¿Qué hacía un contador de 29 años en el barrio más caliente de Paraná el miércoles 14 de julio por la noche? Hay una respuesta sencilla y probada: fue a vender dólares. 

Gonzalo Calleja desarrollaba ese negocio en forma particular, junto a un amigo como socio, como una actividad lateral a su trabajo en una empresa de la zona. Y luego lo mataron.

Lo encontraron muerto en un descampado, asfixiado según la autopsia posterior, en medio de un territorio marcado por la violencia narco. Hasta ahora, hay cuatro imputados por el crimen.

Pero surgen otras preguntas que vuelven más compleja cualquier explicación. “Estos pibes no necesitan muchos motivos para matar”, dijo un investigador a cargo del caso, al ser consultado acerca de los acusados y el móvil del homicidio.

También, asoma en el expediente la relación del mercado paralelo de divisas con el capital narco y sus inversiones en Entre Ríos. El crimen, también, saca a la luz el submundo criminal que se mueve en la capital de la provincia.

A una semana de la desaparición de Calleja tras ingresar al Barrio 1° de Julio y de su posterior hallazgo sin vida a siete kilómetros (en línea recta) en un descampado en el sudoeste de la ciudad, el fiscal Santiago Alfieri acusó a cuatro hombres por homicidio criminis causa, algunos de ellos con antecedentes peligrosos.

Sus defensores hablan de una cacería de brujas sobre, básicamente, los sospechosos de siempre en Paraná. Mientras tanto, familiares y amigos de la víctima se manifestaron este miércoles frente a los Tribunales de Paraná para reclamar justicia.

A quienes siguen los conflictos de violencia criminal en la ciudad poco les sorprendió que el sector ubicado en inmediaciones de la Escuela Hogar Eva Perón sea el foco del caso.

Allí, según fuentes del caso, opera una banda delictiva integrada por jóvenes de entre 18 y 25 años, con el tráfico de drogas como principal actividad, aunque no se pierden ningún rubro, desde el robo de motos hasta las estafas. 

En los últimos meses se enfrentaron a tiros en la disputa con otros grupos de la zona. Los lidera Ezequiel Roda, más conocido como “Machuca”.

Su hermano, “Chocho” Roda, está preso, condenado por otro asesinato, casualmente también de un contador, ocurrido en 2014. “Machuca” es señalado como el lugarteniente de la zona desde la detención de la jefa narco Verónica Aguilar.

A su vez, era muy cercano a Ramiro Gabriel Colman, apodado “Pañal”, de 24 años, único imputado por el triple crimen de narcos perpetrado por sicarios el 15 de noviembre del año pasado en Paraná. Una versión señala que ambos ahora estarían distanciados desde hace varios meses.

La investigación del homicidio de Calleja tuvo varios indicios que siempre apuntaron al mismo grupo. Primero hubo un detenido, supuestamente un miembro de esa banda, Brandon Comas, quien pudo demostrar que estaba en Concepción del Uruguay al momento del hecho.

Roda también fue demorado, pero no hay indicios que lo comprometan. Sin embargo, a inicios de esta semana apareció un testigo que pidió mantener su identidad bajo reserva y mencionó a los hasta ahora cuatro imputados: Ramiro Colman, Alberto Enrique Osuna, Ezequiel David Morato e Iván Elías Garay.

El testigo relató que el 14 de julio a las 23 fue a comprar droga al barrio, y observó una situación sospechosa en la casa de Garay, donde vio a los cuatro señalados y algunos más.

Agregó que a las 5 de la mañana del día siguiente volvió a adquirir cocaína y vio cuando sacaban a una persona “como encapuchada” de esa vivienda y la subían por la fuerza a un auto. 

A partir de ese testimonio, el lunes sucedieron múltiples allanamientos con más de 150 policías provinciales y las detenciones de cinco sospechosos, uno de los cuales aportó pruebas que lo desvincularon y no llegó a ser imputado.

También hay otro testigo de identidad reservada que aportó otros datos que aportan a la versión de la Fiscalía.

Los acusados: quién es quién

Se esperaba que este miércoles el fiscal Alfieri explique en la audiencia pública transmitida por YouTube, su hipótesis del caso y las pruebas para pedirle al juez de Garantías, Ricardo Bonazzola, la prisión preventiva en la Unidad Penal 1 para los cuatro acusados.

Pero, insólitamente, la audiencia debió suspenderse por un papelón: uno de los acusados, Osuna, tenía COVID. Si bien se encontraba fuera del período de contagio, no contaba con el alta médica. Desalojaron el salón para desinfectarlo. Luego hisoparon a los imputados. Este jueves a la tarde estarían los resultados. Así, se reanudará la audiencia.

