Una mujer y su hija estuvieron presas tres años y medio por el asesinato de una anciana, pero ahora un Tribunal las absolvió y dejó en libertad por falta de pruebas. El crimen ocurrió en diciembre de 2017 en Corrientes y causó enorme conmoción porque la víctima fue hallada en un cementerio, a casi 200 kilómetros de su casa, asfixiada y con un crucifijo en la boca.

Beatriz Martínez (52) y Ludmila Betsabe Serrizuela (25) fueron encarceladas por el brutal crimen de Justa Valenzuela, una mujer de 86 años que vivía sola en el barrio Colombia Granaderos, de la capital provincial, y era conocida por sus vecinos como “La rezadora”. Para los investigadores, las mujeres la asesinaron para quedarse con su casa, pero ahora todo el caso volvió a foja cero y el homicidio quedó a un paso de la impunidad.

Valenzuela fue vista con vida por última vez el 5 de diciembre de 2017. La mañana siguiente su cuerpo apareció abandonado entre las tumbas del cementerio de la localidad de 9 de Julio, a 175 kilómetros de su casa. La autopsia reveló que su muerte se produjo la noche anterior, cerca de las 21.

“La rezadora”, sobrenombre que recibía porque prometía rezar por cada persona con la que se cruzaba, presentaba golpes en todo el cuerpo y los peritos concluyeron que su muerte se produjo por asfixia. En su boca hallaron un crucifijo de 10 centímetros y bolsas plásticas que usaron para ahogarla.

El cadáver estuvo tres días en una morgue como NN hasta que sus familiares llegaron a la ciudad de Goya y la reconocieron. Cuando la Policía fue a la casa de Valenzuela, encontró a dos hombres que aseguraron haber adquirido la propiedad dos semanas antes, aunque no la tenían documentación que avalara la operación.

Para los investigadores, fueron Sandra Martínez y su hija Ludmila las intermediarias en la supuesta operación. Y señalaron que la mayor de las mujeres se hacía pasar por sobrina de Justa pese a que no tenían ningún parentezco. Nada de eso se pudo probar en el juicio.

La Policía comenzó a reconstruir las últimas horas de “La rezadora”. Así pudieron establecer que el día del crimen las dos mujeres la habían llevado a la localidad de Bella Vista a pedido del dueño de una concesionaria donde compraron una camioneta. En esa ciudad se encontraron con Mario Núñez, supuestamente, para que la víctima pudiera hacer algunos trámites.

La aparición de un supuesto testigo resultaría clave para sostener la acusación sobre las dos mujeres. Un hombre de apellido Alarcón aseguró que llevó a la víctima y las dos mujeres hasta el cementerio de 9 de Julio en la tarde del 5 de diciembre y como prueba ofreció dos fotos del lugar pero no de Martínez y su hija.

En su declaración, las mujeres reconocieron haberse encontrado con Alarcón pero no en el cementerio. Curiosamente la Justicia que investigó el crimen no tuvo en cuenta varias pruebas científicas que ahora resultaron claves para la absolución.

Las cámaras de seguridad del peaje de El Sombrero demostraron que Martínez y Serrizuela volvieron a Corrientes al anochecer del 5 de diciembre, cuando Justa todavía estaba viva. Eso fue corroborado por el sistema de geolocalización de sus celulares. Y el informe de autopsia, que estableció que la muerte de Justa se produjo ya entrada la noche, cuando las mujeres ya estaban de regreso en la Capital.

Un testigo aseguró haber visto a Valenzuela en el cementerio el 5 de diciembre al atardecer. Y que estaba sola, sentada sobre una tumba. Nadie sabe cómo llegó a ese lugar -alejado de la zona urbana- ni quién la llevó. Tampoco por qué la asesinaron después de darle una feroz paliza.

Las dos mujeres fueron procesadas como coautoras del crimen, mientras que a Mario Núñez le imputaron una participación secundaria. Para los jueces del Tribunal Penal de Goya, nada de eso se pudo probar y las absolvieron pese a que el fiscal pidió que fueran condenadas.

Estafa, extorsión y usurpación
Mientras Martínez estuvo presa con su hija -la joven tiene un retraso madurativo- fueron estafadas y extorsionadas por Daniel César Almirón, miembro del Comité de Prevención de la Tortura de Corrientes. El hombre, que ya purgó una condena en Chaco por un violento asalto, se ofreció a ayudarlas y sacarlas de la cárcel en poco tiempo.

Martínez lo había contactado para denunciar los malos tratos que sufría su hija en la cárcel. El hombre le pidió la cesión de los derechos hereditarios sobre una propiedad para costear los gastos, y logró que en plena pandemia un escribano fuera hasta el Instituto Pelletier para completar la documentación.

La mujer contó que luego empezó a ser presionada para entregar los documentos de la propiedad, que ya había empezado a ser comercializada. Y que Almirón, incluso sacó a su hijo adolescente de un instituto de menores para extorsionarla.

El chico finalmente fue hallado por la Policía en la casa de una allegada de Almirón y ahora está residiendo nuevamente con su madre y su hermana en una pensión de Corrientes, ya que la casa que tenían fue usurpada mientras estuvieron presas.

Las dos mujeres tuvieron el acompañamiento de la Asociación de Mujeres Penalistas de la Argentina, que celebraron en las redes la absolución.

 

CLARIN

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