El chaqueño de 22 años tiene como prioridad representar a nuestro país pero se siente entre la espada y la pared. Relata su vida allá y el proceso de maduración y resurrección tras estar mal y querer dejar todo.

Del calor tropical de su Chaco natal al frío polar de Europa Central. De enojarse con cada compañero y entrenador de Villa San Martín a liderar el Inter Bratislava siendo extranjero. De sumergirse en un bajón anímico que lo llevó a replantearse su carrera a reflotar su juego hasta un presente que lo invita a soñar con un futuro de Selección Mayor.

Así como se la pasaba pidiendo perdón luego de cada reproche digno de un adolescente, esta vez el base de 1m90 se disculpa por comunicarse tan sólo unos minutos más tarde del horario pactado. Es que, al enterarse que un compañero reportaba síntomas de COVID-19, debió someterse a un test express que le permitiera entrenar al día siguiente. Tranquilos, el resultado del hisopado reflejó negativo, mientras que la relajada y extensa conversación con Prensa CABB dio como resultado la entretenida historia que están por conocer.

A sus jóvenes 22 años, el oriundo de Resistencia se expresa con la madurez de un veterano. Supo representar a la Argentina en formativas, pasó por clubes como San Lorenzo y Baskonia, se inyectó plasma para recuperarse de una complicada lesión, y actualmente la descose en Eslovaquia con promedios 19 puntos, 8 rebotes, 7.4 asistencias y 21.6 de valoración.

Sin perder la espontaneidad y el humor que lo caracteriza, se toma su tiempo para reflexionar en cada respuesta, y hasta se anima a exponer una situación personal y deportiva que -según sus propias palabras- lo coloca entre la espada y la pared.

Recientemente contaste que al entrenar mucho y jugar poco en España hasta pensaste en dejar el básquet. ¿Qué pasaba por tu cabeza y cómo lo superaste?

-Sí, estuve casi un año y medio sin sumar minutos de calidad, ya que Baskonia compite a un altísimo nivel en ACB y Euroliga. Sumado a eso, yo ocupaba ficha de extranjero, por lo que sólo participaba con el equipo alternativo en la LEB Plata (3° división). Además, en 2018 sufrí una tendinitis de rodilla que se agravó al competir con la Selección U21. A pesar del dolor terminé la temporada, pero luego debí comenzar un tratamiento. Fui mejorando y me sumé a la pretemporada del primer equipo en agosto de 2019, me puse muy bien físicamente pero la chance de mostrar todo lo que venía trabajando no llegaba. Fui cayendo en un pozo mental y me cuestioné si realmente servía para esto y si debería darle otro rumbo a mi vida. Estaba perdido. Por suerte, tuve un gran compañero -Adjin Penava- que me ayudó a encontrarle el lado positivo a lo que me sucedía. Gracias a él, al resto de mis amigos y mi familia, y también al presente que hoy vivo, pude salir y cambiar mi visión.

-También dijiste que tu paso al Inter era como “tocar fondo para volver a tomar impulso”. ¿Hoy seguís pensando así? ¿Creés que tomaste una buena decisión?

-Sí, siento que mi buen presente es un resultado de todo lo que viví. Al llegar acá en septiembre del año pasado estaba nervioso, llevaba mucho tiempo sin protagonismo y no sabía cuál sería mi nivel. Me preparé muchísimo en lo mental y en lo físico, y desde el primer partido las cosas se fueron dando bien. Hoy me siento muy bien conmigo mismo tanto en lo personal como en lo basquetbolísitico. Estoy muy contento con la decisión tomada.

-Inter Bratislava es el último campeón de Eslovaquia ¿Cómo ves la liga? ¿Cómo es el club y cuál es tu rol en el equipo?

-Actualmente la liga tiene sólo siete equipos, por lo cual serán seis enfrentamientos contra cada uno de ellos. Eso la hace complicada porque todos se conocen mucho, pero buscaremos defender el título. En cuanto al juego, es dinámica pero quizá no tan fuerte físicamente. Es un torneo vidriera, al cual venir a mostrarse. En el club hay jugadores interesantes, un staff médico de primera y una buena estructura. Personalmente, al estar en un equipo bastante joven (21 años de promedio) tengo un rol de líder, aportando lo mío dentro de la cancha, y demostrando compromiso y ayudando a mis compañeros fuera de ella. El entrenador Oleg Meleshchenko fue subcampeón del mundo con la URSS como jugador y ocupaba mi posición, entonces contribuye mucho a la inteligencia de mi juego y me da libertad para la toma de decisiones, aunque también es jodido cuando quiere… (se ríe).

-¿Y qué me podés contar del lugar? ¿Qué tipo de costumbres tienen los eslovacos?