“El Tuerto” Osuna es el más pesado de los cuatro imputados. Fue condenado en 2018 por narcotráfico, en la causa de la banda liderada por Elbio Gonzalo Caudana, que traficaban cocaína en toda la provincia, donde también fue sentenciado su hijo, Matías Caudana, el supuesto novio de Nahir Galarza. 

También tuvo causas por asaltos. Cuando los policías de Homicidios lo detuvieron el lunes, “El Tuerto” los amenazó y les dijo “Ustedes no saben con quién se meten”.

“Pañal” Colman, pese a su juventud, no se queda atrás: lo acusan de conducir la moto en la que iba el sicario que ultimó a balazos a tres narcos el año pasado. Antes tuvo dos condenas por robos y balaceras. Y hace poco sumó otra por un tiroteo: lo detuvieron con 50 mil pesos y una pistola.

Además, supuestamente integraba la barra brava de Patronato. Su defensor, Patricio Cozzi, presentó pruebas de su coartada: afirmó que al momento en que Calleja fue retenido y asesinado, “Pañal” estaba en la casa donde cumple prisión preventiva domiciliaria con amigos mirando el partido de River con Argentinos Juniors, y que después se juntó con su novia.

Colman sería el nexo de la banda del barrio 1° de Julio con Osuna. Sospechan que ambos son los que mueven los dólares de una importante banda narco regional.

Morato vive a pocas cuadras del 1° de Julio, en el barrio Ferroviario, y tiene una condena por portación de arma de guerra. Es el más complicado de los cuatro, con distintos tipos de pruebas en su contra. “El Mugre” Garay cuenta con condena por robos.

El análisis de videos de más de 70 cámaras de seguridad, las pericias a celulares y autos secuestrados, así como los informes de entrecruzamientos de llamadas podrían comprometer a los acusados, pero son pericias que llevan varias semanas. El teléfono de Calleja, desde ya, no apareció, aunque sí está el informe con el recorrido del celular en las horas previas.

Interrogantes de un crimen

Varios interrogantes en el caso Calleja siguen abiertos. ¿Conocía el contador a los acusados de matarlo o lo citaron por primera vez al barrio 1° de julio para un cambio de divisa? Hay varias pruebas que apuntarían que el joven varias veces habría entrado a la zona.

En la investigación creen que Ezequiel Morato era el contacto de la banda con Calleja, que ambos acordaban los encuentros para las transacciones en ese barrio.

¿Lo asesinaron para robarle los dólares que llevó o hubo un conflicto en esa casa que terminó de la peor manera? La hipótesis del robo es la oficial. 

Se sabe, según aportaron allegados a Calleja, que el contador fue con 17.000 dólares. En el auto Ford Fiesta fue hallado estacionado en a calle Suipacha, con 9.500 dólares en la guantera.

Es decir que bajó con 7.500 para vender. Lo cierto es que cuesta creer que una banda acostumbrada a robos muchos más cuantiosos y planificados asalte a un conocido en su propio territorio. No se descarta en la mente de los investigadores una discusión en torno al precio de vente a de la divisa entre el contador y jóvenes muy violentos, que terminó trágicamente.

¿Lo mataron para salir impunes del presunto robo o aplicaron algún método de asfixia con otro objetivo? El informe preliminar de la autopsia arrojó que Calleja murió por asfixia, pero no se constató ningún signo de violencia en el cuerpo, ni marcas de estrangulamiento ni de sofocación. 

Tampoco tenía lesiones defensivas, pese a que el joven tenía un porte atlético y era deportista. A los forenses les llamó la atención el gran tamaño del corazón de la víctima, por lo que no descartan una falla cardíaca, más allá de que no dudan que lo asfixiaron.

¿Podrá este caso develar la relación del amplio circuito de dólares en el mercado paralelo con el capital narco en Paraná? Desde que ocurrió el crimen de Calleja, muchas cuevas de la capital entrerriana bajaron las persianas, tanto las que funcionan en oficinas céntricas como aquellas personas que comercian en forma ambulante. Temen que, por primera vez, alguien quiera seguir la ruta del dinero en una causa penal grave.

Al día siguiente al hallazgo del cuerpo de la víctima, el viernes 16, ocurrió otro suceso grave en Paraná: en la puerta de un corralón, asaltaron y balearon al hijo del dueño del comercio, Pablo Ferreyra, y le robaron un bolso con un monto de dinero que nadie quiso blanquear.

Se habla de millones de dólares de una reciente transacción inmobiliaria. El caso tiene cinco imputados: además de los presuntos autores materiales, un abogado y un contador con cargos en el Estado provincial y vinculados a los negocios inmobiliarios, como supuestos entregadores del robo.

En principio, no habría conexión entre este caso y el homicidio de Calleja. Pero ambos demuestran un infernal circuito de dinero no declarado, con la violencia letal como moneda de cambio.

INFOBAE

Que te pareció esta nota?
like
Love
Haha
Wow
Sad
Angry