El crimen de un trabajador rural en Tucumán: su hermano afirma que sabe “quién le disparó”

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Una semana después de su desaparición, encontraron el cuerpo de Luis Espinoza el viernes por la tarde, unos 150 metros al fondo de un precipicio en el límite de Tucumán y Catamarca.

Estaba envuelto en bolsas blancas y negras, atadas con cintas. “El corazón me daba que él no estaba más aquí”, reconoció quebrada Gladys. Su instinto de madre supo desde el principio que ya no volvería a ver a su hijo.

La familia del trabajador rural asesinado fue recibida en las últimas horas por la fiscal a cargo de la investigación, Mónica García de Targa, y al terminar el encuentro manifestaron: “Nos dijo que va con todo el peso de la ley contra los responsables; han prometido perpetua para todos”.

Los policías involucrados en la causa que investigaba la desaparición forzosa de Espinoza, y que ahora fue recaratulada como homicidio agravado, son nueve: dos de ellos finalmente se quebraron y aportaron datos precisos sobre el lugar en donde habían escondido el cuerpo.

La confirmación sobre el destino fatal de Espinoza cerró un capítulo de la historia, pero el camino para conseguir Justicia recién empieza. Gladys no pudo volver a ver a su hijo. El estado del cuerpo hizo que tuvieran que velarlo a cajón cerrado.

Con un gran dolor, la mujer se esforzó por mantenerse de pie y cruzó algunas palabras con los medios. En diálogo con El Tucumano cuestionó el accionar policial durante los rastrillajes, aseguró que los agentes ni siquiera querían meterse en el agua para rastrear el cuerpo de su hijo y que fueron sus vecinos quienes terminaron sumergiéndose en la zona del dique El Frontal para encontrarlo.

Pero además, reveló otro hecho que suma indignación: “La plata no ha aparecido, no ha aparecido nada de él”. La mujer se refería al dinero de la pensión que la víctima volvía de cobrar en el momento en el que quedaron, junto a su hermano Juan, atrapados en la persecución policial.

Juan recibió un fuerte golpe pero antes de desvanecerse, recuerda a su hermano gritarle a la policía que no le pegaran y el estruendo de un disparo. Cuando recuperó la consciencia, la víctima ya no estaba. Él fue el último en verlo con vida y pide que lo lleven a una rueda de reconocimiento. “Yo sé quién le pegó el disparo. No tengo problemas si me llevan a reconocerlo”, afirmó a Primera Fuente.

Luis Espinoza tenía seis hijos y se le había quemado la casa. “Él trabajaba para terminar su casita y no podía terminar. Él siempre pensaba en sus hijos, nunca los dejaba sin nada”, agregó entre lágrimas su mamá, y concluyó: “El Estado pagaba a la Policía para que nos cuide a nosotros, no para que nos mate, ellos nos tenían que cuidar a nosotros”.

Fuente: TN

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