularizar en el resto del mundo. De esa forma, muchísimos jóvenes conocieron a Ash Ketchum, el niño que empezó a cazar a los diez años y se desplaza junto a su amigo Pikachu.

Ambos amigos, simbiosis entre humano y monstruo, recorren los caminos buscando a otros monstruos para atrapar y hacerlos parte de su colección. Pokémon es una propuesta simple dentro todo: su palabra es una abreviación de poketto monsutā en japonés, y significa “monstruos de bolsillo”. Pikachu es una mezcla de conejo y liebre con ratón que se alimenta de moras. Es el pokémon más célebre.

La dualidad, cruza entre animales que definen el tipo de monstruos, es algo común en el mundo de los pokémon. Fiel a la filosofía oriental, la constitución de este mundo mágico responde al yin y yang: el bien y mal son parte de lo mismo y los elementos de la naturaleza juegan un papel central en el equilibrio de fuerzas.

Los cazadores de pokemones son jóvenes peregrinos lanzados a la fiebre de la caza, fogoneados por un slogan que los impulsa a capturar lo más que puedan: “¡Atrápalos ya!”, reza la consigna en versión hispanoamericana, y “¡Hazte contodos!” es la versión española de este Go.

Es conocida la fascinación de aquel país oriental por lo monstruoso, aunque en un cazador de pokemones lo que prevalece es el ansia de alcanzar la presa y ser el mejor en ello. Pokémon además tiene una narrativa monstruosa, llena de spin off y miniseries e historias de personajes secundarios, a lo que hay que agregar el maravilloso mundo de la manufactura de objetos con tazas, camisetas, muñecos, gorros, por nombrar algunos, además de novelas basadas en el animé. Una saga digna de la kilométrica Dragon Ball.

Los torneos

Cuando nos referimos a este tipo de tecnologías, hablamos de realidad aumentada, de plataformas diseñadas para contener no uno sino miles de mundos en un teléfono portátil. Pueden imaginar una lucha cuerpo a cuerpo, armaduras medievales brillantes de sangre en medio de un campo verde con ejércitos enfrentados, listos para aniquilarse.

Pero lo cierto es que en Pokémon Go no está ni cerca de lo belicoso, donde el combate es más bien dedo a dedo: un jugador sentado en una silla común de plástico frente al otro, absortos en las pantallas.

Con ocho participantes ya se puede comenzar un torneo. En el último encuentro hubo diez contrincantes, pero suele haber más, sólo que la lluvia ese día impidió que otros asistieran. La vecina ciudad de Corrientes es tierra fértil para cazadores de pokemones y, como las paradas o gimnasios no abundan ahí, estos jugadores suelen cruzarse a Resistencia. Según los organizadores, hay un grupo fijo de más de quince personas que es habitué de estos combates.

Cada torneo dura aproximadamente dos horas, siempre dependiendo de la cantidad de participantes que haya ese día. Para jugarlo se necesita un celular no necesariamente caro ni lujoso, pues los requisitos del sistema operativo son mínimos tanto para Android como para iPhone. La plataforma decide quién se enfrenta con quién.

En Buenos Aires, más de 200 personas suelen participar en los torneos. A nivel local, los premios consisten en medallas y posters de los cuales cada ganador elige dos.

Los ganadores de estos torneos en nuestra ciudad luego compiten a nivel mundial como representantes regionales. Este evento, el más grande, se hace una vez al año. En 2019 fue en agosto, en Chile, país que recibió a más de 500 cazadores de pokémon.

Caminar las ciudades

“Después de ver la serie en la tele todes queríamos ser Ash, todes queríamos ser entrenadores de pokemones”, enfatizó Gabriela Aguirre, una de las participantes. Mientras que Joaquín Fernández, de 25 años y estudiante de Artes Combinadas, explicó que “este juego es distinto, tenés interacción, caminás mucho y salís por la ciudad”.

Preguntados por si conocieron gran parte de Resistencia a pie, respondieron que sí, y que además hay nidos ocultos donde se amontonan estos seres y sorprenderlos en lugares así es una verdadera fiesta de caza.

“Tenemos grupos de whatsapp donde intercambiamos información o datos y también nos avisamos dónde hay nidos de pokemones”, agregó Joaquín, que además es integrante de Dex Nea, grupo encargado de promover estos encuentros.

Que te pareció esta nota?
like
Love
Haha
Wow
Sad
Angry