Foto: Archivo
Foto: Archivo

El ministro Nicolás Dujovne reiteró el pedido que antes Mauricio Macri y el secretario de Comercio, Carlos Braun, habían hecho a funcionarios de EE.UU. para ser eximidos del alza de aranceles. La respuesta recibida es que lo están evaluando.

Los protagonistas de la primera reunión del G-20 son los banqueros centrales y ministros de finanzas, pero el eje de las conversaciones bilaterales entre los funcionarios de las distintas delegaciones que llegaron a Buenos Aires giran alrededor de las disputas comerciales. El libreto se replicó en el encuentro privado que mantuvo el titular del Palacio de Hacienda, Nicolás Dujovne, con el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin. El funcionario argentino reiteró el pedido oficial para que los envíos de acero y aluminio nacionales sean eximidos del pago de los aranceles establecidos por la administración de Donald Trump a comienzos de mes. La respuesta informada desde la delegación argentina fue ambigua: “Lo estamos considerando”, habría sido la respuesta de los estadounidenses. La medida involucra a Techint y Aluar.

Los aranceles del 25 por ciento para la importación de acero y del 10 por ciento para el ingreso de aluminio a Estados Unidos comenzarán a ser cobrados a partir de este viernes. Hasta ahora solo Canadá y México fueron excluidos de la medida que, según argumentó la Casa Blanca, apunta a “proteger la seguridad nacional” de su país. Dujovne no es el primero en solicitar la exención para las empresas argentinas. El puntapié inicial lo dio el presidente Mauricio Macri a comienzos de mes. El mandatario se comunicó con Trump para pedirle que las exportaciones por 770 millones de dólares anuales sean exceptuadas. El segundo turno llegó la semana pasada cuando el secretario de Comercio, Miguel Braun, viajó a Washington y elevó formalmente la solicitud a la Casa Blanca. La respuesta fue la misma que recibió Dujovne: “Lo estamos analizando”.

Fuera de la agenda oficial que guía las reuniones del G-20, Dujovne también mantuvo un encuentro con el jefe de la delegación española, Ramón Escolano. Con el flamante ministro de Economía ibérico el diálogo giró hacia la profundización del proceso de apertura comercial impulsado por las autoridades argentinas. España no es miembro del G-20 sino uno de los cinco países invitados a participar de las reuniones junto a Suiza, Holanda, Singapur y Chile. España es uno de los principales impulsores del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea.

Después del fallido cierre del tratado en diciembre, la fecha prevista para cerrar las negociaciones se corrió a marzo y ayer las autoridades del Palacio de Hacienda indicaron que el momento llegaría antes de finalizar el primer semestre. El acuerdo no solo fue cuestionado por las centrales sindicales de ambos bloques sino que, tres semanas atrás, registró un inédito cuestionamiento de las entidades industriales de Argentina y Brasil.

La sede del primer evento del G-20 es el Centro de Convenciones de la Ciudad de Buenos Aires. La construcción del predio emplazado al lado de la Facultad de Derecho de la UBA estuvo a cargo de la empresa Criba que también edificó la nueva sede del Gobierno porteño en Parque Patricios. El presupuesto inicial era de 313 millones de pesos pero la Ciudad terminó desembolsando 804 millones de pesos. La concesión quedó a cargo de un holding encabezado por IRSA. Allí continuará hoy el lobby para lograr la añorada firma del acuerdo de libre comercio cuando Dujovne se encuentre con su par francés, Bruno Le Maire. El tratado implica la gradual reducción a cero de los aranceles en prácticamente la totalidad de las posiciones del comercio entre los dos bloques.

A diferencia del gobierno español, las autoridades francesas son más reticentes a la firma. Pretenden continuar protegiendo al sector ganadero de su país y no están dispuestas a negociar una apertura del sector.


COMPARTIR