No matemos al mensajero

10 de febrero 2026

La semana dejó dos señales fuertes. Se firmó el “Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíprocos” entre Argentina y Estados Unidos y el Gobierno frenó la publicación del nuevo IPC del INDEC, en una secuencia que terminó con la renuncia de Marco Lavagna. Son temas distintos. El primero cambia reglas de juego para sectores productivos. El segundo pegó en el centro de la agenda pública, porque toca un activo que en Argentina vale oro: la confianza en los números.

En el acuerdo con EE.UU. el impacto no está en la foto sino en la letra chica. Del lado estadounidense, el anuncio más concreto es el recorte de aranceles recíprocos para 1.675 productos argentinos, junto con una ampliación del acceso preferencial para carne bovina y el compromiso de revisar los aranceles al acero y al aluminio.

En paralelo, ordena el esquema de “arancel adicional”: para parte de los bienes lo elimina, para ciertos agrícolas fija tasa recíproca cero y para el resto pone un techo del adicional (máximo 10%), por encima del arancel “Nación Menos favorecida”.

Del lado argentino, los compromisos son más operativos y, por eso, más tangibles en el día a día de la competencia. Argentina se obliga a eliminar licencias o volverlas automáticas para bienes originarios de EE.UU., y a aceptar estándares, regulaciones técnicas y procedimientos de conformidad estadounidenses sin requerimientos adicionales.

Además, incorpora cupos arancelarios administrados. En el anexo aparecen ejemplos concretos de esos cupos para importaciones desde EE.UU.: carne (hasta 80.000 toneladas), quesos (1.000 toneladas), además algunos agroindustriales y alimentos procesados como almendras, papas procesadas, vino, y también automóviles (10.000).

El punto definitorio es la reversibilidad. El acuerdo puede terminarse con seis meses de preaviso y permite reimponer aranceles por “seguridad” económica o nacional, una herramienta típica de Trump. Con ese margen, luce más como un compromiso administrado de importaciones que como un acuerdo estructural.

Ahora bien, lo que “copó” los diarios de la semana fue lo sucedido con el INDEC. ¿Qué pasó?

Estaba previsto actualizar la metodología del IPC, pasando de una canasta basada en 2004 a otra basada en la Encuesta Nacional de Gastos 2017-2018. El IPC se construye a partir de esa encuesta, que determina cuánto pesa cada rubro según el gasto de los hogares. En una economía donde los servicios pesan más, la actualización tiende restarle peso a los bienes, especialmente alimentos.

El problema no fue la discusión técnica. Fue frenar la publicación a último momento y convertirla en un evento político. El costo es institucional; y podría tener implicancias severas, ya que ordena contratos e indexación. Jubilaciones, bonos CER y decisiones de precios dependen de ese número. Hacia atrás cambia acumulados y, por lo tanto, la película de la economía. Con el cambio, los salarios y jubilaciones quedaron muy atrás de la inflación Y hacia adelante, pone en dudas la desinflación.

El gráfico de la semana muestra dónde estaba la tensión. En 2025 la diferencia promedio mensual era mínima, 2,3% con el índice vigente versus 2,4% con el nuevo. Pero en el primer trimestre de 2026 la brecha se agranda cuando se esperan ajustes de tarifas. En febrero, 3,0% contra 3,4%. En marzo, 2,5% contra 3,4%. No hace falta especular demasiado para entender el incentivo a frenarlo.

A nuestro parecer fue un error no forzado. No por el número en sí, sino por el precedente. El Gobierno le dio argumentos a la oposición para que deslegitime su principal activo.

SECCIÓN NACIONAL

PODRÍA HABER SIDO MUCHO PEOR

Con un viento de frente desde el contexto internacional, la semana para los activos locales no fue mala. En un escenario de apreciación global del dólar y mayor aversión al riesgo, el BCRA no sólo compró reservas, sino que incluso aceleró el ritmo, sin que el tipo de cambio oficial mostrara señales claras de presión. No es un dato menor.

Claro que el resultado no fue gratuito. Hubo algunos “trucos” en el camino. El jueves, el Gobierno habría vuelto a vender futuros por un monto cercano a USD 200 millones; en la misma línea, el lunes se operaron más de USD 120 millones de la letra dólar-linked con vencimiento en febrero, un volumen inusual que sugiere que también se ofreció cobertura por esa vía. Aun así, la semana cerró con compras netas cercanas a USD 300 millones, lo que le da entidad al balance cambiario.

