Juan Eduardo Zúñiga tiene 37 años y nació sin el desarrollo completo de sus brazos, pero esto no fue impedimento para siempre querer superarse. Acompañado por su familia cursó todos sus estudios. Hoy es papá de dos niños y da clases como profesor particular en un aula que construyó en su casa, su sueño es dar clases en una escuela.

Eduardo, Yayo, como lo conocen en Orán, Salta, es un joven optimista ante la vida, ya que él sabe lo que es valorarla y darle sentido. Hijo único, llegó a este mundo sin el completo desarrollo de sus brazos, pero lejos de quedarse atrás, su familia siempre lo incentivó y superaron todas las trabas que se le presentaron para iniciar la educación formal.

Yayo es, sin dudas, un gran hombre. Nació en Orán el 26 diciembre de 1980 en el seno de una modesta familia. Sus padres Víctor Zúñiga y Ramona Quiroz tuvieron que enfrentar, en plenos festejos navideños, un momento muy duro al enterarse de que su hijo no tenía brazos.

Eduardo tuvo una infancia feliz. Sus padres lo educaron como una persona normal y nunca lo trataron como a alguien que tenía una discapacidad. Esto fue fundamental para fortalecer su autoestima cuando era pequeño.

Con el tiempo llegó el momento de ir a la escuela, pero los directivos del establecimiento Güemes, de Orán, le sugirieron a los padres de Eduardo que lo inscribiesen en una escuela especial, al suponer que su discapacidad física venía de la mano de algún impedimento mental.

Pero los padres del joven confiaban plenamente en él e insistieron tanto para que lo acepten en la escuela. Finalmente, las autoridades lo sometieron a una evaluación que no solo contemplaba contenidos académicos

"Cuando quise entrar a la escuela me pusieron trabas por el tema de mi discapacidad, pero mi tema era mi discapacidad de los brazos, mentalmente estaba bien", describió.

Recuerda que él solo tomaba sus clases, en un principio con algo de ayuda de sus maestras y sus padres. "Yo solo tomaba las clases, empecé a agarrar el lápiz, empecé a familiarizarme con el lápiz y empecé a escribir, obviamente primero con ayuda de mi maestra de jardín, mis padres y de la psicopedagoga Marta Bonillo".

Y este año llegó uno de los logros más ansiados, su título como profesor de Matemáticas y Física, el cual obtuvo en el Instituto Terciario de Yrigoyen, donde como toda la vida, recibió apoyo de grandes personas.

Contó que hace 10 años comenzó Ciencias Económicas en la UNSa pero debió abandonarlos por razones personales y se dedicó a trabajar.

Más tarde decidió retomar los estudios y a fines de noviembre llegó este título tan esperado.

Su deseo es en breve poder estar frente a alguna aula y en contacto con los chicos, que por el momento recibe en su domicilio preparándolos para rendir en el colegio o para ser parte de las fuerzas, ya sea en Matemáticas y Física.

Luchar por los sueños

"Nunca pienso en lo que no tengo, Dios y la Virgen están siempre conmigo, no puedo pedir nada más", remarca.

Eduardo encontró el amor en Sara Cerrizuela, una joven de Pichanal que convive con él hace más de nueve años y con quien tuvo dos hijos: Joaquín, de 10 años y la pequeña Guadalupe, de 5 años: "Mis hijos son los brazos que no tengo", asegura. EL TRIBUNO