María Gómez es la Jefa de Bomberos Voluntarios del Departamento San Fernando y es muy probable que en este momento no esté leyendo esta nota. Quizás lo haga en otro día cuando le alcancen el diario o se lo muestren desde una pantalla, pero no precisamente este sábado ni domingo, porque le toca trabajar.

Asegura que trabaja 24 por 24 horas y no es broma. No puede parar de hacerlo a pesar de que sus hijos suelen reclamarle mayor tiempo en casa. De hecho querían agasajarla con un asado para el Día de la Madre pero el Encuentro Nacional de Mujeres hizo que tenga que estar de guardia ante cualquier eventualidad.

La vida de María nunca fue fácil y no lo es ahora, porque como si fuera poco se tuvo que enfrentar al mundo laboral machista que la discriminó y de vez en cuando lo sigue haciendo, porque reconoce que no muchos aceptan que una mujer les dé ordenes o tenga un cargo como el de ella.

Pero su historia, que estuvo signada desde un principio por la violencia que tuvo que soportar en su familia, a lo que se le sumó la pobreza, tiene las características de la superación, debido a que no solamente buscó un mejor lugar para ella, sino también para sus hijos e insiste en cambiar desde lo cotidiano para seguir dándole nuevas esperanzas a este mundo.

“Yo vengo de una familia donde mi mamá siempre fue muy voluntaria. Trabajó con la gente desnutrida de Castelli. Hubo casos horribles que nosotros siempre veíamos y creo que esto se dio por el hecho del gran sufrimiento que tuvimos nosotros siendo muy chicos, donde sufrimos muchísimas cosas”, asegura.  Son 11 hermanos en total, que tuvieron que soportar hechos de violencia de su padre para con ellos y para con su madre. “El hecho de haber pasado hambre, pasado frío, situaciones que ninguna criatura, ningún ser humano está bueno que pase, creo que hace a la solidaridad que hoy toda la familia tiene. Mamá nos inculcó el respeto por la vida y por las personas” destaca.

Ella se crió en Resistencia y asevera que trató de revertir desde siempre las situaciones de injusticia, violencia y pobreza, junto con todos sus hermanos a lo largo de sus vidas. “A los 11 empecé a trabajar para mantener a mis hermanitos y para ayudar a mi mamá, porque a mis hermanos más chiquitos los tenía con desnutrición de segundo y tercer grado” lamentó.

Pero justamente el hecho de “sentir el dolor en carne propia”, es lo que cree que la hizo ser solidaria, porque “te hace enfocar tu mirada en otras cosas”.

“Para mí no tiene sentido la parte material, lo monetario, porque si no tenés vida, no tenés nada. Hay que aprender a valorar la vida, a darle la mano a  la gente que realmente necesita porque si hay personas que somos voluntarios, quizás nadie se preguntó por qué, pero es porque tenemos un pasado doloroso y no queremos que pasen el dolor que nosotros pasamos” asegura.

Si bien hace apenas 6 años que trabaja como Bombera, “toda mi vida trabajé”  y “desde muy jovencita fui mamá”. Cansada de la violencia familiar, huyó de su casa a los 16 años buscando otro destino, otra realidad que la pudiera dar nuevas chances en la vida, pero lamentablemente cuando pensó que había formado una nueva y distinta familia, el horror la volvió a someter. “Con el tiempo tuve que separarme por una violencia extrema por parte del papá de mis hijos. A mí me mandó a terapia intensiva y a uno de mis hijos, estuvo ahí de mandarlo a terapia intermedia, pero lo dejó internado”.

“Fue ahí cuando dije basta y me dediqué a criar sola a mis cuatro hijos, cuando me divorcié, el menor tenía 1 año y ocho meses y el mayor tenía 9 años. Muchas veces les dije a ellos, que no saben la cantidad de veces que me sentaba y lloraba en la plaza porque no tenía para darles de comer y no sabía cómo volver a mi casa y decirles que no había para el pan”, recuerda entre sensibles lágrimas que salen de sus ojos.

“Y así como eso tantas otras cosas. Es difícil criar cuatro hijos sola y con todos los valores e inculcarle el respeto”.

Dar la vida hasta por un perro

Su profesión no es menos dura que la vida que le tocó, porque diariamente tiene que ponerle el pecho a situaciones extremas: desde adolescentes que se suicidan, bebés muertos, accidentados, etc. A lo que le agrega el riesgo mismo que implica ser bombero voluntario.

Según recordó, cuando se produjo el incendio en el barrio San Cayetano, alguien gritó que dentro de la segunda casa que ya estaba en llamas, había una persona discapacitada atrapada y ellos tuvieron que entrar “tirados al piso”, mirando hacia el techo viendo “como un rulo de fuego de las llamas”.

“Ingresamos y buscamos en las habitaciones y cuando hicimos todo el perimetraje del lugar y no lo encontramos, salimos y notamos que el techo se estaba cayendo. A salir, nos dijeron que la persona ya estaba afuera”.

Su labor de rescatista la llevó también a arriesgar la vida por un perro que se encontraba en una laguna. Ella lo considera, de hecho, su mayor salvataje y también “uno de los más jodidos”. El animal se encontraba a unos 50 o 60 metros hacia dentro de una laguna con camalotes. “Yo ingresé con dos tarimas: tiraba una adelante, saltaba sobre esa, me daba vuelta, tiraba hacia adelante la otra y así avanzaba. Tenía también una cuerda de vida para que mis compañeros, si se llegaba a hundir la tarima, me tiren y me saquen”, explicó.

Ella se quedó sin la cuerda de salvataje porque se la ató al perro para que lo puedan sacar, por lo que “si me hundía, me hundía”.

Su regreso se complicó porque “se me puso de punta la tarima y empezó a hundirme”. Fue allí que tuvo que calmarse de inmediato, no ponerse nerviosa y “empezar a escalar en el agua la tarima para no hundirme”. Luego se tiró hacia la tarima que estaba detrás porque de lo contrario terminaba en el agua.

“El animal hacía tres días que estaba en ese lugar. Lo sacaron todo duro, acalambrado, pero lo sacamos con vida” sentenció.

María reclama que no son muchas las mujeres bomberas voluntarias, pero más cuestiona la discriminación por parte de los hombres que opinan que “la mujer no sirve para ese tipo de cosas, que no toman en cuenta las observaciones que podemos llegar a hacer, no toman en cuenta algún pedido que uno hace dentro de un servicio”.

“No descanso. Estoy acostumbrada a la actividad, no me puedo quedar quieta. Llego a casa y sí o sí hay hay algo que hacer, que lavar y limpiar”.

La Jefa de los Bomberos Voluntarios trata de inculcarles muchos valores a sus hijos. “Respeto, que nunca tengan de menos a nadie, porque nadie es menos que nadie, todos somos importantes de alguna u otra manera; el amor a la vida; la tolerancia, porque tienen que aprender que esta sociedad es muy violenta y si no hay tolerancia pueden perderlo todo; responsabilidad y el amor hacia la vida”, asegura.

“Quiero mandarle un saludo a todas las mamás, decirles que desde el lugarcito donde están son muy importante para todos. La mujer no es menos que nadie. Todas son generadoras de vida. Creo que la mujer es el manantial más importante que existe para que la vida pueda ser percibida y hay que cuidarla como lo más valioso del mundo, porque es un ser que genera vida”, finalizó.

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