La Comisión Arquidiocesana de Justicia y Paz emitió un documento en el que expresó su posición sobre el incremento de la violencia y el desorden de las instituciones que ocurren en estos tiempos y que abarca a todos los estratos sociales. En la misma reiteran su oposición a la legalización del aborto y a la ley para que se enseñe la ideología de género en forma obligatoria, aún para los más pequeños.

El documento de la Comisión Arquidiocesana de Justicia y Paz expresa puntualmente:

“Los acontecimientos de los últimos tiempos en nuestro país y provincia nos muestran un incremento de la violencia y el desorden de las instituciones que de distintas maneras afectan a la sociedad toda.

La violencia y el desorden imperante tienen muchas formas de manifestarse y no está solamente en los niveles políticos o gremiales, sino que abarca a todos los estratos sociales.

Cuando todavía no terminamos de salir de la lucha que generó la propuesta  del Gobierno Nacional para que se implemente la ley del aborto, que a Dios gracias fue rechazada, se busca implementar a la fuerza, una ley para que se enseñe la ideología de género en todo el país en forma obligatoria, aún para los más pequeños.

Todo sin contar con el aval de los padres, que son quienes deciden qué enseñanza tendrán sus hijos y no la que el Estado quiera imponer en forma autoritaria, como lo hacen los Gobiernos totalitarios.

Este tipo de acciones sin lugar a dudas generan violencia no solamente a nivel de las conciencias de quienes se ven directamente afectados, sino por las consecuentes luchas que se llevan a cabo dividiendo al país con posiciones cerradas al diálogo e irreconciliables.

Mientras que en potencias mundiales como lo son Rusia y China, estas teorías fueron rechazadas de plano, porque saben que si no cuidan a sus familias, sus sociedades se desintegrarán, en nuestro país se busca de todas formas de relativizar las responsabilidades en formar familia y en educar a sus hijos.

La pobreza, la falta de trabajo, la inflación, el costo del dinero, los bajos ingresos impulsan a la gente a la rebelión y a la protesta generándose desórdenes callejeros que atentan contra los intereses de los ciudadanos que, en su mayoría trabaja y quiere vivir en paz.

En nuestra provincia en la última manifestación piquetera un comisario de la policía provincial fue herido gravemente en el rostro y sin que hasta el momento se hayan esclarecido la identidad y las responsabilidades del o los autores del hecho.

Las calles de Resistencia siguen dando el espectáculo de un verdadero caos, a pesar del pedido de la Cámara de Comercio y otras entidades de poner fin a esa ocupación fuera de la ley; y todo sigue igual que antes, sin la intervención requerida a las autoridades responsables.

No solo se cortan las calles con los piquetes sino que actos particulares, y también de institutos, las ocupan para festejar sus eventos, como si no hubieran plazas y Domos suficientes, que eviten molestar a los demás. A esto se suma amenazas y el corte al tránsito en el puente interprovincial.

La inseguridad y los moto-chorros son una realidad de todos los días sin que nadie les ponga fin a esta pesadilla; no se sabe cómo imaginar lo que sucederá al llegar las fiestas de fin de año.

Podríamos seguir con una lista larga de malos ejemplos, pero creemos que toda la ciudadanía está al tanto y suficientemente bien informada.

Solo queremos hacer oír nuestra voz para afirmar una vez más, que la violencia conduce a generar más violencia. El desorden no atendido por las instituciones republicanas que deben velar por la paz social puede conducirnos siempre a más y nuevos enfrentamientos.

Pedimos a las autoridades responsables de todos los niveles, vigilancia y la atención preventiva concreta para evitar que la situación se desborde y caigamos en un caos social.

Creemos en la fortaleza de la ciudadanía comprometida con el bien común para convocarla a sentirse protagonista, a no perder las perspectivas o a quedar prisionera de esta realidad fragmentada, donde parece dominar la violencia y el desorden social.

También aquí nos iluminan las palabras de PP Francisco, que nos desafían a estar centrados en lo esencial y a descubrir que también esta crisis puede ser una oportunidad de crecimiento. Ante “el conflicto, que no se puede ignorar o disimular, debemos asumirlo, y no quedar atrapados en él.  Estamos en una coyuntura conflictiva, pero no queremos perder la serenidad, la sensibilidad y la destreza para transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso de madurez [cf. EG 226].

En este espíritu, nos ofrecemos como Comisión, para intervenir dentro de nuestras posibilidades, en gestiones a favor de la no violencia y el orden establecido por la ley y las instituciones.

Nuestro compromiso cristiano nos anima a buscar con creatividad modos y caminos que nos lleven a un mayor entendimiento como ciudadanos, porque todos somos dignos de una mejor convivencia en nuestra querida Patrias”, finalizan.


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