Maradona es mi viejo

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Por Pablo Mujica

La vida es una construcción de recuerdos y sensaciones, no es un misterio. Pero quizás los momentos que nos marcan son aquellos que nos duelen y aquellos que quedan sellados en la temprana infancia. De adultos caemos en la cuenta de la huella que dejaron ciertas imágenes en nuestra cabeza y en nuestra historia.

En 1986 yo tenía 7 años y por culpa de Titanes en el Ring en una casa de tres varones…nos quedamos sin tele.

Así que los partidos de la selección en el mundial se miraban en lo de mi abuela Pacita y aquel 22 de junio, en aquella histórica jornada de Argentina-Inglaterra estábamos los tres, con mi viejo, sentados frente al Philips Trendset.

Llegó la “Mano de Dios” y lo gritamos todos, pero sobre todo observamos a nuestro papá contento. Nosotros, desde la felicidad del niño. Él, entendiendo de qué se trataba lo que estábamos mirando. La picardía de romper las reglas del juego ante un rival que tanto había significado en la historia argentina reciente.

Todavía no nos volvíamos a sentar cuando llegó el mejor gol de los mundiales, y mientras el “barrilete cósmico” se abrazaba con todo el país, yo vi llorar a mi padre por primera vez.

Hoy, a 34 años,  ese día está anclado en mi memoria emotiva cada vez que tengo que pensar cuales son las cosas que compartí con mi papá de chico.

Paradojas de los pedestales, mientras ese humano se convertía en superhéroe, mi superhéroe se convertía en humano.

Por eso, para mí, Maradona es mi viejo.

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