Aproximadamente cuarenta mujeres con condena, algunas con cadena perpetua, fueron visitadas por un grupo de mujeres cristianas que decidieron invertir su tiempo en ayudarlas.

La mayoría de las mujeres condenadas, que no pasan los treinta años de vida, fueron asistidas espiritualmente.

La penitenciaría brindó un salón donde se pudo compartir con ellas  por más de una hora.

Estas mujeres cristianas lograron conseguir la autorización para visitarlas todos los sábados por la mañana para mantener mayor contacto con ellas y acompañarlas.

El objetivo de esta movida es  llevar un mensaje de esperanza y lograr que la mayoría de ellas puedan encontrar paz y logren reinsertarse socialmente luego de cumplir su condena.

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