Miguel hizo de todo para sobrevivir y tiene una rica historia. Actualmente es propietario de una pequeña empresa turística que trabaja, fundamentalmente, con argentinos, brasileros y españoles. Creativo, como la mayoría de las compatriotas que viven afuera, armó su propio circuito en la ciudad norteamericana, lo que le ha dado un sello distintivo.

Por Jorge Gil

- Hola Miguel, ¿Cómo estás?

- Bien. Es un placer que me hayan podido contactar para hacer esta entrevista.

- ¿Estás bien en Chicago?

- Estamos bien. Tantos años en esta ciudad que uno se va acomodando. Y yo con la edad que tengo he logrado estar tranquilo. Al menos en lo laboral. Y eso es lo importante. Y en lo que se refiere a la pandemia, con la incertidumbre de todo el mundo.

- ¿Hace cuantos años te fuiste de la Argentina?

- La primera vez, cuando tenía 20 años. A Mendoza y de ahí, a Estados Unidos. Viví dos años en Nueva York en la década del 60. Me agarró allí la guerra de Vietnam y toda esa locura de los hippies. Fui protagonista activo, porque vivía en Manhattan, en el barrio Greenwich Village, así que tuve esa experiencia. De ahí me trasladé a Long Beach en Long Island. Y posteriormente me fui a Chile.

- ¿Por qué te fuiste de Sáenz Peña?

- Yo trabajaba en el ferrocarril y me trasladaron a Mendoza. Y en ese momento era la fiebre de venirse a Estados Unidos. Yo era muy joven. Me enganché, hice los papeles y me vine. Con 9 dólares en el bolsillo. Fue una odisea. Una locura. Estuve dos años trabajando y conociendo.

- ¿Volviste y estuviste en Chile?

- Si. Volví y estuve dos años allí. Del 72 al 74.

- ¿Y durante la dictadura volviste a la Argentina?

- El Golpe del Estado del 76 me agarró estando en Mendoza. El 25 de marzo me agarraron y me tuvieron un mes preso porque nadie podía salir del país. Después me volví a Chile y ahí también había dictadura y estuve preso también en Chile.

- ¿Y por qué motivos? 

- Por portación de cara. Yo era muy flaco y tenía barba. Era extranjero. Hacían razia en las calles. Me detuvieron y yo tenía documentos chilenos, pero eran provisorios. Y me metieron a una cárcel. Un centro de detención. Yo hacía fotografía por aquellos años. Y por eso logré mi liberación. Posiblemente si no hubiera sido por eso, hubiera tenido algunas consecuencias mayores.

- En el 77 volvés a Sáenz Peña.

- Sí, sí. Volví a Sáenz Peña y comencé a trabajar en el negocio familiar. En Bicicletas La Veloz, con Mario Piccini que es mi cuñado. Trabajé con ellos casi 10 años como viajante.

- ¿Y ahí conformaste tu familia?

- No. Yo tengo tres hijos. El más grande que vive en Misiones tiene 42 años y es fruto de una relación que tuve allí, durante dos años. Y después me casé en el año 83, en Misiones. Y de ese matrimonio tuve dos hijos: una mujer que falleció a los 32 años de un cáncer fulminante; y un hijo que nació acá, en Chicago y que tiene 28 años y vive acá.

- ¿Y te fuiste del país por última vez en qué año?

- En el 88.

- ¿Por qué te fuiste?

- Ésta es una pregunta que siempre me hace la gente. ‘¿Por qué deja uno el país, me preguntan los turistas?’. Y uno deja por dos motivos la patria. Por lo económico o por las guerras. Es lo que yo veo acá. No dejás por fantasías tu patria. Está bien que cuando tenés 20 años lo hacés para tener una aventura. Pero la última vez que me vine fue a los 44 años. Es muy difícil. Pero en esa época era imposible trabajar en Argentina con la inflación que había. Yo tenía una pequeña distribuidora y me estaba iniciando en Misiones. Si vendías a la mañana, a la tarde ya no podías reponer el mismo producto.

- ¿Y decidiste irte?

- Tenía un ex cuñado que vivía acá en Chicago y nos dijo ‘porque no se vienen para acá. Miguel es muy inquieto y va a tener cosas para hacer’. Ellos nos ayudaron con los pasajes que eran muy caros. Y acá, no me quejo. Al principio hice de todo. Limpiar barcos en el lago, de sepulturero, de cocinero. Y al año y medio logré tener mi propio negocio. Una fábrica de cortinas. Y me fue muy bien.

