La chaqueñísima Florencia Ruiz desde Valencia: “Extraño del Chaco el olor a tierra, los horizontes grandes y el calor”

Florencia Ruiz es una artista chaqueña que vive en Valencia, España, desde el 2000. Antes pasó dos años en Italia. Es pintora y diseñadora gráfica y alterna la pasión del pincel con otras actividades. Incursionó, acompañando a su compañero de vida, en la fotografía. Con él, son especialistas en bodas y juntos impulsaron una comunidad de fotógrafos a la que le dan contenidos, “intentando que todos puedan estar un poco mejor”.

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Por Jorge Gil

Florencia extraña además de la familia y los amigos del Chaco; el olor a tierra, los horizontes “grandes” y el calor.

– ¿Cuándo te fuiste?

– En el ‘98 a Italia. Y por casualidades de la vida, después de unos años de vivir en Bolonia caí acá, en Valencia. Era una cosa provisoria, por seis meses; pero pasados los seis meses fue un año y después otro año y me fui quedando y quedando.

– ¿Y por qué te fuiste del Chaco?

– Y porque estaba terminando mis estudios y me salió la oportunidad de hacer un intercambio.  De ir a cuidar niños. Y el intercambio era que ellos me pagaban una carrera, un estudio. Y yo quería estudiar pintura. Yo ya era profesora de pintura y aproveché esta oportunidad.

– ¿Estabas terminando tus estudios secundarios cuando te fuiste?

– No. Yo terminé la secundaria en Sáenz Peña y me fui a Corrientes a estudiar diseño gráfico a Corrientes.

– ¿Y terminaste la carrera en Corrientes?

– Sí. Estudié diseño gráfico en la Fundación Torres de Vera. Era nuevísima la carrera. No existía en la Unne. En ese momento era diseño gráfico computarizado.

– ¿Y llegaste a Italia a cuidar chicos y a la vez estudiabas?

– Sí. Como ya era profesora de pintura. Toda la vida estuve estudiando eso; a mí me parecía extraordinario estudiar en Bolonia, con un profesor de pintura. Y eso me ayudó. Y desde allí comencé a pintar, me lancé.

– ¿Lo tuyo fue una aventura o una decisión viendo como era el tema de la pintura en Italia?

– No. No. Lo mío fue una aventura. Yo estaba terminando de estudiar y ya sabía que quería hacer otras cosas. No quería volver a Sáenz Peña ni quedarme en Corrientes. Entonces, pensaba en dedicar un año a viajar, trabajar, estudiar. Y justo, un chico amigo me dice, ‘tengo una propuesta ideal, hay una chica del Chaco que busca que vaya otra chaqueña a vivir en el campo, en Italia, para que le ayude a cuidar los hijos’. Y para mí, fue la propuesta perfecta. Así que fui y estuve un año cuidando a los hijos de esta chaqueña con la cual nos hicimos después grandes amigas.

– ¿Y desde el campo viajabas a la ciudad todos los días a estudiar?

– Si. Está a 20 minutos. Cerca. Iba dos o tres veces a la semana y el resto la pasaba con los niños. Me gustó vivir en el campo.

 – Y luego te vas a Valencia ¿Por qué? ¿Y qué hace que te quedes allí?

– Pues tenía mi pareja, el que actualmente es mi compañero. Y le salió una beca para estudiar aquí (en Valencia) por seis meses. Y entonces yo, que tenía trabajos más temporales y que me daba lo mismo estar aquí o allá, decidí acompañarlo. Y una vez que estuvimos aquí ya no quisimos volver a Bolonia. Dijimos ‘aquí es cien veces mejor’. Es una ciudad que tiene mar, tiene mucho verde, buen clima. Así que nos quedamos. Además, primero tuvimos una perra, fuimos teniendo más cosas; luego nació mi primera hija, nos compramos una casa. Y sin querer ya estaba aquí afincada.

– ¿En qué año te fuiste a España? Estuviste muy poquito en Italia.

– En el 2000. Sí

– ¿Y cómo comenzaste tu labor allí?

– Siempre fui intercalando. Accedía a algunos trabajos temporales, ahorraba un poco de plata y me la pasaba un tiempo pintando, organizando alguna muestra, vendiendo algún cuadro.   Siempre fui cabalgando entre una cosa y otra. Y es que la pintura es mi pasión, pero no es mi sostén. Siempre hice cosas paralelas.

– La pintura es tu cable a tierra

– Si, pero hago otras cosas también.

– ¿Y qué otras cosas hacés?

– Trabajo en fotografía. Yo no soy fotógrafa. Comencé a trabajar con mi compañero que es fotógrafo. Yo soy vendedora, edito imágenes, las retoco. Pero no soy fotógrafo. Algunas veces sólo trabajo como segunda fotógrafa. Yo soy gráfica, soy pintora.

– ¿Segunda fotógrafa para qué?

– Para los reportajes. Con mi compañero trabajamos en bodas, en eventos sociales, hago trabajos de estudio de todo tipo.

– ¿Cuántos hijos tenés?

– Dos (nenas), una de 16 años y otra de 9.