En el plano monetario, el BCRA también pareció relajar en el margen la situación de liquidez. Hacia el final de la semana se conoció una flexibilización de los encajes. El resultado fue visible: la tasa de caución se estabilizó en torno a 25/28% durante buena parte de la semana, con algunos días incluso por debajo del 20%, un nivel difícil de imaginar pocas ruedas atrás.

La gran estrella de las curvas locales fueron los bonos CER, que comprimieron fuerte sus rendimientos empujados por una recalibración al alza en las expectativas de inflación. Resulta interesante que todo el ruido institucional alrededor del INDEC no haya tenido un impacto negativo en esa curva. La salida de Lavagna, tras la decisión de postergar el cambio de canasta, podría haber generado una reacción lógica de los bonos ajustando a la baja, bajo la presunción de un sendero de inflación “más bajo” en términos esta- dísticos. Sin embargo, ocurrió lo contrario. La clave estuvo en el mensaje del propio Caputo, al señalar que la inflación de enero estaría “cerca de la de diciembre”, es decir, alrededor de 2,8%, un número por encima de lo que se esperaba.

En esa línea, se movieron las expectativas de los analistas de REM, que vinieron con ajustes al alza tras el dato de 2,8% de diciembre. La curva de tasa fija, como era de esperar, pagó el costo.

Los bonos en dólares sí mostraron algo más de debilidad y el riesgo país volvió a empezar con 5. Es razonable: en esa curva el contexto internacional pega más de lleno. De todos modos, el movimiento estuvo lejos de ser dramático. El golpe podría haber sido mayor de no mediar el estrés en el mercado de deuda privada estadounidense, que estaría empujando a ciertos inversores a volver —por razones de liquidez— al universo de deuda emergente de alto rendimiento. El Merval no se salvó y fue el activo más castigado de la semana.

La pregunta que queda abierta hacia adelante es qué fuerza terminará predominando: la calma del mercado de pesos y del frente cambiario local, o un contexto global que empezó a darse vuelta tras la confirmación del nuevo presidente de la Fed y que esta semana volvió a tensarse con el nerviosismo en torno a las “Siete Magníficas”

Mientras esa tensión se resuelve, la misión del FMI aterriza en la Argentina y el Congreso sigue sesionando en extraordinarias. El equilibrio, una vez más, no será solo económico, sino también político y de timing.

LA ACTIVIDAD EMPIEZA A MOSTRAR SIGNOS DE VIDA

La película de 2025 es conocida: la actividad estuvo estancada, con meses de rebote y meses de retroceso, pero con un balance que dejó poco para mostrar. No fue solo un fenómeno preelectoral. También pesó la volatilidad financiera de comienzos de año, antes de que el acuerdo con el FMI ordenara expectativas. La pregunta, entonces, es con qué tono empezó 2026.

Para seguir esa dinámica, usamos nuestro índice de difusión de la actividad económica (IDAE). Tomamos 22 indicadores de actividad, algunos directos y otros indirectos, y medimos cuántos muestran mejora en la comparación mensual. Con esa lógica, el cierre de 2025 y el arranque de 2026 se ubican del lado positivo. La mayoría de las señales disponibles vienen acompañando.

Enero todavía está incompleto en términos de publicación, pero ya hay datos que ayudan a leer el mes. La recaudación muestra un IVA en alza del 5,1% y los aportes vinculados a la seguridad social, muy atados a empleo y salarios, con una suba del 1,1%. En paralelo, los despachos de cemento crecieron 4,3%, aunque el Índice Construya, que releva ventas de insumos del sector, cayó cerca de 11% contra diciembre. La construcción sigue sin tracción pareja. Del lado industrial, la demanda de energía asociada a la producción subió 1,6% en enero. Y el crédito al consumo empieza a moverse, con préstamos personales que volvieron a crecer, aunque sea marginalmente, 0,2% después de varias caídas. Con los 12 indicadores ya publicados, el 58% está en terreno positivo.

Yendo un paso hacia atrás, esta semana se conocieron los datos oficiales de industria y construcción para el cierre del año pasado y la película nos genera preocupación.

Contra 2023, la industria está alrededor de un 12% por debajo, y la construcción, aun creciendo 3,8% en diciembre vs noviembre, cerca de un 24% por debajo. Eso condiciona el arranque de 2026, en especial por el impacto en empleo.

