Aunque debería haberse tomado unos días de relax después de una campaña electoral agotadora, Giorgia Meloni al final no descansó las últimas jornadas que pasó, junto a su hija Ginevra, en el paradisíaco complejo turístico de Borgo Egnazia, en la Apulia, a la vera del mar Adriático y entre milenarios olivares.

Allí, donde este jueves arrancó una cumbre del G-7 como siempre blindada, que nunca se hubiera imaginado presidir hace tres años, la primera ministra -fortalecida a nivel interno y externo con el brillante resultado de las elecciones europeas- se la pasó trabajando, controlando cada detalle, cada aspecto logístico, porque, de buena anfitriona, quiere que su gran cita con otros líderes globales sea todo un éxito.

De izquierda a derecha: el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, el canciller alemán, Olaf Scholz, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, el presidente francés, Emmanuel Macron, la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, el presidente estadounidense, Joe Biden, el primer ministro japonés, Fumio Kishida, el primer ministro británico, Rishi Sunak y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, posan para una foto familiar en el complejo Borgo Egnazia

En el encuentro participará por primera vez un pontífice -Francisco, invitado por Meloni-, así como el presidente argentino, Javier Milei, que partió rumbo a Italia después de la aprobación en general de la ley Bases en el Senado. El G-7 reúne a Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Japón e Italia.

Aunque será un G-7 que se da en uno de los momentos más convulsionados del mundo -con la guerra en Ucrania y la de Israel y Hamas en la Franja de Gaza aún sin solución a la vista, la amenaza nuclear rusa siempre latente, la rivalidad Estados Unidos-China al rojo vivo-, para Meloni la cumbre de los países más industrializados del mundo es otra apuesta a futuro.

La premier utilizará la cita de los integrantes al club de los países más ricos del mundo para seguir proyectando esa imagen de política pragmática, más moderada de lo que muchas cancillerías temieron cuando fue electa al frente de Hermanos de Italia -un partido posfascista, a fines de 2022-, y para seguir teniendo un rol cada vez más influyente a nivel internacional.

Aunque el G-7 también será un test para Meloni. La primera ministra abrió este jueves la cumbre revigorizada, es verdad, sobre todo después de los terremotos sufridos por otros dos líderes de miembros del G-7: el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Olaf Scholz, que perdieron sonoramente las elecciones europeas. Los desafíos por delante son evidentes.

El presidente francés, Emmanuel Macron, escucha a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, en una sesión de trabajo con líderes mundiales durante una cumbre del G7 en Borgo Egnazia

Más allá de la debacle franco-alemana en esos comicios, según analistas también hubo un ganador externo: el presidente ruso, Vladimir Putin, que descorchó champagne al ver cómo ganaron peso en los comicios para renovar el Parlamento Europeo partidos de extrema derecha “amigos” del jefe del Kremlin.

Y esta cumbre del G-7 pondrá a prueba la “reputación global” de este formato que, bien o mal, representa a los países más importantes de Occidente, advirtió Piero Benassi, reconocido diplomático italiano. Más allá de la “photo opportunity”, en efecto, habrá que ver si finalmente los países miembros del G-7 se pondrán de acuerdo sobre cómo utilizar los beneficios de los fondos rusos congelados después de la guerra, que deberían significar ayuda para Ucrania.

Según fuentes informadas, este acuerdo estaría a punto de ser alcanzado. Aunque la Unión Europea (UE), que también participa del G-7, hizo saber que todavía hay “aspectos técnicos” que resolver: el nudo tiene que ver con los instrumentos y los canales para usar para recolectar en el mercado los 50.000 millones de dólares garantizados justamente por los activos rusos.

Giorgia Meloni saca un selfie con los fotógrafos en la cumbre del G7

Al lujosísimo complejo turístico de Borgo Egnazia llegará también el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, que insistirá en la necesidad de ulteriores armas para poder defenderse del agresor ruso. Un llamado que hará en vísperas de una cumbre en Suiza en la que volverá a tratar de convencer a más países posibles sobre la necesidad de una convergencia en la “fórmula de paz” pensada por Ucrania, que en uno de sus puntos exige la retirada de los rusos de la región del Donbass y de la península de Crimea ocupadas, algo considerado por todo el mundo muy difícil, sino una utopía.

Ucrania no será el único rompecabezas. También se hablará de Medio Oriente, es decir, la guerra entre Hamas e Israel en Gaza. La semana pasada, los líderes del G-7 aprobaron una propuesta de acuerdo de paz que prevé un alto el fuego inmediato, la liberación de todos los rehenes secuestrados por Hamas el 7 de octubre, un aumento de la ayuda a los palestinos y la búsqueda de una solución basada en la coexistencia de dos Estados.

De izquierda a derecha: el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, el canciller alemán, Olaf Scholz, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, el presidente francés, Emmanuel Macron, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, el presidente estadounidense, Joe Biden, el primer ministro japonés, Fumio Kishida, el primer ministro británico, Rishi Sunak: la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, asisten a una sesión de trabajo

Pero la propuesta, aprobada por Naciones Unidos e impulsada por Estados Unidos, sigue estando en alta mar: Hamas quiere que le aseguren que se detendrá la ofensiva militar de Israel, algo que Benjamin Netanyahu no quiere porque de detenerse la guerra pasaría a estar en riesgo su supervivencia política.

También estarán sobre el tapete África, el cambio climático, el desarrollo, las migraciones y la seguridad económica. Esto último incluye discusiones sobre las tensiones en la región de Asia Pacífico, así como sobre las tensiones comerciales entre China y los países occidentales por las tecnologías verdes.

Con la presencia estelar del papa Francisco -que se convertirá en el primer pontífice que pisa un G-7-, el viernes por la tarde también se hablará del desafío que implica la Inteligencia Artificial (IA) y energía, un tema que impuso Italia.

Es justamente a ese bloque sobre IA al que han sido invitados por Meloni Estados como el Vaticano y la Argentina, que no pertenecen al grupo, así como Brasil, Argelia, Jordania, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, la India y Mauritania (que preside la Unión Africana), entre otros.

“Antes que hablar de IA habría que hablar de inteligencia natural”, bromeó el exarzobispo de Buenos Aires, al hablar con interlocutores sobre su futuro paso por el G-7, donde, según trascendió, también hablará de paz. Es justamente en este contexto de su cada vez mayor preocupación por un mundo que se encuentra en una “tercera guerra mundial en pedazos”, que el Papa tendrá una reunión bilateral con Joe Biden y con al menos otros seis jefes de Estado.

Como suele suceder en estos foros, las reuniones bilaterales -así como las informales- serán el plato fuerte de la cumbre, sobre todo en vista del nuevo brazo ejecutivo de la UE y de la apuesta de Macron a elecciones anticipadas.

En uno de los lugares más exclusivos de la Puglia y en una cumbre donde casi todos los mandatarios irán acompañados por sus parejas, no faltarán momentos de esparcimiento, como la cena inaugural de cuatro pasos que Meloni, acompañada para la ocasión por el presidente italiano, Sergio Mattarella, ofrecerá este jueves por la noche en el espectacular castillo suabo de Brindisi.


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