- ¿Seguís con eso?

- No. La cerré en 1997 cuando me separé

- ¿Cortinas tipo argentinas?

- No. Las americanas. Las verticales. Trabajaba muy bien y tenía una buena clientela. Competía con las grandes compañías que había en el mercado. Y me gané un espacio por ser responsable y por la calidad de mis productos. Yo ganaba menos, pero compraba lo mejor para mi producto. Y hasta hoy encuentro gente en la calle que me dice que todavía tiene las cortinas que le vendí.

- ¿Y por qué dejaste ese negocio?

- Y cuando me divorcié. Cuando uno pasa momentos en que no está feliz en la vida… …Y en esto no es que tenga la culpa mi ex esposa ni yo. Hoy somos amigos. Pero la infelicidad te lleva a ir dejando las cosas, a no ponerle las ganas. La felicidad tiene mucho que ver con el éxito.

- Y entonces ¿Cómo sigue tu vida ahí?

- Y en ese momento yo quería ver a mis padres que hacía 10 años no los veía y que ya estaban grandes. Y me fui a Argentina. Vendí algunas cosas de la fábrica y me fui a Sáenz Peña. Estuve dos años en el país. En Misiones, trabajaba con una compañía canadiense y yo era manager de franquicias. Trabajábamos muy bien. Teníamos la franquicia para Argentina, Paraguay y Brasil. Pero lamentablemente, otro descalabro. La compañía se retiró del país. El dólar era uno a uno y de repente cambiaron las reglas de juego. Y comenzó a complicarse todo y se fueron. Y yo decidí volver a Estados Unidos.

- Otra vez con una mano atrás y otras adelante

- Sí. Tal cual. Sin ahorros. Ellos me querían llevar a trabajar a otra parte del mundo, pero no acepté.

- ¿Y te volviste a Chicago?

- Sí. Comencé de nuevo como empleado. Me dedicaba a sacar fotos. Entonces estaba el boom de las polaroids. A la gente le gustaba sacarse fotos y que se la entreguen al instante. Y entonces yo comencé a trabajar en los restaurantes y bares.  Y me iba muy bien con eso, se ganaba buen dinero. Pero lamentablemente comenzaron a aparecer los teléfonos (con cámara) y se terminó el negocio, me mató la industria.

- ¿Y después?

Después seguí como manager de restaurantes, manager de salones de banquetes. Siempre relacionado con la gastronomía. Después en una empresa de logística. Era encargado de la logística de una empresa que vendía anteojos de leer. Hacía la distribución; el reparto cuando las ópticas lo necesitaban. Eso hace 8 años. Pero la compañía cerró, se fue a la China (como todo). Y nos quedamos sin trabajo. Y a un hombre de más de 65 años (reflexiona), nadie le da trabajo; y se comenzaron a complicar las cosas. La experiencia no cuenta, cuenta la edad. El de 25 años se impone por la edad, no por su capacidad.

- ¿Pensaste en ese momento en regresar a la Argentina?

- No. Me propuse salir adelante como sea. Y en el medio, hace 7 u 8 años, conocí a mi esposa actual que es mexicana, de Jalisco. Y ahí nos propusimos unir nuestras vidas y comenzamos a trabajar duro. Y por eso podemos llevar la vida que tenemos hoy.

- ¿Y en qué comenzaste a trabajar?

- Comencé a trabajar en Uber. Y ahí me di cuenta que había un gran potencial para el turismo y me dediqué a eso hasta ahora. Pusimos una pequeña empresa de turismo que es lo hago hoy. Y atiendo a gente que viene de Argentina, de Brasil y de España fundamentalmente. En este momento estoy manejando Uber nuevamente para sobrevivir. Porque por el tema de la pandemia se suspendió todo lo que estaba previsto. Yo tenía gente que venía de España. Tenía toda una agenda completa y todo eso quedó en nada. Incluso hubo que devolver dinero a gente que ya había pagado. Pero me fascina hacer mi trabajo y me da mucha satisfacción.

- ¿Lo hacés sólo o tenés gente que trabaja para vos?

