XXV DOMINGO DURANTE EL AÑO Ciclo A (20/09/2020)

Is 55, 6-9; Sal 144, 2-3. 8-9. 17-18; Fil 1, 20b-26; Mt. 19, 30-20, 16


  • La propuesta de Dios, una referencia primordial

No podemos dejar de valorar el gran avance de la ciencia en los últimos 150 años, y cómo ha contribuido para una mejor calidad de vida y un desenvolvimiento más autónomo de la persona; si bien hay que decir que, lamentablemente, no todos pueden aprovechar los progresos como consecuencia de las inequidades presentes en el mundo. También es cierto, ese saber fue construyendo un mundo prescindiendo de la inspiración de Dios, donde el hombre pretende desde hace mucho tiempo, gobernarse por sus propias ideas y determinaciones, no escuchando a Aquel que fuente de verdad, bondad, razón y justicia. Basta mirar nuestra realidad para darnos cuenta de ese vacío de sabiduría, que deja sin una orientación clara hacia un futuro previsible.

El texto del profeta Isaías nos lleva a reflexionar sobre la importancia del mensaje de Dios y el desconocimiento del mismo en los emprendimientos humanos; nos expresa: Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes”. Cada vez más nos damos cuenta, que Dios tiene mucho para enseñarnos al proyectar y organizar nuestra vida, porque tiene otro modo de guiar, animar y vincular a las personas y los grupos, porque sabe conducir por caminos más seguros y llenos de realización. Hoy necesitamos darle mayor espacio en nuestra sociedad y en el mundo, como inspirador y protagonista principal de las iniciativas que tengamos. Como les decía el domingo pasado, basta percibir la fragmentación social para darnos cuenta de esa necesidad de la presencia de Dios, como animador en la marcha del mundo y sus actividades.

El Evangelio de hoy nos presenta unos de los criterios de Dios, para acompañar la vida de los hombres. Su primer anhelo es dar oportunidades a todos, valorando el esfuerzo y la colaboración personal. En relación a esto, nos dice el texto: “Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: ‘Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo’”. No piensa sólo en el grupo de los más adelantados e ilustrados, sino también, en los que van más lento y tienen menos posibilidades de procurar por sí mismos; es por eso que necesitan de alguien que tenga un corazón bueno y generoso para que les den una mano; el mismo texto expresa al final ese sentimiento: “¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?”.

Lamentablemente, hoy quedan muchos sin poder acceder a bienes necesarios para un desarrollo integral, como se expresa en el pasaje siguiente: Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida (…). Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera (...)” (Evangelii Gaudium).

Lo expresado en el texto es un pensamiento distinto al de Dios, es la “ley del más fuerte”, del que más poder o dinero, y no piensa ni siente que podría contribuir para ayudar a otros a encontrar una salida para su difícil situación. ¡No debe ser así!, los que compartimos la vida social tenemos que ir más allá de lo estrictamente económico, lo contractual, la justicia sin misericordia, y a estar dispuestos a promover a los demás. En definitiva, tenemos que acercarnos al modo como Dios aspira que administremos nuestras cosas.

¿Qué decisiones deberíamos tomar para que las ideas de Dios inspiren más nuestra dinámica personal y social?, ¿cuáles son los mayores obstáculos para que eso se dé en la realidad cercana y mundial?

  • Un nuevo estilo para una “nueva normalidad”

Desde hace unos meses escuchamos que queremos salir de esta pandemia siendo mejores, y transitar la “nueva normalidad” de un modo renovado; para esto, necesitamos hacer autocrítica de lo que hicimos hasta hoy y dejarnos inspirar por ideas y actitudes que promuevan integralmente a la persona y ayuden al desarrollo de los pueblos y al cuidado de la creación. Para esto, Dios tiene mucho que decirnos, porque su sabiduría no viene a obstaculizar la marcha de la humanidad; el Salmo de hoy nos invita tener confianza en Él: El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones; está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad”. De esto, debemos nutrirnos los seres humanos para generar una sociedad nueva, porque la experiencia de la bondad y la cercanía de Dios es fuente generadora de una cultura que tiene apertura al otro, para promoverlo a una vida mejor y no abandonarlo a su suerte. ¡Sólo la experiencia con un Dios bueno, promoverá un ser humano más compasivo con los demás!

Otro aspecto importante que debe guiar este nuevo tiempo, es la conexión con todos los seres creados, “restaurando” todo el daño que le hemos causado a nuestra Casa Común. Es por eso que pedimos a Dios: “Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita. Gracias porque estás con nosotros todos los días. Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz”. Si no hacemos algo para cuidar nuestro medio ambiente, la vida en el planeta estará comprometida en pocos años más.

¡Qué tengamos apertura a Dios, para encarar con entusiasmo lo que va a venir!

                                                                                               Presbítero Alberto Fogar


COMPARTIR