Obesidad: el tratamiento de los pacientes empieza con el entorno cercano

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En Argentina alrededor de 26 millones de personas tienen exceso de peso, de los cuales 11 millones sufren obesidad. Sin embargo, esas cifras no permiten ver que la obesidad es mucho más que un problema individual e involucra también al entorno cercano que los rodea. Madres, padres, abuelos/as y hermanos y parejas son testigos de las dificultades cotidianas que atraviesan las personas con obesidad para vivir una vida saludable.

El círculo de allegados -también los amigos y amigas- de una persona con obesidad conocen de primera mano el día a día de la enfermedad. Por ello, cumplen un rol fundamental a la hora de facilitar los cambios en la alimentación y acompañar el proceso. Si alrededor de 26 millones de personas padecen sobrepeso u obesidad, son alrededor de 26 millones de personas cercanas las que pueden ayudar a tratarla.

En primer lugar, pueden tomar consciencia sobre su propia alimentación y acompañar el cambio que la persona con obesidad necesita realizar. Esto no significa “no comer” o comer diferente al resto de la familia, porque eso puede generar sentimientos de incomodidad y culpa. Por el contrario, se trata de incorporar una alimentación saludable para todos los miembros y así generar un ambiente seguro evitando libre disponibilidad de alimentos poco saludables.

Los datos en este sentido son alarmantes para el país. Según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, en Argentina, algo tan fundamental en la alimentación como el consumo de frutas, disminuyó un 41%. El de hortalizas, un 21% en los últimos 20 años. Por su parte, el consumo de gaseosas y jugos en polvo se duplicó en el mismo período. Reemplazar estas bebidas por agua en forma progresiva es un buen primer paso.

Así también, los familiares pueden detectar comportamientos que la persona con obesidad no puede percibir, como por ejemplo, la apnea de sueño. Se trata de un trastorno del sueño, de alta prevalencia en esta población, caracterizado por una respiración irregular, ronquidos fuertes y despertares nocturnos con sensación de ahogo, entre otros factores. Según el Ministerio de Salud, este trastorno afecta a 1 de entre 3 y 5 personas en todo el mundo[2].

La atención de los convivientes -en la mayoría de los casos, el cónyuge- a estas conductas derivadas del sobrepeso pueden ser de gran ayuda para detectar a tiempo futuras complicaciones y emprender prácticas saludables.

En todo caso, es recomendable que las familias que reconozcan estos problemas en uno -o varios- de sus integrantes, puedan recurrir a profesionales que puedan darles pautas para una alimentación saludable y, en caso de que sea necesario, un diagnóstico y tratamiento adecuado que puede incluir tratamiento farmacológico.

La obesidad es una enfermedad crónica en la cual la conducta alimentaria no puede manejarse solamente con fuerza de voluntad. Por eso existen medicamentos aprobados para su tratamiento, como el recientemente comprimido que combina Naltrexona y Bupropión y que mejora el control de la ingesta actuando sobre la saciedad.

Sin embargo, a veces el círculo íntimo puede también convertirse en aliados negativos. Las dificultades típicas de una persona que vive con obesidad suelen generar problemas de convivencia en el hogar. Así, sus convivientes llegan marginarlos y estigmatizarlos, incluso inconscientemente. Gestos de desaprobación o comentarios acusatorios -”¿Así querés adelgazar?”- pueden profundizar los problemas y generar barreras emocionales difíciles de remover.

Por cada persona que padece obesidad en Argentina, hay una familia que tiene la posibilidad colaborar en el proceso de cambio y crear un ambiente seguro y positivo. Por su complejidad, la obesidad es una enfermedad tan individual como social, combinando componentes genéticos, biológicos y emocionales. En este sentido, el trabajo colectivo del grupo familiar puede resultar en un beneficio para todos sus integrantes y así emprender juntos el camino de una alimentación saludable.

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