– ¿Te toco algún momento difícil afuera del país, respecto del dinero o alguna situación límite?

– Bueno, sí. De vez en cuando. Yo trabajo con eventos. Cuando abrimos el estudio de fotografía se hacían grandes eventos aquí y nosotros trabajábamos bien. Venía la Formula 1, se jugaban distintas copas y teníamos mucho trabajo. Y de pronto vino una crisis grande aquí en 2007; y todo el flujo de trabajo que teníamos, de un día para otro se derrumbó. Dejaron de llamarnos. Y entonces tuvimos que reinventarnos. Pensar cómo le dábamos vuelta a todo esto, buscar otro tipo de clientes. Y ahí elegimos la fotografía de bodas y nos dijimos: ‘Ya que lo hacemos vamos a hacerlo distinto’, para no caer en el antiguo cliché de las fotos de boda.  Y la fotografía de bodas también cambió durante estos últimos años, es más documental, más fresca, más artística, se ha ido al lado artístico.

– Es una secuencia previa y posterior a la boda.

– Si. Una boda es larga. Se suele hacer una pre boda, un mes o unos días antes; la boda propiamente arranca desde muy temprano, cuando los novios comienzan a cambiarse en la casa y después viene la ceremonia, el festejo, el baile; y a veces son 10 o 12 horas de trabajo. Y después, a los días, también se puede hacer un reportaje pos boda si la pareja quiere. Y la verdad es que sí, es largo. Y yo me encargo de hacer los álbumes, editar las fotos y de la entrega del material. Ahí pongo mi lado artístico.

– ¿Sólo foto o también videos?

Sólo fotos.

– ¿Qué extrañás de la Argentina?

– Toda mi familia de Sáenz Peña es lo que más extraño, porque llevo un tiempo sin ir; serán unos 7 años que no voy. A mi hermana y a mis sobrinos los extraño. Mis padres estuvieron el año pasado acá, así que los siento más cerca. Pero además extraño otras cosas. Me gusta llegar al Chaco y sentir el olor a tierra. Me gusta el calor. El horizonte grande. Acá el horizonte es distinto, allá el cielo se ensancha, es más grande. Y extraño los amigos.

– ¿Y las comidas?

– No tanto. Me gusta variar. Me he ido adaptando.

– ¿Cómo es Valencia?

– Cuando vine tenía la opción de ir a Madrid también. Pero lo que me conquistó de Valencia fue el mar. Tengo el mar a 10 minutos. Vivo en una ciudad en la que corre un poco de aire. Basta que salgas en bicicleta, pedaleás 10 minutos y tenés el mar. Tiene mucho verde, buen clima, buena comida, como la típica paella. Y la gente también es muy abierta.

– ¿Vivís bien?

– Vivo cómoda en un barrio que es como un pueblo. Mi misma calle es peatonal. Funciona como si fuera un pueblo. Pasan meses que no voy a la ciudad. Acá tengo todo, supermercado, amistades, lugares de ocio. Vivo muy cómoda.

– ¿Y cuánto necesitás para vivir ahí?

– Nosotros somos autónomos. Y para vivir y pagar tus aportes es caro. Con la pandemia que tenemos hubo menos trabajo y me di de baja. No estoy cotizando, no estoy trabajando en teoría. Estoy esperando que mejore un poco la situación para volver a darme de alta. O si no es muy difícil. Ser autónomos es los peor, porque no tenemos tantas prestaciones, ni servicios, ni tantas ayudas; así que mi situación es complicada. Mi trabajo es inestable. Por temporadas trabajamos mucho y hay meses que me es más difícil. Tengo que reinventarme, hacer otras cosas.

– ¿Pero con la economía de ustedes pueden hacer previsiones y ahorrar?

– Si lo hablábamos hasta antes de marzo te hubiera dicho que sí. Pero desde la pandemia, no. Muchos compañeros nuestros, fotógrafos, han cerrado y están trabajando de otra cosa. La verdad es que es subsistir en este momento es muy difícil. Quien tenía un trabajo estable está bien, pero los libres profesionistas, el resto, estamos fatal.

– ¿La situación se está normalizando allí?

– No. Todavía está muy inestable. Ahora está desatado el virus y estamos al máximo de la ola.

– Y en las relaciones, ¿Cómo los afectó el covid?

– Fue muy duro al principio. Todos los días íbamos de peor a peor. Acá los españoles son muy sociables, siempre charlando, compartiendo. Salen mucho a comer y a beber afuera.  Y hasta ahora duele que no haya tanto contacto.

– Son muy parecidos a nosotros.

Exacto. Acá en Europa, los españoles son los que más cercanos son. Dan abrazos y besos. En Alemania y en el norte de Italia no sucede tanto. El español te da dos besos, te abraza. Y eso es lo que más duele con la pandemia. En lo económico también es duro, aunque acá se amortiza más. Acá pasamos dos meses sin salir, pero la gente tenías sus ayudas o sus ahorros. Y se seguía comiendo, viviendo. Ahora pues, estamos en planes de reorganizar. Hay negocios que desaparecieron. A todos les tocó trabajar menos. Pero lo que más duele es la falta de vida social.

