Enrique Guillermo Arévalo fue condenado por el delito de abuso sexual con acceso carnal, agravado por la relación de convivencia y encargado de la educación o de la guarda, y corrupción de menores.

La causa estaba bajo la jurisdicción de d el juez Rodolvo Gustavo Lineras, de la Cámara Primera en la Criminal, de Presidencia Roque Sáenz Peña, y la sentencia de culpabilidad coincidió con el pedido de la fiscal María Rosa Osicka, aunque la profesional había demandado una pena de 24 años de prisión efectiva.

Arévalo fue un reconocido entrenador de básquet tanto en la provincia como a nivel nacional, con logros como el de haber coronado campeón al seleccionado chaqueño de mayores en un campeonato argentino en el año 1996. En los últimos años había dirigido en varias instituciones de prestigio de la provincia y la región y al momento del hecho por el que fue condenado se encontraba residiendo en la segunda ciudad del Chaco.

En este caso que lo llevó a la cárcel había sido denunciado por la madre del menor, de 14 años, oriundo de Las Palmas. La mujer denunció que le había confiado su guarda mientras residiera en Sáenz Peña con él, con la promesa de que Arévalo lo entrenaría para la alta competencia mientras se desempeñaba como técnico del Club Belgrano. Pero todo se precipitó un día en el adolescente se escapó de la vivienda que compartía con el técnico fue encontrado en la ruta “haciendo dedo”, por una familia a la que le contó el calvario al que era sometido.

La fiscal Osicka fundamentó el pedido de condena durante su alegato en el informe remitido por el Juzgado de Paz de Las Palmas donde consta la autorización de la madre del menor a favor de Arévalo, el informe de la junta médica forense que corroboró que la víctima presentabas lesiones compatibles con el hecho denunciado, el informe del equipo interdisciplinario, el resultado de las pericias practicadas a los teléfonos y soportes informáticos secuestrados a Arévalo, y los testimonios ofrecidos en la sala de audiencias.

La funcionaria judicial consideró que estos elementos eran más que suficientes para probar los abusos y el contexto de los mismos, y sumó la versión ofrecida por la víctima en Cámara Gesell, que no dejaban lugar a dudas.

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