III DOMINGO DURANTE EL AÑO Ciclo B (24/01/21)

Domingo de la Palabra de Dios

Jon 3, 1-5. 10; Sal 24, 4-5b. 6. 7b-9; 1-Cor 7, 29-31; Mc 1, 14-20


  1. Del diálogo cotidiano al anuncio de la Buena Noticia

El fin de semana pasado, les hablaba de la importancia que han cobrado los medios virtuales en la comunicación con los demás. Esto repercute en el vínculo presencial con las otras personas, porque en muchas situaciones lo reemplaza y le quita la riqueza que tiene este tipo encuentro. 

De todas maneras, es justo reconocer la enorme importancia y utilidad que tienen los medios tecnológicos para lograr una beneficiosa comunicación con los seres queridos y con otras personas, como tuvimos la oportunidad de hacerlo en la misión parroquial de octubre pasado y en tantas reuniones que se realizaron por medio de distintas aplicaciones y plataformas.

Si bien tenemos una consideración muy positiva de estos cambios, no podemos dejar de decir que son medios para fomentar el encuentro presencial, como lo hacía Jesús. En relación a esto, el Evangelio de hoy nos expresa: “Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea.

Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: ‘El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia’”. Todo comienza a ser distinto a partir de la presencia directa de Jesús con la gente de ese lugar, donde no perdía oportunidad para anunciar su mensaje.

También nosotros, estamos convocados a sumarnos a esa tarea, con la presencia y el mensaje, dos aspectos que exponen lo que significa un compromiso auténtico; por un lado, una palabra que ayude a mejorar la experiencia vital y, por otro, nuestra presencia para acompañar, sobre todo, a aquellos más frágiles y desposeídos.

Para que podamos integrar lo presencial y lo virtual, ¿cómo tendríamos que usar los medios tecnológicos para que nos ayuden a promover el encuentro presencial, tan importante en la experiencia evangelizadora y social?

Para apreciar más este tipo encuentro, se propone que sea “siempre respetuoso y amable; el primer momento es un diálogo personal, donde la otra persona se expresa y comparte sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón.

Sólo después de esta conversación es posible presentarle la Palabra, sea con la lectura de algún versículo o de un modo narrativo, pero siempre recordando el anuncio fundamental: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad.

Es el anuncio que se comparte con una actitud humilde y testimonial de quien siempre sabe aprender, con la conciencia de que ese mensaje es tan rico y tan profundo que siempre nos supera (…)” (Evangelii Gaudium, 128). ¡Cuánto podemos ayudar con el vínculo personal! Cuando establecemos un clima de confianza y tenemos una escucha atenta, podemos conocer los intereses, las preocupaciones, los sueños de las personas con quienes hablamos.

Estos aspectos son actitudes muy necesarias para ayudar de un modo atinado y paciente. De este modo, el anuncio de la Palabra se adapta, ilumina y conforta de la mejor manera a toda persona, porque evangelizar no es imponer una verdad, sino proponer un camino de fe que lleva a la realización y a un estilo que da sentido a la existencia. En el fondo, es un caminar con otros, donde juntos vamos descubriendo lo que Dios nos dice a cada uno.

¿Somos generosos con nuestro tiempo y dedicación para el encuentro personal con los demás, y para discernir juntos el paso de Dios en la vida de cada uno?

2. Lo primero: “tocar el corazón”

El anuncio de la Buena Noticia, como bien lo percibimos en los textos de hoy, tiene el cometido principal de “tocar el corazón” del hombre y disponerlo a la conversión, o sea, provocar cambios positivos con la ayuda de Dios. Sin esta experiencia, sería una simple información o una mera incorporación de conocimientos.

En cambio, Jesús anhela que seamos mejores, lo dice claramente: “Conviértanse y crean en la Buena Noticia”. Él busca que nos motivemos para un cambio y una transformación que no sea solamente externa, sino desde lo más profundo de nuestro interior y alcance a todas las dimensiones que necesitan renovarse.

Una de las plegarias eucarísticas que se propone para rezar en la misa, nos motiva a dar ese paso de “conversión”. La misma, expresa que Dios no deja de alentarnos a una vida más plena, ofrece siempre su atención paternal e invita a todos a confiar en su misericordia.

Además, explica que Dios se ha unido tan estrechamente a la familia humana con el vínculo de amor manifestado en Jesús, y ya nada nos podrá separar.

Esto nos motiva a tener apertura para escuchar su Palabra, de tal modo que provoque cambios auténticos en nosotros y sintamos como esa renovación nos dinamiza con más fuerza. Por eso, también nos sentimos animados y fortalecidos para presentar a otros esta propuesta y hacerlo con convicción y valentía.

Podríamos pensar cómo tienen que manifestarse comunitariamente esos cambios positivos. Se tiene que notar en el esfuerzo solidario para auxiliar a los enfermos y desposeídos, en las responsabilidades que debemos asumir en nuestras familias, en la honestidad y transparencia con que tenemos que asumir los compromisos laborales, en la participación activa comunitaria, en el rol que debemos cumplir como dirigente social. Porque no alcanzan los cambios individuales y demasiados intimistas, se tienen que notar en la sociedad.

En este domingo dedicado a la Palabra, pidamos a Dios que tengamos apertura al mensaje recibido y que el mismo provoque los cambios que esperamos.

Presbítero Alberto Fogar

                                                                                            Párroco Iglesia Catedral

                                                                                                      (Resistencia)


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