– El barbijo es obligatorio

– Sí. Desde que salgo a la puerta de mi casa. Y lo bueno o distinto es que hace un mes los chicos comenzaron las clases. No todos; la primaria, sí; la secundaria, de manera escalonada.

– ¿Y hubo más contagios con la vuelta a clases?

– Lo bueno es que se hacen clases burbujas. Es decir que si hay un caso en una clase hay cuarentena en ese curso. Y no han aumentado los casos. En este momento Madrid está con cuarentena obligatoria y los contagios vienen de otro tipo de gente que no es de las escuelas.

– ¿Están trabajando en algo más?

– Sí. Hay algo que estamos haciendo últimamente. Nosotros, en la fotografía, hemos montado una comunidad. Ya no hacemos tantas bodas. Tenemos una comunidad de fotógrafos a los que les damos contenidos. Organizamos un concurso. Buscamos bodas para ellos. La plataforma creció y hay fotógrafos argentinos, brasileros, mexicanos, de aquí de Europa; lo hemos abierto a Italia, Francia y Portugal. Y la verdad es que, en pandemia, mal que mal, hemos tenido trabajo todos. Siempre soñamos con hacer algo comunitario. Una plataforma para más personas, que no sea algo para él y yo. La idea era hacer algo para buscar mejoras para todos.

– ¿Cuánto se gana por el trabajo de una boda?

– El precio mínimo es de 1200 euros. Esa es la tarifa más baja y va hasta 2400 euros.

– ¿Y tus cuadros, te dan algún rédito?

Mis cuadros los vendos a partir de los 60 euros, 100 euros, depende. El arte siempre se cotiza cuando uno vende mucho. Y yo con pintar estoy contenta. A veces logro organizar alguna exposición. Este año hice algo online y he vendido un par de cuadros, pero en general el tema de trabajar en el estudio, de dedicarme a la casa, y a mis niñas, un tiempo también di clases; y entonces, o no me lo permito o no me hago el tiempo para dedicarme a la venta. Y eso hace que con sólo pintar me conforme.

– ¿Organizaste alguna nuestra importante?

– Llevo unos años sin moverme ahora. Por eso, aprovechando la pandemia, hice una exposición online. A través de mi web puse a la venta mis cuadros.

– Y los envías a cualquier parte del mundo?

– Sí. Por supuesto. He mandado cuadros a Italia, a Portugal.

– ¿Dónde los podemos ver?

– Es muy fácil: Florenciaruiz.com.

– ¿Cómo nos ven a los argentinos ahí?

– Y Argentina está bien posicionada aquí. Yo con el tiempo me he puesto más latina. Tengo muchos amigos latinos aquí. Bolivianos, paraguayos, uruguayos, venezolanos y colombianos. Y tengo muchas cosas en común con ellos. Yo siempre digo que soy una gran chaqueña latina.

– ¿Pero ¿cómo ven nuestro país ustedes?

– No se sabe tanto. Acá solo llegan las noticias más catastróficas. No llegan muchas noticias últimamente.

– ¿Qué mensaje les darías a los jóvenes que se quieren ir de Argentina?

– Que tienen que pensar muy bien. Poner en la balanza y analizar: ¿A buscar qué? ¿Un trabajo? ¿Una ilusión? ¿Un amor? ¿Una pareja? Lo mío fue casual y porque soy aventurara. Un día dije me voy y ya vuelvo. Y no volví nunca. Pero es que hay que estar preparados al principio porque es difícil. A mí no me importaba nada cuando tenía 20 años. Yo he pintado casas, arreglé jardines, trabajé en un mercadillo, cuidé niños. Yo tenía esa disposición y también era la edad.  Estaba en un lugar nuevo y todo me parecía maravilloso, pero no es que llegué aquí y me esperaba un trabajo. Después de unos tantos años recién encontré que quería hacer. Y me planté. No fui más inconsciente. Por eso, si alguien tiene la posibilidad de viajar, que sea más consciente, sobre que se pregunté ‘para qué’, ‘cómo’ y ‘cuándo’. Y fijarse bien con estas elecciones.

– ¿Querés dejar un mensaje para tu gente de acá?

– Para mi familia y mis amigos. Decirles que yo me siento muy cerca siempre de ellos. Si hay algo que extraño es mi familia. Pero con los años me he elaborado y encontré la manera de sentirme cerca de ellos gracias a la tecnología. Y siempre creo que solamente hace dos años que me he venido.

– ¿Pensás visitarnos?

– Espero que sí. Hubo contratiempos que he tenido en los últimos años. Pero sí. Tengo ganas de ir. Sí, sí.

– Para comerte un buen asado

– No sé si tanto un asado, pero sí para compartir reuniones con amigos, una mateada.  Gracias por este espacio. Y quiero decir que soy la más chaqueña, la más chaqueñísima del mundo. Siempre hablamos con mi familia y decimos ‘¿qué hace una chaqueña con un milanés?’. Y yo lo digo con mucho orgullo: más que argentina yo soy chaqueña de corazón.

 

LAS OBRAS

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