-Bratislava es el opuesto a Chaco, ya que mientras en Resistencia hay 40° de media aquí hay días donde la temperatura llega a -15°. Hay lugares hermosos para recorrer y a la gente le gusta mucho juntarse en sus casas. Yo casi todos los días me reúno con amigos. Se consume mucho el plato principal de la región llamado guláš, una especie de sopa picante acompañada de carne. Es muy rico. Y el equipo es como una familia, luego de cada partido cenamos todos en el club, por lo que podemos relacionarnos y generar confianza.

-¿Cómo va el proceso de obtener tu pasaporte?

-Estoy analizando diferentes opciones. En primera instancia, espero poder conseguir el pasaporte español, trámite que está en manos de abogados y que se definiría a mitad de año. Por otra parte, el general manager del Inter es también GM de la Selección, y debido a lo bien que me está yendo me ofreció jugar para Eslovaquia. Entonces, tengo la posibilidad de obtener la nacionalidad eslovaca, algo que sería muy importante para el futuro de mi carrera pero que a la vez no me permitiría competir para Argentina, ya que jugar para ellos sería una condición. No es una decisión sencilla, mi prioridad siempre fue y será vestir la camiseta de mi país, pero también sé que si no sale la nacionalidad española, tendré que tomar una decisión. Estoy un poco entre la espada y la pared.

-En tu paso por San Lorenzo te tocó formar parte de un equipo plagado de estrellas. ¿Qué te quedó de esa experiencia?

-Me cambió completamente la cabeza. Yo venía de jugar con la primera de Villa San Martín, pero este salto de calidad me hizo entender cómo iba esto del básquet. Lo que más recuerdo es el cambio físico y de intensidad al que tuve que adaptarme, y por supuesto la suerte de haber compartido con jugadores como Gaby Deck, Marcos Mata, Selem Safar, Penka Aguirre y muchos otros de tremenda trayectoria incluso en Selección, quienes me ayudaron día a día a mejorar mi juego. Intenté absorber todo lo posible y apreciar sus enseñanzas.

-Te devuelvo a España. ¿Cómo fueron esas dos temporadas en lo deportivo? ¿Y cómo tomaste el hecho de haber quedado libre del Baskonia?

-En mi primera temporada en LEB Plata, si bien sufrí lesiones, pude jugar los partidos más importantes para entrar a playoffs y completé un buen año. Al año siguiente comenzaron los problemas en mi rodilla y en lugar de frenar me arriesgué a seguir jugando hasta no poder más. Me sometí a nueve inyecciones de plasma y, tras dos meses de rehabilitación en Chaco, volví a España para seguir intentando ganarme un lugar. Finalmente, prácticamente sin poder jugar, quedé libre y surgió lo de Inter. La decisión de Baskonia me chocó al principio, pero entendí que veíamos la situación de distintas maneras y llegamos a un acuerdo para terminar el contrato en buenos términos. Me quedó la espina de no haber podido mostrarme en ACB, pero no guardo rencor. Son experiencias que te ayudan a crecer.

-Para quienes no han escuchado tanto el nombre de Lautaro López, ¿Cómo describirías tu estilo de juego? ¿Qué crees primordial para mejorar en el corto plazo?

-Mi juego es bastante enérgico, aunque también trato de ser lo más inteligente posible y tomar buenas decisiones. Busco aportarle al equipo desde todos los rubros, puntos, asistencias, rebotes y robos. Y si bien he tenido buenos porcentajes en los últimos partidos, lo que más debería trabajar en este momento es mi lanzamiento de tres puntos. También tuve 4 o 5 pérdidas en esos juegos, y para un base eso es demasiado, así que estoy enfocado en mejorar ese apartado.

-¿Y cómo te describirías como persona? ¿Cuáles son tus hobbies?

-Depende. Me considero alguien tranquilo y relajado, pero cuando me reúno con gente me transformo y no paro de hablar, mi personalidad hace una transición completa de un segundo a otro. Cuando estoy solo en casa disfruto de jugar a la Play, leer, escuchar música o hacer videollamadas con mis viejos, mi hermano, mis hermanas y los amigos que tengo lejos. Leo mucho a Bernardo Stamateas, sus libros me ayudaron a manejar mis emociones, ordenar mi cabeza y superar adversidades. Y comparto con mis primos el gusto por la música, pero no tengo preferencias, voy desde el rock hasta una chacarera.

-¿Cómo te llevás con el tema de la alimentación?

-Súper bien. Mientras me recuperaba de mi lesión cambié mi dieta y Baskonia había sumado un nutricionista que me ayudó a cambiar la cabeza. Además, todos los jugadores que están trabajando con Paulo Maccari (NdeR: fisioterapeuta de la Selección) me hicieron entender que ese pequeño detalle de cuidar lo que ingerimos provoca un gran salto de calidad en la cancha. Entonces tengo claro que la alimentación y también el descanso son fundamentales. A veces es complicado cuando te reunís con personas que no están en la misma sintonía, pero es cuestión de estar preparado mentalmente.