- Yo comencé con una camioneta con capacidad para cinco personas. Me hice mi propio circuito. Acá soy el único que hago el circuito en español.  Las grandes empresas hacen el centro de Chicago y yo inventé un tour por las afueras y eso me permitió que la gente me recomiende. Yo tengo dos circuitos que les muestro a los turistas. Acá no tenemos montaña ni playas, es la ciudad de la arquitectura.  Es bellísima arquitectónicamente. Y eso es lo que la gente descubre. Sus barrios, sus mansiones. Es una ciudad fascinante. Y cuando son hasta cinco lo hago sólo; cuando son más de 10 personas tengo un chofer y alquilamos camionetas nuevas, de última generación. Y si son muchos, tengo una compañía de brasileros que me alquila colectivos para 25 personas. Yo siempre hago de guía.

- ¿Tenés ciudadanía norteamericana?

- No. No la he hecho todavía. Pero tengo residencia legal. Estoy en edad de hacer la ciudadanía por los años que tengo de residencia. Este año era la meta hacerlo, pero está todo cerrado.

- ¿Hay muchos argentinos en ese lugar?

- Estoy viendo que está llegando mucha gente de Argentina. Pero llegan jóvenes de entre 25 y 35 años y la mayoría está inserta en la industria del software. Hay una empresa argentina que se llama Global y la mayoría que llega acá es de esa empresa.

- Es decir que llega poca gente mayor.

- A mí mucha gente me consulta. Yo les pido el teléfono y los llamo. Hay mucha gente que se quiere venir con hijos. Pero ya no es lo mismo que antes.  Las cosas han cambiado, ya no es como antes que cada uno llegaba y andaba de acá para allá. La situación legal, los papeles es algo muy difícil de conseguir.

- ¿Cómo los ha tratado el covid ahí?

- Ahora está bastante abierto todo. No hay restricciones de ningún tipo. Los restaurantes tienen restricciones. Pero armaron carpas y pusieron sillas y mesas y se trabaja. Lo obligatorio es el barbijo. Sin barbijo no se puede cargar ni combustible.

- Hay algunos Estados que no lo exigen.

- En general lo exigen. Aunque el presidente Trump ha dado una muy mala señal. Comenzó con sus caprichos de no barbijo y que no pasaba nada. Negar la realidad es triste. Lo que pasó en Nueva York con tantos muertos fue muy triste.

- Y ahora Florida

- Y acá también, en Illinois. Acá hay muchos muertos. Pero bueno, seguimos haciendo nuestra vida.

- ¿Vos te cuidás mucho?

- Sí. Me cuido. Pero tengo que salir a trabajar también. Así que salgo y gracias a Dios no he tenido personas cercanas infectadas, ni tampoco conozco en forma directa los casos.

- ¿Los autos que utilizan para Uber tienen división con cortinillas, adelante y atrás?

- No es obligatorio. Venden un kit. Yo no lo he puesto. Adelante no se admite acompañante. Solamente atrás, dos o tres personas.

- ¿Los hoteles trabajan?

- En Chicago lo que está cerrado es el Down Town, el centro de la ciudad está muerto. Uno mira y no hay nada. Y estamos en plena temporada de verano. Además, la mayoría de los jóvenes que trabaja en las grandes oficinas del centro están trabajando desde su casa por ahora y entonces quedó vacío. En los suburbios hay mucha actividad.

- ¿Cuando decís suburbios no te referís a pobreza verdad?

- No. Acá es todo lo contrario. Yo vivo en un suburbio que es un complejo, un edificio de cuatro torres. Y tenemos nuestro propio gimnasio, piscina, cancha de tenis.

- La definición sería en las afueras

- Sí. Como un barrio privado.

- ¿Qué extrañás a esta altura?

- La familia, los amigos, los afectos. Eso nunca se deja de extrañar, uno siempre extraña. Los colores y los sabores se extrañan. La última vez que fui, fue en 2017. Viajamos un mes y medio y fue inolvidable. Salta Mendoza, Córdoba, Buenos Aires, Sáenz Peña. Nuestro país tiene un potencial en turismo y no entiendo cómo no pone todas las fichas en ser un país turístico. Y a mí, a diario la gente me pregunta ‘de dónde eres’. Y cuando les digo de dónde, te diría que a la gente que estuvo en Argentina le encantó y quiere volver. Hablan de las comidas, de los vinos; nuestra comida es maravillosa, nuestro malbec. No entiendo por qué queremos ser un país industrial, dejemos eso para China. Nosotros tenemos la mejor industria que es el turismo. Tenemos además el material humano porque el argentino es ávido, atiende muy bien.

