Sus víctimas eran marcadas al azar, pero tenían “ojo clínico” para elegir a sus objetivos. En solo cuatro ataques, ocurridos entre el 5 de febrero y el 7 de mayo pasados, una organización criminal dedicada a robar a personas que seguía desde que salían de hacer operaciones en financieras en el microcentro porteño se hizo de un botín de casi $11.000.000.

Así surge de una resolución en la que el juez en lo criminal y correccional porteño Darío Bonanno, a cargo del expediente judicial, procesó con prisión preventiva a cuatro integrantes de la banda de ladrones, organización que fue desbaratada a fines del mes pasado después de una investigación de detectives de la División Robos y Hurtos de la Policía de la Ciudad.

La banda, según la resolución del juez Bonanno a la que tuvo acceso LA NACION, estaba “destinada a cometer diversos delitos en forma indeterminada, por medio de una pluralidad de planes delictivos, uno de los cuales consistió en la coordinación de todos sus miembros para ocupar cada uno el rol necesario que posibilite la sustracción violenta de dinero y bienes a las personas que concurren al microcentro a realizar operaciones con dinero en efectivo”.

El magistrado procesó con prisión preventiva a Edwin Alirio Mojica Devia, un ciudadano colombiano de 31 años; Nathalia Mendoza García, nacida en Colombia y de flamantes 25 años; Carolina Insfran, porteña y de 30 años, y Gonzalo Gabba, de 26 y apodado Charly, según consta en el dictamen del procesamiento.

En los próximos días, el juez Bonanno definirá la situación procesal de otros 14 imputados detenidos por la Policía de la Ciudad. En ese grupo de sospechosos se encuentra el presunto líder de la banda, Diego Hernández Arias, apodado Cachete.

Como informó LA NACION después de los operativos que desbarataron a la organización criminal, las víctimas de la banda eran marcadas cuando dejaban su vehículo estacionado en un garaje ubicado en avenida Corrientes 436.

“Cuando se confirmaba que, luego, el dueño del vehículo marcado realizó alguna operación bancaria o financiera, se activaba la persecución de la que participan autos, bicicletas y motos cuyos conductores, coordinando perfectamente sus movimientos y manteniendo constante comunicación entre sí, seguían el trayecto que hacían las víctimas desde la salida del estacionamiento hasta su destino final.

Cuando el [el blanco elegido] finalizaba su viaje y terminaba de estacionar lo abordaban y, en forma violenta, exhibiendo armas de fuego le sustraían con fuerza grandes sumas de dinero”, sostuvo Bonanno en su resolución.

En la investigación, de la que también participaron la secretaria penal Soledad Mariño y el equipo del fiscal José María Campagnoli, le adjudicaron a la banda de Cachete cuatro hechos delictivos en los que se hicieron de un botín de 11.000.000 pesos (entre dólares y billetes de la moneda nacional) y una notebook marca Apple modelo Macbook.

Para no llamar la atención, uno de los ladrones que cumplía la función de “marcador” simulaba ser un repartidor en bicicleta y se vestía con ropas similares a los que lo hacen las personas que trabajan para la app de delivery Rappi, según quedó acreditado en el expediente.

Ataque en Saavedra

El primer ataque por el que fueron procesados los sospechosos ocurrió el 5 de febrero pasado a las 11.15. La víctima, que fue sorprendida por los delincuentes cuando estacionaba su Renault Sandero en Ruiz Huidobro al 2414, en Saavedra, sufrió el robo de 500.000 pesos.

“Se logró determinar que la víctima había salido del estacionamiento Apart Car situado en la avenida Corrientes 436 y desde allí fue seguido en primer lugar por una bicicleta conducida por una persona vestida de rojo, ropa similar a los que usan [los repartidores] de Rappi.

En Alem y Tucumán. [al seguimiento] se sumó una moto Honda Tornado 250 roja y blanca. Luego de ello hicieron lo mismo un vehículo Renault Fluence y dos motos más, una Bajaj Dominar 400 negra y otra Bajaj Rouser 200 negra y azul.

La víctima estacionó sobre Ruiz Huidobro al 2400 y en ese instante arribaron las tres motos mencionadas, colocándose cada una de ellas en diferentes posiciones, momento en el cual descendieron dos delincuentes del auto, que esperaba en San Isidro Labrador y Huidobro, quienes se acercaron al vehículo de la víctima y luego de romperle los cristales delanteros se apoderaron del dinero”, sostuvo el juez en el procesamiento.

El segundo hecho probado por los investigadores sucedió el 19 de febrero pasado a las 11.40 en avenida Cerviño a escasos metros de la avenida Bullrich cuando la víctima se había detenido por un semáforo en rojo.

En esa oportunidad, los ladrones se hicieron de un botín de 50.000 dólares, unos $7.400.000 a la cotización del dólar blue de ese día, una llave de una caja de seguridad contratada en un banco y una notebook Apple Macbook.

La víctima de ese segundo ataque también había dejado su camioneta Nissan Kicks en el estacionamiento de la avenida Corrientes 436 y fue seguida desde Alem y Tucumán.

El tercer robo, según el auto de procesamiento, ocurrió el 31 de marzo a las 13.45 y fue el más violento porque para apoderarse de U$S 20.000, unos 2.820.000 pesos, según la cotización del momento del hecho, los delincuentes forcejearon y amenazaron a la víctima, cliente del mismo estacionamiento.

La víctima fue sorprendida en Rafael Hernández y Manuel García, en Belgrano. “Al disminuir la velocidad de su vehículo oyó el estallido del cristal de su ventanilla y el delantero del lado opuesto. En ese instante, un ladrón ingresó el brazo por la ventanilla del acompañante y tomó la mochila, dándose un forcejeo entre ambos.

Por su parte, desde la ventanilla del conductor, un segundo delincuente comenzó a gritarle para que soltara la mochila, a la vez que le propinaba golpes en su cabeza, brazo y costillas del lado izquierdo con un elemento punzante. Luego del forcejeo y los golpes, los ladrones escaparon con el dinero en dos motos”, se explicó en la resolución.

Por último, el 7 de mayo pasado, los ladrones se hicieron de un botín de 250.000 pesos. Este fue el único caso donde la víctima fue seguida desde otro estacionamiento, situado en la avenida Corrientes al 700.

Los ladrones actuaron cuando su “blanco” estacionó su camioneta Dodge Journey en Cuba al 3000, en Núñez.

Fuentes judiciales afirmaron a LA NACION que para los investigadores fue clave para poder identificar a los sospechosos la información aportada desde el Centro de Monitoreo Urbano (CMU) porteño.

Indagatorias

Cuando fueron indagados, Mojica Devia, Gabba y Mendoza García hicieron uso de su derecho a negarse a declarar. Insfran hizo un descargo por escrito donde afirmó ser “ajena a los hechos” que le imputaron y explicó que tuvo una “relación sentimental” con uno de los detenidos (cuya situación procesal aún tiene que ser resulta) y que esa cuestión [sentimental] es su única relación con la causa.

“Nunca tuve nada que ver con esa organización criminal de la que creen que participé, nunca tuve intervención ni conocimiento de los hechos que me han relatado, nunca hice nada de todo lo que me imputan”, según el escrito que presentó.

Dijo que su pareja se llevó la moto que utilizaban para hacer el reparto del emprendimiento de venta de ropa que tenía. Ese vehículo habría sido utilizado por la banda.

Para el juez Bonanno “la prueba cargosa acumulada contra aquellos resulta suficiente como para agravar su situación procesal, con los alcances de esta etapa [de la causa]”.

LA NACIÓN

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