A Lizy Tagliani se la ve feliz delante y detrás de la pantalla. Brilla en ¿Quién es la Máscara?, el ciclo de Telefe que marca otro paso adelante en un recorrido televisivo que no se detiene. Desde su irrupción en 2014, trabajó con Susana Giménez, Marcelo Tinelli y Marley, hasta que le llegó la posibilidad de conducir.

Ahora, en la gran apuesta del canal para la segunda mitad del año, explota su espontaneidad y su desparpajo, y deja que brote todo su cholulismo telenovelero con Natalia Oreiro, una de las heroínas de su vida.

Mientras en el plano profesional sucede todo esto, en su vida personal Lizy transita un momento de plenitud y cambios profundos: plena, en pareja y encarando el camino hacia la maternidad. Ese deseo que le apareció hace poco tiempo de manera irrefrenable y que terminó de encenderse en el día a día con su novio, Sebastián Nebot. Ese que llegó luego de algunas tormentas afectivas, que supo esperar su oportunidad, y con quien proyecta convivencia, casamiento y familia.

Así es el día a día de la humorista, que hace reír con sus salidas desopilantes en la tele y también permite tomarse un tiempo para la reflexión cada vez que se la invoca. Una Lizy auténtica, como la que se presta a esta profunda charla con Teleshow.

—Me contabas que con Wanda Nara también se divierten mucho afuera del aire.

—Sí, nos mandamos algunas fotitos cuando estamos trabajando, nos imaginamos cómo seríamos en diferentes versiones. Yo le mando fotos de Bananas en pijamas, de Teletubbies (risas).

¿Tienen grupo de WhatsApp entre los investigadores del programa, con Wanda, Roberto Moldavsky y Karina La Princesita?

—Estamos todos, no tenemos (un grupo) por separado. Somos los investigadores, Natalia, parte de la producción; hay mucha gente. Pero esto que nos mandamos es entre Wanda y yo, a los demás obvio que no nos animamos porque no sabemos qué onda.

—¿Quién te inspira más respeto?

—Todos, porque yo con el humor en general, o con las barbaridades, siempre voy de a poquito mientras me van dejando. Nati es muy generosa, muy buena compañeraMi lema es que “yo soy más Natalia Oreiro que la propia Natalia Oreiro”, porque la amo desde siempre. Vi todas sus novelas. No hay una que no me sepa. Me sé los textos, todo lo que quieras.

—¿Le dijiste los textos de las novelas?

—Por supuesto. Todos los programas le hablo de alguna novela (risas).

—¿Cuál es tu preferida?

—Me gustaba mucho cuando estaba en Ricos y famosos y aparece Carina Zampini como la mala. Era la primera vez que una actriz pasaba con un personaje de una novela a otra, de Por siempre mujercitas Ricos y famosos.

—En medio de estos proyectos laborales surgieron distintas versiones de por qué no vas al Mundial de Qatar, y vos dijiste que tiene que ver exclusivamente con lo profesional. De todas formas, está bien aclarar que Qatar tiene algunas políticas espantosas: la verdad es que atrasa 200 años.

—Sí, horribles. El canal está en eso siempre, en Rusia lo mismo, me había cuidado bastante. No es que me mandan a la deriva.

—Pero pienso que vos podrías no querer ir a un lugar que tiene esas políticas.

—Sí, también. Son políticas espantosas y repudiables, por lo menos desde mi educación y de mi forma de ver las cosas no las concibo. Habría que nacer ahí para ver qué opinaría, pero no las concibo. Y tampoco me gusta ir a un lugar donde sus políticas son tan extrañas y no sentar ningún precedente, una banderita, un gesto, algo que me identifique con mi personalidad. Si no puedo hacer algo, es como que no tiene ningún sentido, solo para hacer reír y para mostrar un Mundial.

—Sería como restarle importancia a algo que para muchísima es muy importante.

—Y doloroso.

—Vuelvo a ¿Quién es la Máscara?, con una pregunta que le hice a tus compañeros: si un día te doy un traje como los del programa y te garantizo total anonimato, impunidad absoluta por 24 horas, ¿qué te voy a encontrar haciendo?

