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Con motivo del Día Internacional del Acoso Escolar que se conmemora este domingo 2 de mayo, la Dirección General de Políticas Socioeducativas e Igualdad de Géneros de la Subsecretaría de Educación de la Provincia hace una reflexión sobre esta fecha, recordando las herramientas con que cuentan los y las docentes y las familias de los y las estudiantes para contribuir con la superación de las distintas situaciones que se suelen dar en el ámbito de la escuela, como reflejo de la violencia que persiste en nuestra sociedad.
El Ministerio de Educación de Chaco cuenta con los Equipos de Apoyo y Orientación Escolar
que asesoran, orientan y acompañan en el abordaje de las diferentes situaciones complejas que acontecen en la vida escolar, como pueden ser las de violencia. Pero estos equipos también colaboran con la generación de condiciones favorables para la enseñanza y el aprendizaje y a configurar instituciones más democráticas, inclusivas y de cuidado de todos y todas.

Además, se ofrece una herramienta conceptual y metodológica muy importante como ser la “Guía de Orientaciones para la intervención educativa en situaciones complejas relacionadas a la vida escolar” (actualmente en revisión y elaboración, pero vigente) y el cuadernillo “Acoso entre pares. Orientaciones para actuar desde la escuela” del Ministerio de Educación de la Nación.

Desnaturalizar el acoso
El acoso u hostigamiento escolar es una de las formas de violencia entre pares que pueden acontecer en las escuelas. Se trata de la agresión hacia una persona o grupo cometida por una o más personas –generalmente más– realizada en forma sistemática y repetida en el tiempo, y sobre la base de una relación asimétrica de fuerzas.

Cabe aclarar que la relación asimétrica de fuerzas entre los estudiantes no antecede al acoso sino que se produce en la misma escena, a la vez que es su efecto. No hay en sí mismos sujetos “fuertes” o “débiles”.
Ambas características tienen que estar presentes para que se trate de un caso de hostigamiento o acoso: la perduración en el tiempo y la relación asimétrica de poder.
El acoso es un fenómeno grupal en el que intervienen generalmente, además de quienes acosan y quienes son acosados, otros sujetos en calidad de testigos o espectadores, que no agreden directamente pero presencian e incluso en algunos casos se suman a las agresiones, humillaciones o burlas. Las agresiones pueden ser físicas y/o psíquicas: golpes, amenazas, humillaciones, aislamientos o exclusiones, burlas, rumores o formas más sutiles, como gestos, entre otras.

Cuando el acoso se realiza en el espacio virtual (a través de las redes sociales o teléfonos celulares) nos referimos a ciberacoso. Algunos ejemplos: hacer circular rumores, difundir fotos comprometedoras, distribuir correos electrónicos ofensivos, abrirse un perfil en Facebook usurpando la identidad de otro; subir a Internet filmaciones o fotos de situaciones de humillación; enviar mensajes amenazantes por correos electrónicos o mensajes de texto por celular, alentar a no concurrir al cumpleaños, entre otros.

La escuela como espacio de cuidados
En el Sistema Educativo no se utilizan los enfoques teóricos de bullying, porque éstos utilizan explicaciones centradas en características inherentes a los sujetos, violentos o pasibles de ser victimizados (víctimas o victimarios), tomados de la Victimología Clásica. En cambio, como se considera que hablamos de sujetos en desarrollo y formación, utilizamos un enfoque relacional. Esto evita estigmatizaciones de los y las estudiantes, así como que sus identidades queden fijadas en estas categorías.

Todo enfoque tiene su correlato en el modo de abordar la situación. Cuando hablamos del enfoque relacional, hablamos de que una manifestación de violencia tiene lugar no solamente por características de las personas involucradas o por circunstancias individuales, sino también por las interacciones entre los sujetos. Estas, a su vez, no se producen en el vacío sino en un determinado contexto.
Los comportamientos que asumen las personas tienen relación directa con ese contexto en que ocurren las interacciones. Si los comportamientos son situacionales, entonces no necesariamente se conforman como identidades. No hay niños/as o adolescentes acosadores o propicios de ser acosados, sino que actúan ese rol o se comportan de ese modo en unas circunstancias determinadas.
El acoso entre pares requiere de una intervención inmediata, una vez que acontece en la escuela, detener la situación. Sin la intervención docente es casi imposible que la dinámica relacional cambie. Las conclusiones del Observatorio Argentino de Violencia en las escuelas del Ministerio de Educación de la Nación (2014) en escuelas secundarias, indican que las situaciones de violencia disminuyen ante la intervención docente y que los y las estudiantes reconocen y valoran la intervención.
El abordaje de la situación atañe a la escuela en su conjunto. Lo primero es sentar posición: es indispensable que la/el docente haga oír a los/as estudiantes que las situaciones de acoso no tienen lugar en la escuela. El límite no debe ponerse de manera violenta ni generando humillación, ya que puede reforzar la violencia.
Hay que evitar que las medidas que se tomen a continuación sean sólo punitivas para el que acosa y sobreprotectoras para quien es acosado, ya que se refuerza la asimetría de fuerzas.
Lo segundo y muy importante es dar la palabra a los y las estudiantes: Tanto el que es hostigado, como el que hostiga y los/as compañeros/as involucrados/as tienen que poder hablar sobre lo que les sucede. Generar espacios diferenciados en principio para poder preguntar: qué le pasa, porqué se presenta de este modo ante los/as compañeras/os, cómo se siente en su casa, por ejemplo. Preguntas que alojen, que posibiliten la expresión, que se sientan escuchados, cuidados, contenidos.
Involucrar al grupo de pares es fundamental, sin la presencia de este público la situación perdería sentido, no tendría lugar. El grupo puede colaborar para que no haya malos tratos.
Ahora, cuando pensamos en un contexto donde estas situaciones tienen lugar, donde se ponen en juego estos roles, nos referimos a la escuela en su conjunto, a la institución, a su vida cotidiana, a su organización y funcionamiento. Entonces, desde allí ¿Qué podemos hacer para prevenir situaciones de violencia, para construir una institución que cuide a todos y todas?
La lógica de la promoción propone trabajar sobre las condiciones previas que la escuela debe trabajar y poner en marcha para que ciertos vínculos encuentren un lugar, y otros, no. Es así que se propone promover desde la escuela vínculos solidarios, pluralistas, basados en el respeto mutuo, trabajar en la valoración de las diferencias y la diversidad, en el tratamiento democrático de las situaciones conflictivas, en el reconocimiento del otro/a como semejante.
Construir de manera conjunta los Acuerdos de Convivencia, conformar los Consejos de Aula y Escolares, los Centros de Estudiantes; generar espacios de circulación de la palabra, de participación real de los y las estudiantes en la vida escolar. Constituirnos en adultos/as atentos, dispuestos. Construir autoridad democrática. Fortalecer las redes comunitarias y los lazos con las familias.
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