- ¿Qué mencionan en Chicago de la Argentina?

- Buenos Aires y el sur de Argentina. Calafate, lo lagos, Bariloche. Un día fui a una dermatóloga y me pregunto ‘¿de dónde tu eres?’. Y cuando le dije, de Argentina; y mencioné Misiones, me miró sorprendida y me dijo, ‘¿Y qué hace tú viviendo aquí?, si vivías en el paraíso; yo acabo de volver con mi novio y hemos comprado un lote para edificar allí e irnos a vivir en ese lugar maravilloso’.

- ¿Y qué pensás sobre tu futuro?

- Yo estoy a punto de jubilarme el próximo mes. Vine grande a este país y mis aportes no eran lo suficiente. Pero no creas que es muy diferente de la Argentina la jubilación. Hay que seguir trabajando. Sí, tenés muchos beneficios. La razón principal por la que yo quiero jubilarme es por la cobertura médica. A esta edad tenés más citas con el médico que con las mujeres. Acá lo más caro de este país es el tema de salud y medicamentos. Y me apasiona seguir trabajando, así que seguiremos con esto.

- Cuando creés que se va reactivar el turismo

- Argentina, Brasil y España están complicados con el tema covid. Había una familia que iba a venir en septiembre, pero en realidad el turismo es para pasarla bien y yo no quiero mostrar una ciudad triste, una ciudad con una tristeza tremenda, es difícil en este momento. Creo que el año, la temporada ya está perdida.

- Ya hay que esperar el 2021

- Si.

- ¿Qué mensaje querés dejar para la gente de Argentina?

- En particular, a mi pueblo que lo llevo en mi corazón siempre. Sáenz Peña es una ciudad con mucho capital. Tiene un gran capital humano, su gente es valiosa. Yo siempre digo que el chaqueño es muy sufrido, es una persona especial, buen amigo, es buen anfitrión. Y que luche por lo que hay; que luche por su pueblo, que lo pongan bonito. Es tan lindo llegar a una ciudad y ver que está todo limpio ¡Ahí vives! Yo digo que esta gente vive en un paraíso; a como está el mundo, tan complicado y complejo. Vivir en una ciudad como Sáenz Peña es vivir en el paraíso, todos se conocen todavía, se disfrutan. Entonces, valoren lo que tienen. Cuando fui a Sáenz Peña, lamentablemente, critiqué muchas cosas.

- ¿La viste abandonada?

- Sí. Y yo les digo, ‘trabajen para que cada día sea mejor, porque el mundo está muy complejo. así que cuiden ese lugar que es un paraíso’.

- Sé que hacés acá un festival argentino

- Comencé cuando fue el bicentenario de Argentina. Hice un festival muy interesante, muy lindo y logré traer artistas de nuestro país. Y desde entonces siempre que he podido, todos los años, organizo mini festivales argentinos acá. Los organizo solo. No me queda un peso (se ríe), pero es algo como un hobbie para mí.

- Son un éxito esos festivales

- Sí. La comunidad me acompaña. Y este año estaba organizando “El sabor de Argentina”. Yo estoy colaborando con una fundación de acá que se llama “Chicago Fundation”. Ellos ayudan a hacer escuelas en el Chaco. Han donado cocinas y otros elementos necesarios. Trabajan muy bien y este año yo los reuní y les dije para hacer “El sabor de Argentina”. Y entonces comencé a hablar con todos los que producen algo. La gente de la comunidad; a quien tiene un carro que vende choripanes, al que produce empandas; para juntarnos todos y hacer una gran fiesta en un parque un domingo, con música. Iba a venir ahora Luis Salinas. Pero con todo esto (el covid), se frustró. En otras ocasiones he traído a Los Cuatro de Córdoba y a otros folcloristas de Salta.

- Fue un gusto hablar contigo y te vamos a tomar como referente para saber cosas de allí.

- Gracias a todos y cualquiera que ande por estos pagos puede buscarme. No lo ofrezco sólo como negocio, sino como un amigo. Pueden buscarme como Chicago Gaucho Tour en internet, en Facebook y ahí me ubican.

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