—No sé... Desfilando y cerrando un Buenos Aires Fashion Week (risas). Soy bastante de hacer todo lo que quise siempre. Pero lo que antes soñaba, cuando era chiquita, era ser una mega modelo.

—¿Te gustaría cerrar un Fashion Week?

—¡Ay, me encantaría! Como esas apariciones de las modelos que las presentan y caminan por la pasarela. Yo soy de la generación que amaba a Naomi CampbellLinda EvangelistaKate MossDeborah de Corral; hoy me acordaba de Deborah.

—Qué exigencia…

—¡Ay, sí, una exigencia tremenda! Pero en aquel momento tenía fascinación. Ahora con el programa todo me lleva a algo que capaz que ya no está, a figuras de mi infancia o de más atrás.

—Qué lindo presente. Yo conozco tu más atrás, hemos charlado de eso, y cómo te merecés este momento…

—Estoy feliz. Este presente es maravilloso. Ayer justamente le comentaba a Sebastián y a unos amigos que gracias a Dios laboralmente me va tan bien y armé todo lo que me hubiese gustado, donde me hubiese gustado, que viva el Luisito que fui. Tengo la casa con unos pisos, que por ahí para alguien en lugar de ser minimalistas y todo lo que se usa ahora, me gusta el piso de ese granito de antes. Tengo un Peugeot; bueno, un auto modelo 78.

—Te pudiste dar a ese todos los gustos.

—O sea, se los estoy dando el gusto al Luisito que comía cada tanto...

—Lo estás mimando: la pasó muy mal ese.

—Sí. Así que hago eso, y me encanta. ¡Soy tan feliz! Las plantas. Todas esas cosas que conservaba de mi mamá, que las cuidaba tanto. Yo les pongo unas macetas re lindas, porque ella agarraba las gomas que encontraba por ahí…

—Empezaste los trámites de adopción.

—Sí. Ya hice todos los trámites, y voy a esperar un tiempo que considere prudencial, por lo menos que esté bien de las articulaciones para cambiarle los pañales si es un bebé, o acompañarlo al colegio si es más grandecito. Que no pase mucho tiempo. De lo contrario, buscaré otra forma. Pero primero voy por la adopción, me parece algo lindo.

—En el proceso de adopción uno va aprendiendo mucho sobre cómo acompañar a un niño. ¿Vos te anotaste para bebés, para chicos un poco más grandes? ¿Hermanos sí, hermanos no?

Me gustaría ponerme a disposición de las personas que saben: psicólogos, asistentes sociales. Me parece que es mejor desde lo que puedo dar yo, y desde lo que no sea perjudicial para un niño. Obviamente que nada va a ser perjudicial desde el amor, pero por ahí hay ciertas características que pueden mejorar.

—¿Pero estás dispuesta a adoptar un chico más grande?

—Sí, con alguien me ayude, porque al tener la posibilidad de adoptar no tengo problema ni con la edad, ni si son dos, tres, uno.

—¿No pusiste límites en el formulario?

—No, en eso no me da. Sí insisto con la ayuda de los que más saben. Porque en principio yo pensaba hasta tres años, porque creo que ahí empiezan los recuerdos, y tenerme a mí de mamá puede ser como muy complicado, ¿viste? Ver a su mamá en la tele, otro tipo de mamá quizás para un chico más grande, que viene con un montón de cosas en su cabecita, no sé si puede ser bueno o malo… Pero después dije: “No voy a ser yo quien lo decida, si no soy mamá, nunca estuve cerca. La gente que más experiencia tiene es la que tiene que decidir”.

—Ahora hay una movida en Twitter con el “Adopten Niñes Grandes” que es maravillosa, porque los chicos vienen de unas historias tremendas en muchos casos, y poder dar amor y dar una familia siempre es mejor que las situaciones de abandono.

—Es que, por ejemplom cuando me decían que hay posibilidades de que la familia lo reclame, no sé si es la palabra, si estoy diciendo barbaridades, y si es para mejor, yo no tengo ningún problema. Me parece que una mamá piensa en lo que sea mejor para su hijo. Y si se tiene que reencontrar y es mejor, para la criatura no voy a ser yo tan egoísta de decir que es mío y no me lo saca nadie.

