Muchos republicanos parecen haber iniciado ya su divorcio, o su separación al menos, de Donald Trump; pero todo indica que su influencia seguirá corroyendo algún tiempo más a un partido que necesita del fervor de sus bases tanto como del votante de centro.

La gota que rebalsó el vaso fue el reciente discurso del presidente incitando a la turba que atacó el Congreso luego de que Trump la instara a “luchar con furia” contra los resultados de las elecciones y a no aceptar su derrota frente al demócrata Joe Biden.

Las secuelas del asalto al símbolo supremo de la democracia más antigua del mundo son conocidas: cinco muertos, imágenes escandalosas, un país en vilo y el único presidente estadounidense sometido a dos juicios políticos.

Ahora, solo una eventual condena e inhabilitación de Trump parecerían poder poner fin a sus ambiciones electorales, pero a riesgo de inflamar más los pasiones y perder el respaldo de muchas de las decenas de millones de personas que lo votaron en 2020.

Esa es la encrucijada actual del ‘Viejo Gran Partido’: cómo deshacerse de Trump conservando los corazones -y los votos- del trumpismo y reconquistar, a la vez, al electorado independiente ahuyentado por el tempestuoso líder.

Liderados por la hija del exvicepresidente Dick Cheney, Liz, diez congresistas republicanos se alinearon con los demócratas y votaron esta semana la acusación de juicio político contra Trump por “incitación a la insurrección” antes del ataque al Capitolio.

“Nunca hubo una traición mayor de un presidente de Estados Unidos a su cargo y a su juramento a la Constitución”, dijo Liz Cheney, tercera en la jerarquía republicana en la Cámara de Representantes, en vísperas de la votación.

En contraste, ni ella ni ningún otro representante republicano apoyó el impeachment de 2019 por el ‘Ucraniagate’.

También a diferencia de aquel proceso, el líder republicano del Senado, Mitch McConnell, no descartó condenar a Trump en el juicio que empezará este mes ya con Biden asumido, lo que daría cobertura a otros senadores para que también le bajen el pulgar.

“Es un giro dramático para un presidente que gozó de todo el apoyo de su partido, pero también una señal de los desafíos de los republicanos para los próximos meses”, destacó Conrad Raabe, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Loyola, de Nueva Orleáns.

“Con el partido pensando ya cómo retomar el Congreso en dos años y la Casa Blanca en 2024, muchos republicanos de alto rango, al parecer McConnell entre ellos, quieren una purga de Trump. Pero son más los que siguen con él”, dijo Raabe a Télam.

“Ciento noventa y siete (congresistas) votaron contra su impeachment. Este es un gran dilema para los senadores (republicanos) que pondrán en juego sus bancas en 2022: excomulgarlo (a Trump) podría dejarlos a ellos mismos fuera del Congreso”, añadió.

Tras perder ambas cámaras del Congreso y la Casa Blanca desde 2018, la suerte a corto plazo del Partido Republicano parece atada al resultado del juicio político y las decisiones posteriores de Trump.

Si es absuelto otra vez por el Senado y decide volver a presentarse en 2024, todo indica hoy que sería un rival muy difícil para cualquier precandidato presidencial y alguien de quien costaría distanciarse como aspirante republicano a cualquier otro cargo.

Más de ocho de cada diez republicanos opinan que no debería ser sometido a juicio político ni renunciar, según un sondeo de YouGov para CBS publicado esta semana.

Solo el 23% dijo creer que sus dichos y acciones alentaron la violencia en el Capitolio.

Por el contrario, según varios grandes medios estadounidenses, McConnell dijo esta semana a su entorno que Trump sí cometió delitos que justifican su destitución y que, además, una condena reduciría su influencia sobre el partido y las divisiones que genera.

En una nota dirigida a los demás senadores republicanos, McConnell confirmó después que no descartaba votar contra Trump, tras haberle prodigado obediencia durante casi todo su mandato.

“Aunque la prensa ha estado llena de especulaciones, no he tomado una decisión final sobre cómo votaré y tengo intención de escuchar los argumentos legales cuando se presenten en el Senado”, dijo.

Pero incluso si el ala tradicionalista republicana, deseosa de volver a las raíces conservadoras del partido, lograra reunir los 17 senadores necesarios y condenara y le impidiera luego a Trump ocupar cargos públicos, podría no ser el final de sus problemas.

“El liderazgo del partido, a nivel nacional y estatal, hoy está controlado por sus aliados. En noviembre sacó 74 millones de votos. La cuestión es cuántos de esos votantes seguirán siendo fieles a él -y dejarán de ir votar-, y cuántos al Partido Republicano”, dijo Raabe.

Entre tanto, republicanos de alto perfil críticos de Trump, como el gobernador de Maryland, Larry Hogan, o el senador y excandidato presidencial Mitt Romney, aspiran a reemplazarlo, pero no les será fácil en un partido que siga manejado por leales a Trump.

Además, son menos populares entre las bases que émulos de Trump como los senadores Ted Cruz y Josh Hawley, otros dos posibles presidenciables que votaron contra la certificación del triunfo de Biden el día de los desmanes en el Congreso.

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