La Encuesta Permanente de Hogares que el Indec hace trimestralmente para conocer el movimiento en el mercado de trabajo total, en blanco y en la informalidad, con una población conjunta de poco más de 29 millones de personas permitió detectar en los primeros tres meses de 2022 un aumento del empleo total en poco más de 1 millón de personas, repartidos en mitades entre los registrados y en negro, pese a que la relación entre uno y otro se mantuvo en torno a 1,6 veces: 12,5 millones de puestos en el primer caso, según el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), y 7,9 millones, en el segundo.

Pero, además, el trabajo de campo del instituto oficial de estadística aportó diversos indicadores socioeconómicos, como la población empleada por nivel educativo, la cual arrojó que “más de la mitad de las personas ocupadas (59,4%) cuenta con hasta secundario completo, mientras que únicamente 40,4% posee estudio superior y universitario (completo o incompleto)”.

Sin embargo, se pudo observar en la proyección al total nacional y en cantidad de trabajadores, que en el primer trimestre de 2022 respecto de igual tramo de 2021 por cada puesto nuevo para la franja de profesionales -estudio superior y universitario completo- se crearon 4 con estudios secundarios completo, en tanto con instrucción primaria completa se redujeron en 20.000 y con capacitación superior y universitaria inconclusa bajó en 48.300 puestos, pese a que fue un período de apreciable reactivación de la economía, aunque todavía desde niveles muy bajos por la depresión que en 2020 provocaron las medidas preventivas de aislamiento social obligatorio (ASPO) por un período muy superior al que aplicaron la mayoría de los países.

Si bien podría asumirse que con la mejora del “clima educativo”, como agrupa el Indec a los ocupados según la cantidad de años dedicados a la asimilación de conocimiento a través de programas oficiales -del sector público y privados-, es de esperar que en la era de la alta tecnología y desarrollo de las bautizadas “industrias culturales” en la composición del empleo tienda a reducirse la proporción de los cuadros con menor instrucción y crecer los más altos. No obstante, en la mínima serie que comenzó a sistematizarse trimestralmente desde 2017 no se percibe esa evolución.

Por el contrario, en la “calificación de la ocupación principal” del relevamiento de la EPH surgió que el segmento de profesionales, con unos 2 millones de trabajadores (10% del total), se redujo en 112.500 puestos entre enero y marzo últimos, y totalizó una disminución cercana a 163.000 empleos en un año, 7,6%; por el contrario, se expandieron respecto del primer cuarto de 2021 el resto de las franjas: 326.250 la de técnicos (9,1%); 544.300 la de operarios (5,5%); y en 324.000 la de “no calificados y no definidos” (9%) -sumó casi 4 millones de puestos, equivalente a 1 por cada 5 empleos rentados-.

Intensidad laboral

Pese a semejante variación del empleo por clima educativo, que denota una creciente precariedad del mercado de trabajo, porque crecen los de menor remuneración respecto del promedio, y por tanto se requiere más que nunca “cuidar” el empleo para poder paliar el delicado escenario socioeconómico que significa que un 40% de la población total esté en estado de pobreza, la medición del Indec registró también un apreciable salto de los “ocupados ausentes”, pasó de 2,4% en el último trimestre de 2021 a 10,2% del total.

Según en el informe metodológico del organismo: “Integran este grupo los ocupados que no trabajaron en la semana, por vacaciones, licencia por enfermedad u otros tipos de licencias, suspendidos con pago y ausentes por otras causas laborales (mal tiempo, averías mecánicas, escasez de materias primas, etc.) con límite de tiempo de retorno. Se incluyen también dentro de esta categoría de ocupados a las personas que tenían un negocio o empresa y no trabajaron por causas circunstanciales durante el período de referencia”.

De ahí se desprende que, en muchos casos, el crecimiento trimestral responde a la estacionalidad de las vacaciones, más aún en un año en que se impulsó desde el Gobierno nacional el “Plan Previaje”.

Pero, aun así, en el cotejo con igual período del año previo acusó un salto en su representatividad en el total en casi un punto porcentual, unos 239.000 trabajadores más, a casi 2,1 millones de puestos laborales, y volvió a niveles que el Indec había medido en 2020, donde el ASPO explicó gran parte del fenómeno entre fines del primer cuarto y el tercer trimestre de ese año.

En ese período interanual, los “ocupados plenos” pasaron de representar 51,7% del total a 52,3%, a 10,7 millones de personas; los sobreocupados (más de 40 horas semanales, en algunos casos con situaciones de pluriempleos) se elevaron de 25,6% a 26,8% (5,5 millones); en tanto los subocupados disminuyeron de 13,3% a 10,8% (2,2 millones) del conjunto de los empleados.

Sólo cuando la Argentina cuente con un plan económico sustentable y de largo plazo -a prueba de cualquier coalición de gobierno-, que incentive la inversión y el empleo, podrá revertirse no sólo el estancamiento y la acumulación de “décadas perdidas”, sino también alentar una sustancial de mejora del “clima educativo” de los trabajadores y de la estructura de la intensidad laboral, las cuales son indispensable e insustituibles para poder elevar la productividad del conjunto de los factores de producción de bienes y servicios y reducir drásticamente el nivel de pobreza.


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