Banderas a media asta. Un minuto de silencio guardado en todas las instituciones públicas y escuelas del país. Un funeral solemne con la presencia de una treintena de gobernantes y exgobernantes de medio mundo.

Francia despide este lunes con los máximos honores al expresidente Jacques Chirac, una figura constante en la política nacional del último medio siglo del país no exenta de controversia, pero cuya proyección personal superó ampliamente la figura del estadista.

Tras el masivo adiós popular a Chirac, cuyo féretro fue visitado la víspera por miles de personas que aguardaron kilométricas filas para homenajear a quien durante décadas ocupara algunos de los principales puestos políticos del país —alcalde de París, ministro, primer ministro y presidente—, una Francia de luto nacional le dio una despedida solemne este lunes al político conservador.

Después de una ceremonia íntima a la que solo asistió la familia, el presidente Emmanuel Macron acudió hasta el Palacio de los Inválidos donde desde el domingo estaba el féretro de Chirac para asistir a los honores militares a su predecesor. Mientras, representantes de todas las esferas de la política francesa iban ocupando los espacios reservados en la iglesia Saint Sulpice donde se celebrará el funeral oficial.

Presentes estaban también todos los demás antiguos inquilinos del Elíseo —Valéry Giscard d’Estaing, Nicolas Sarkozy y François Hollande—, así como una treintena de invitados internacionales. Hasta París viajaron expresamente a despedir a uno de los presidentes franceses más longevos —ocupó el Elíseo 12 años, entre 1995 y 2007— mandatarios como el presidente ruso Vladímir Putin, el italiano Sergio Mattarella o el alemán Frank-Walter Steinmeier, así como el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, o el primer ministro libanés, Saad Hariri, cuyo padre, el asesinado primer ministro Rafik Hariri, fue un gran amigo de Chirac que le prestó gratuitamente un lujoso apartamento en París en el que vivió tras su partida del Elíseo.

Invitados al funeral, tras el cual los restos de Chirac serán inhumados en estricta intimidad en el parisino cementerio de Montparnasse, estaban también antiguos gobernantes como el español José Luis Rodríguez Zapatero o el expresidente estadounidense Bill Clinton, según el Elíseo, que también ha anunciado la presencia del rey Abdalá de Jordania y del emir de Catar, Tamim Bin Hamad al-Thani.

Desde su muerte, el pasado jueves a los 86 años, la prensa nacional e internacional ha destacado la figura de un presidente a quien, entre otros, se le reconoce el firme no que dio en 2003 a la guerra de Irak iniciada por el estadounidense George W. Bush. Chirac también es recordado por ser el primer jefe de Estado galo en admitir la responsabilidad de Francia en la persecución de judíos durante el régimen colaboracionista del mariscal Pétain durante la Segunda Guerra Mundial o por ser uno de los primeros mandatarios que alertaron de los riesgos del cambio climático.

Fue asimismo el político que se enfrentó —y derrotó— en segunda vuelta por primera vez a un candidato presidencial de extrema derecha, el líder del Frente Nacional Jean-Marie Le Pen. Su hija y hoy líder de la formación ultraderechista, ahora nombrada Reagrupamiento Nacional, Marine Le Pen, decidió no acudir al funeral de Chirac como tenía inicialmente previsto ante la frialdad con que la familia del expresidente acogió su pretendida participación, según anunció la propia Le Pen.

Pero son también muchas las sombras que se extienden durante sus largos años en la política, marcada por la condena en 2011 —cuando ya había abandonado la política y casi no se dejaba ver en público— por malversación de dinero público y abuso de confianza, algo inédito hasta entonces en Francia. Fue también durante su segundo mandato que Francia, con el “no” que los ciudadanos dieron en referéndum al Tratado europeo, sacudió los pilares de una Unión Europea que tampoco defendió siempre con un entusiasmo sincero.

Si bien los franceses recordaban estos días que fue él quien acabó con el servicio militar obligatorio, su legado en cuanto a reformas profundas de la Francia que gobernó en diversos puestos durante décadas —además de presidente durante 12 años, fue varias veces ministro entre 1967 y 1974 y dos veces primer ministro (entre 1974 y 1976 y entre 1986 y 1988)— también es magro.

A pesar de ello, los franceses se han volcado estos últimos días en la despedida de un político inmensamente popular más por su carisma personal y su don de gentes que por sus logros políticos. Al menos 7.000 personas acudieron durante toda la jornada del domingo —y parte de la noche— a despedir a Chirac, en cuyo honor también cientos de ciudadanos dejaron mensajes en sendos libros de condolencias abiertos tanto en el Elíseo como en el Ayuntamiento de París que ocupó durante casi dos décadas (1977-1995).

Claude Chirac, la hija menor del expresidente —la mayor, Laurence, falleció en 2016 y reposa en la tumba en la que también será enterrado su padre ahora— acudió la noche del domingo al Palacio de los Inválidos para agradecer el apoyo popular a su padre.


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