El mal presente de ambos sectores responde a drivers diferenciales. En la industria pesa la presión importadora, con márgenes más ajustados y un proceso de ajuste de dotaciones en varios rubros. Todos sabemos que el proceso de apertura traerá consecuencias de corto plazo, pero no vemos al Ejecutivo pensando en qué hacer con esta masa de trabajadores.

En la construcción, el golpe posterior a la devaluación de fines de 2023 fue profundo y la recuperación quedó corta. El costo de construir en dólares bajó con el ajuste reciente, pero sigue alto. Está de más decir que, sin la obra pública como palanca, el sector queda atado al ritmo de la inversión privada.

Como advertimos a nuestros clientes hace tiempo, el (des)empleo podría transformarse en el peor dolor de cabeza en este 2026.

SECCIÓN MUNDO

EL MERCADO PONE EN DUDA LA INVERSIÓN EN IA

Fue una semana mala para los inversores globales. Se cruzaron tres fuerzas con mala sincronía: el nerviosismo por las apuestas de inversión de las grandes tecnológicas, el ruido todavía no digerido por la nominación de Kevin Warsh y datos de actividad en Estados Unidos más firmes de lo esperado, que complican la idea de bajas de tasas en el corto plazo.

El foco estuvo en la floja performance de las “Siete Magníficas”. Alphabet y Amazon publicaron resultados con números operativos buenos, pero el mercado duda de los planes de inversión.

En el caso de Alphabet, los ingresos del trimestre fueron USD 113.800 M (+13% i.a.). Search creció 17% (su mayor expansión en casi cuatro años) y Google Cloud aceleró a 48% i.a. La cartera de contratos de cloud trepó a USD 240.000 M, duplicándose en un año. Aun así, lo que movió el precio fue el capex: Alphabet proyectó para 2026 unos USD 185.000 M, muy por encima de lo esperado (USD 110.000–130.000 M). Está dispuesta a tensar el flujo de caja al máximo.

Amazon mostró algo parecido. AWS facturó USD 35.600 M (+24% interanual), pero el anuncio de inversión eclipsó el resto: capex 2026 cercano a USD 200.000 M vs consenso de USD 145.000 M. La acción llegó a caer más de 11%. El mensaje de fondo es la desconfianza creciente en proyectos de IA que todavía no muestran retornos proporcionales al capital comprometido, con el riesgo adicional de obsolescencia rápida.

La presión se extendió al resto del ecosistema tecnológico. Varias compañías siguen bajo presión por el impacto potencial de la IA sobre sus modelos de negocio, y nombres como Adobe, Salesforce o incluso Microsoft ya acumulan caídas cercanas al 20% en lo que va del año.

El golpe no fue parejo. Sectores defensivos como consumo masivo y salud resistieron mejor. El S&P 500 cerró la semana -0,2%, mientras que el Nasdaq cayó -2,0%. En paralelo, las compañías de infraestructura de IA (Broadcom, Nvidia, TSM) se mantuvieron firmes, beneficiadas justamente por el mayor gasto de capital.

En el otro extremo, las criptomonedas profundizaron la corrección: el bitcoin tocó USD 62.000, cerca de 40% debajo de su máximo de hace menos de un mes.

En el plano de la macro, la actividad en Estados Unidos siguió fírme. El ISM manufacturero de enero saltó a 52,6, muy por encima del consenso de 48,5, con inventarios en mínimos desde mediados de 2022. El ISM de servicios marcó 53,8. El componente de precios pagados subió a 66,6, señal de presiones inflacionarias latentes.

La inflación mayorista (PPI “core”) de diciembre se ubicó en 3,3% i.a., contra un consenso de 2,9%. Con este combo, la lectura general es que la actividad no afloja y la inflación se muestra más persistente, lo que no justificaría recortes rápidos de tasas por parte de la FED.

La nominación de Warsh suma a ese marco. Su perfil más duro refuerza la idea de tasas altas por más tiempo, y el dólar volvió a apreciarse. En ese contexto, los activos emergentes quedaron rezagados y se cortó una racha positiva que venían mostrando desde el año pasado.

La pregunta que queda es si esto es una pausa táctica dentro de un rally aún vigente, o el inicio de un cambio de régimen. Por ahora, el mercado eligió la cautela, y cuando aparece de golpe suele ser porque el margen de error se achicó.

Fuente: Dinámica | Economía y Estrategia
Consultora dedicada al análisis económico y asesoramiento en gestión de PyMEs

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