El Chaco ha atravesado ciclos económicos complejos. Fue el algodón, entre los siglos XIX
y XX, el que modeló su estructura productiva y organizó su tejido social. Pero cuando
ese impulso comenzó a declinar, la provincia no quedó vacía de sentido. Supo
transformarse.
Desde mediados del siglo XX, el arte empezó a consolidarse como uno de los rasgos más
distintivos del Chaco. No fue un fenómeno aislado ni espontáneo: fue el resultado de un
entramado de artistas, docentes, instituciones y espacios culturales que comprendieron
que la identidad también se construye desde la creación.
Poco tiempo después de la fundación de la Universidad Nacional del Nordeste, surgieron
ámbitos formativos que marcaron una etapa decisiva. El Taller de Artes Visuales (TAV–
UNNE), activo desde mediados de los años sesenta, generó un espacio de formación que
no se limitó al método académico tradicional, sino que promovió una búsqueda artística
abierta, reflexiva y comprometida.
Desde 1965 y hasta su fallecimiento en 2011, Oscar Sánchez Kelly dedicó su vida a la
enseñanza de pintura, dibujo y grabado, junto a artistas como su mentor D. Carlos
Schenone, Rodolfo Schenone, Eddie Torre y Susana Geraldi, entre otros. Más que
transmitir técnica, formaron sensibilidad y pensamiento visual en generaciones de
creadores. En paralelo, la Academia de Bellas Artes y otras instituciones consolidaron
trayectorias profesionales, mientras que la actual Facultad de Arte, Diseño y Ciencias de
la Cultura-UNNE- continúa formando licenciados, docentes y gestores culturales que
sostienen el dinamismo artístico de la región.
Espacios emblemáticos como El Fogón de los Arrieros impulsaron el muralismo y
promovieron el diálogo entre arte y comunidad. Las exposiciones, los encuentros
culturales y la actividad constante de artistas locales fueron configurando una escena
sostenida en el tiempo. Décadas después, esa construcción colectiva se proyectó
internacionalmente a través de la Bienal Internacional de Escultura y más reciente, la
Feria Internacional A 362, consolidando una identidad cultural reconocida dentro y fuera
de la provincia.
Resistencia convive hoy con más de seiscientas esculturas a cielo abierto. La ciudad no
es museo por casualidad: es el resultado de una decisión cultural persistente. El arte
dejó de ser excepción para convertirse en distintivo.
En ese proceso, la obra pública de Oscar Sánchez Kelly ocupa un lugar significativo. Los
murales “Chaco”, “Algodón” y “La Cosecha”, realizados en 1986 en el ámbito industrial
de Puerto Tirol, no representan únicamente el pasado productivo. Encarnan el espíritu
de una provincia que transformó la experiencia del trabajo y la memoria social en
lenguaje artístico.
Sánchez Kelly integró historia, esfuerzo y dimensión humana en una narrativa visual
envolvente. Sus murales no son simples intervenciones pictóricas: son una síntesis de
esa forma de vida que el Chaco supo convertir en expresión cultural.
Hoy el edificio que los alberga (TN PLATEX antes MIDES) permanece cerrado y sin
protección patrimonial efectiva. El riesgo no es simbólico, es concreto. Y cuando se trata
de patrimonio cultural, lo que está en juego no es solo una obra, sino una parte del
relato que la provincia construyó durante más de medio siglo.
El Chaco ha hecho del arte un rasgo propio. Lo ha incorporado a sus calles, a su
formación académica, a su proyección internacional y a su conciencia colectiva.
Pero las crisis prolongadas no afectan únicamente la economía. También desgastan la
atención y empujan a vivir en urgencia permanente. Cuando la supervivencia cotidiana
ocupa todo el espacio, la defensa del patrimonio puede quedar relegada. No por falta
de talento ni de creatividad —que siguen vivas— sino por agotamiento social.
A veces el silencio no es indiferencia; es cansancio.
Sin embargo, es precisamente en esos contextos cuando la cultura adquiere mayor valor.
No como evasión, sino como raíz. No como lujo, sino como afirmación.
Preservar aquello que expresa el espíritu de una comunidad es sostener su dignidad. No
se trata de nostalgia, sino de continuidad. No se trata de pasado, sino de futuro.
Cuando un pueblo cuida lo que lo distingue, reafirma su identidad.
Y cuando reafirma su identidad, recupera también su esperanza.
Los murales “CHACO”, “ALGODÓN” Y “LA COSECHA”: testimonio de la memoria productiva y cultural de la provincia
8 de marzo 2026