-Vos mismo afirmaste alguna vez que tenés un carácter complicado. ¿Por qué? ¿Te ha jugado en contra en tu vida deportiva?

-Uf, la verdad que sí. Era bastante obstinado, cabeza dura, me costaba escuchar cuando alguien intentaba corregirme. El profe Carlos Duro (NdeR: ex-asistente técnico de San Lorenzo) me bancó mucho en esa etapa de rebeldía adolescente y le estoy súper agradecido. También soy muy competitivo, y cada vez que perdía en algo me frustraba, confrontaba, y luego me la pasaba pidiendo perdón… (Se ríe). Con el paso del tiempo fui trabajando la escucha, la objetividad, el comprender las buenas intenciones de los demás y que las cosas no siempre van a salir del modo exacto en que las pensás. Antes me volvía loco no tener control sobre todo lo que me pasaba, pero la lectura y la experiencia me ayudaron con eso.

-Jugaste varios torneos y tuviste muy buenas actuaciones con las Selecciones formativas. ¿Qué recuerdos te quedan de ese proceso?

-Fue un período muy lindo. Son los recuerdos que más añoro porque ahí conocí grandes amigos. Ninguno sabía qué tan lejos podríamos llegar, pero en el CeNARD siempre hablábamos del futuro y soñábamos con jugar la Liga Nacional. Compañeros como Franco Baralle, Matute Solanas, Leo Lema, Lautaro Berra, Maxi Fjellerup o José Vildoza están hoy en la Mayor y es un orgullo enorme para mí. Me pone muy contento ver cómo todos crecimos deportiva y personalmente, los conocí con 15 años y ahora los veo dominando la Liga.

-¿Te ves con chances de integrar la Selección Mayor en un futuro? Sabés que Argentina cuenta con grandes exponentes en tu posición…

-Sí, claro. Es algo que me mantiene muy motivado. Creo que algo estamos haciendo bien para gozar de los tremendos bases que tenemos. Me motiva que haya un referente como Facu Campazzo, quien ya la rompió en el Madrid y hoy está empezando a demostrar en la NBA. Es muy importante para mí contar con jugadores como él, como Nico Laprovittola o Luca Vildoza como ejemplos, porque te hacen ver que es posible llegar a lo más alto, pero también que todo se logra en base a esfuerzo y trabajo. Me ilusiona muchísimo jugar en la Selección, con dedicación creo que hay posibilidades.

-Ya sea española o eslovaca, en poco tiempo tendrás la doble ciudadanía, algo muy importante para abrirte paso en Europa. ¿Cómo te ves dentro de 5 años?

-La verdad es que no lo sé. El estar sin jugar y la incertidumbre por mi futuro me llevaron a hundirme mentalmente. Y la falta de pasaporte te hace competir contra muchos extranjeros con pasado NBA o de universidades norteamericanas, y en el mercado europeo se les suele dar prioridad. Pero hoy, con ese tema más encaminado, siento que estoy bien orientado. No podría decirte qué será de mí en ese tiempo, pero sí sé bien lo que quiero, y pienso que mientras mejor conocés el camino que estás recorriendo, más difícil es perderte.

-Si bien tenés apenas 22 años, cuando hablás de tu formación hacés alusión a muchas frustraciones. ¿Cuáles fueron esos momentos de decepción y de qué te han servido?

-Pienso que mientras más dolor atravesás, más mejoras. Muchas veces los tropiezos provocan un click. A mis 13 años quedé afuera de la Selección de mi provincia, eso me llevó a entrenarme muchísimo, y al siguiente año logré la convocatoria. Lo mismo me ocurrió con la Argentina, primero siendo U15 y después en un Sudamericano U17 que se disputaba justamente en Chaco. Unos días antes del torneo me corté una mano jugando para mi club y, si bien hice hasta lo imposible para llegar, me tocó perdérmelo. Fue lo más duro que viví hasta hoy, porque incluso mis abuelos podrían haber estado en la cancha viéndome jugar con la camiseta de mi país. Por suerte, siempre tuve una nueva oportunidad para conseguir lo que me proponía, pero esas caídas hicieron que cada vez me exija más.

-El apoyo de tu familia es evidente. Por caso, tu mamá se muestra en las redes como tu gran fan. Pero la exigencia temprana del deporte te llevó a alejarte de los estudios. ¿Pudiste cumplirle la promesa de terminar el secundario a tus padres?

-No… Pero sí estoy en eso, averiguando para poder tomar clases virtuales. Lo intenté acá, pero la traducción es horrible. Con la pandemia y sobre todo con el cambio de ciudad se complicó un poco todo, pero lo voy a cumplir. Es algo muy importante para mí, y además se lo prometí a mi familia, la cual no veo hace dos años. Los extraño todos los días y espero poder reencontrarme con ellos al finalizar la temporada.

PRENSA CABB

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