—¿Le vas a dar un tiempo a los papeles y si no, vas a evaluar alguna otra forma?

—Exactamente, un tiempo necesario. Cuando me sea frustrante la espera o frustrante el camino, iré por otro lado. Y si vuelve a aparecer la adopción, tendré dos.

—Vas a ser una mamá hermosa.

—¡Ay, esperemos! Mi miedo es que me llamen del colegio y me digan: “Mire, señora, hace una semana hay un chico gritando su nombre y no sabemos…” (risas). ¿Se puede malcriar a un hijo?

—Mientras que sea con amor, podés hacer todo lo que vos quieras, Lizy.

—Esa es mi obsesión: quiero darle todos los gustos. Mi mamá me obligaba a estar sentada: comíamos a las 12 y a las 11 de la mañana me sentaba en la mesa y no me podía ni mover.

—¿La maternidad es algo que decidís hacer sola o es algo que decidís en pareja?

—Lo decidí en pareja con Sebastián, fue quien me convenció.

—Quiero que me cuentes todo de esta nueva gestión. ¿Cómo te está tratando Sebastián?

—Ay, hermoso. Lo conozco desde el 2016, y cuando yo estaba mal porque me había separado, me empezó a escribir, a escribir, y terminamos juntos. Como es de Mendoza era muy difícil, entonces teníamos encuentros, pero nunca llegábamos a nada. Y él fue el que me convenció con el tema de la maternidad porque yo nunca lo había pensado, no era mi sueño. Pensaba que si había un chico que necesitaba una madre y era la única opción, no tendría problema. Pero no es algo que soñé toda mi vida, con escarpines y eso, ni me lo imaginé. Pero él me decía que un hijo es un vínculo para siempre, no es una pareja. No se corta nunca.

—Se está portando bien.

—Sí, es un compañerazo. El otro día le dije que si por alguna razón no somos más pareja, necesito que se quede conmigo para hacerme compañía.

—¿A qué se dedica?

—Trabajaba en política, en Mendoza. Primero tuvo que dejar allá para poder venirse a vivir acá. Y después sentía que si seguía con su labor política me iba a exponer a mí en un lugar, y como él tampoco es que tenía algún súper cargo, solo militaba, lo dejó, para que me perjudique menos el qué dirán.

—Que te trate bien, porque si no vamos a ir todos…

—Te voy a decir algo: ojalá que no lo escuche él, pero es lo más parecido a mi amiga Floppy (murió en 2020). Me mira y sabe si tengo sed. Yo siento que me lo mandó la Floppy.

—La extrañas un montón a Floppy.

—Ah... Todo el tiempo.

—Y además de extrañarla, esos episodios son un aprendizaje: la vida es el aquí y ahora, hay que disfrutar.

—Uy, eso ya lo había aprendido con mi mamá. Pero viste que somos, no sé si prejuiciosas es la palabra, pero como que no te imaginás... Nunca se me pasó por la cabeza. Pero con mi mamá me había pasado porque yo siempre me acuerdo que mamá tenía 50 años y yo empezaba a trabajar en la peluquería, quería trabajar mucho y sin parar hasta poder poner el muro en mi casa. Y hacía la cuenta: si trabajaba todos los días durante 25 años, un día iba a dejar para poder disfrutar de mi mamá y llevarla a conocer Mar del Plata, que era su sueño. Y que venga a la peluquería a acompañarme. Pensaba todo lo que iba a disfrutar a mi mamá, y a veces no la veía por dos meses porque no paraba de trabajar. Y de repente un día se murió. Ahí decidí que nunca más iba a tratar de ganarle al tiempo, que el tiempo iba a acompañarme. Y así trato de disfrutar lo que vos dijiste: el aquí y ahora.

—Igual a veces eso lo perdemos eso: es un ejercicio que hay que trabajar.

—Es un ejercicio. Cuando era muy chiquita tenía tantas carencias que lo que más me importaba era poner ladrillos, revocar la casa, cosas que pueden ser re comunes, para mí eran anhelos muy importantes. Pero después, los vínculos hay que cuidarlos y hay que disfrutarlos porque si no, cuando se van, uno se queda como vacío.


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