Foto: Ilustración
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La estación espacial china Tiangong-1 se desintegró al cruzar la atmósfera y los pocos restos que sobrevivieron cayeron en el océano Pacífico. No provocó ningún daño ni se generó una lluvia de meteoritos, como se preveía.

Ni en Bariloche ni en Bahía Blanca ni en Nueza Zelanda ni en España. Finalmente, la estación espacial china Tiangong-1 se desintegró al cruzar la atmósfera y los pocos restos que sobrevivieron cayeron en el océano Pacífico. El hecho que había generado la expectativa entre cosmólogos y aficionados terminó sin confirmación exacta del lugar de la caída. Ni siquiera hubo la prometida imitación a una lluvia de meteoritos.

La Oficina de Ingeniería Espacial Tripulada de China (CMSEO) solo anunció que el módulo prácticamente se quemó anoche sobre la vasta región oceánica central a las 21:15, hora argentina. "La mayor parte de los materiales quedó destruida en la fase de entrada en la atmósfera", aseguró un comunicado.

Era de esperar que fuera así tras dos años de andar descontrolada por el espacio. Su vida a la deriva se había convertido en algo tan impredecible que hasta su precipitación a la atmósfera fue antes de lo calculado: había sido anunciada para las 21:42 en el Atlántico, pero cayó 27 minutos antes en el océano de enfrente.

Tiangong-1 (Palacio Celeste-1) pesaba ocho toneladas y había sido puesta en órbita en septiembre de 2011 para llevar a cabo experiencias médicas y se consideraba como una etapa preliminar en la construcción de una estación espacial china en su reemplazo, la Tiangong-2.

El gobierno chino había enviado mensajes con intentos de tranquilizar a la población de que la estación espacial no iba a caer sobre la cabeza de nadie ni sobre casas o edificios. Es más, hasta prometió un espectáculo "espléndido", similar a una lluvia de meteoritos. Sin embargo, de sus ocho toneladas quedó una pequeña cantidad de restos que se perdieron.

La caída en una de las zonas más remotas del mundo privó a los observadores de estrellas del prometido espectáculo de bolas de fuego cayendo del cielo. “Habría sido divertido para la gente verlo”, dijo a AFP Jonathan McDowell, astrónomo del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian.

"Lo bueno es que no causó ningún daño cuando descendió y eso es lo que nos gusta", se consoló. Igualmente, la probabilidad de que un humano sea golpeado por un objeto espacial de más de 200 gramos es de una entre 700 millones, recordó el comunicado de la CMSEO.

Tiangong-1 es el quincuagésimo mayor objeto fuera de control que cae en la Tierra desde 1957. Funcionó hasta hace dos años, cuando Pekín puso otro laboratorio, el Tiangong-2, a la espera de poder convertirlo en una estación espacial habitada en 2022. Luego de ese año se cumplirá aquel título de Marshall Berman, “Todo lo sólido se desvanece en el aire”. Tal como su estación predecesora, dejará de funcionar y habrá nuevos anuncios de imitación de lluvia de meteoritos y posibles caídas a tierra.

Fuente: Página 12


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