Los alumnos tenían pánico de ir a la escuela porque aseguraban ver un fantasma en el baño del lugar. Debió intervenir un juez para investigar y hasta participó de la pesquisa una comisión de fenómenos paranormales.

En 1989, la Argentina (el mundo en realidad) era otro. No había internet ni redes sociales ni teléfonos celulares ni televisión masiva por cable.

Las cosas se contaban cara a cara y había más tiempo para pensar, acaso para elucubrar o imaginar. Y una historia de fantasmas por entonces no tenía refutadores inmediatos.

En septiembre del 89, en una de las escuelas más grandes de Santiago del Estero, en La Banda, un grupo de chicos aseguró haber visto un fantasma en uno de los baños del lugar. No un chico. Ni dos ni tres. Muchos chicos aseguraron haber visto lo mismo.

La imaginería infantil que supusieron en un primer momento los adultos pronto se tornó pánico. Pánico real. Los chicos no querían volver a la escuela.

El caso se viralizó del modo más humano: de casa en casa, de mesa en mesa, de boca en boca. Unos días después, la ciudad estaba paralizada. La gente no quería pasar por la vereda de la escuela.

A tal punto llegó la desesperación santiagueña que decidió intervenir un juez que quiso ir al grano: averiguar qué pasaba en ese colegio.

Fue un caso inédito en el mundo. El proceso judicial incluyó una comisión investigadora de fenómenos paranormales y hasta a un cura exorcista. Y pasaron cosas.

Treinta y tres años después nadie en la provincia desconoce esta historia. Muchos incluso prefieren no volver a indagarla. Aquí, lo que pasó esos días.


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