Con convicciones claras y guiadas por nuestra línea de conducta

180

XIII DOMINGO DURANTE EL AÑO Ciclo C (30/06/19)

1-Rey 19, 16b. 19-21; Sal 15, 1-2a. 5. 7-11; Gál 5, 1. 13-18; Lc 9, 51-62

  1. Dios estimula nuestra libertad

Cuando las decisiones que tomamos involucran nuestra libertad, nos motivan con fuerza a seguir la propuesta que hemos optado. Pero es cierto, que no siempre se encaran de ese modo los proyectos, muchas veces, nos involucramos hasta cierto punto sin exigirnos demasiado y sin pensar para un tiempo prolongado, más bien, programamos para el corto plazo.

El texto de la carta a los Gálatas nos presenta una idea de libertad como don de Dios y donde se nos invita a mantenernos firmes en nuestros propósitos, dice el texto: “Hermanos: Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse fir­mes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud. Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, (…) háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor.”

Esta enseñanza nos da un criterio para discernir la expresión de nuestra libertad, siempre deberá tener consideración atenta a los demás y la motivación que debe guiarla es el amor auténtico, el que verdaderamente edifica al prójimo. Al ser así, entendemos porque san Pablo pide que se ‘mantengan firmes’, puesto que no es fácil guiar nuestra libertad de modo comprometido y perseverante.

El punto de partida para estimular la libertad de la persona es la iniciativa de Dios; Él nos moviliza para dar respuesta a ese impulso interior de compromiso y de realización personal. El texto de la primera lectura nos muestra la experiencia que vivió el profeta Eliseo: “El Señor dijo a Elías: ‘A Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás profeta en lugar de ti’. (…) Elías pasó cerca de él y le echó encima su manto. Eliseo dio media vuelta, tomó la yunta de bueyes y los inmoló. (…) Después partió, fue detrás de Elías y se puso a su servicio.” Acá percibimos que Eliseo estimulado por las palabras del mensajero de Dios, siente que debe desplegar la libertad en toda su dimensión, como así también, desinstalarse de sus comodidades y ponerse en camino. En definitiva, ante este ejemplo, uno se da cuenta que tenemos que conquistar la autonomía personal, para esto, si es preciso, se debe producir un ‘corte’ con los propios afectos familiares y con las actividades que uno venía haciendo, para entrar en la dinámica de un proyecto nuevo y desconocido.

Nos viene bien a todos, meditar el mensaje a los Jóvenes para permitir que Dios nos anime a dar respuestas: “El amor de Dios y nuestra relación con Cristo vivo no nos privan de soñar, no nos exigen que achiquemos nuestros horizontes. Al contrario, ese amor nos promueve, nos estimula, nos lanza hacia una vida mejor y más bella (…). La inquietud insatisfecha, junto con el asombro por lo nuevo que se presenta en el horizonte, abre paso a la osadía que los mueve a asumirse a sí mismos, a volverse responsables de una misión. Esta sana inquietud que se despierta especialmente en la juventud sigue siendo la característica de cualquier corazón que se mantiene joven, disponible, abierto. La verdadera paz interior convive con esa insatisfacción profunda (…)” (Christus Vivit, 138).

En nuestra experiencia de vida, ¿nos sentimos estimulados a tomar decisiones para vivir más profundamente nuestro proyecto de vida?, ¿o vivimos empujados por la inercia, ‘como jubilados antes de tiempo’, sin decir ‘sí’, por miedo a arriesgar?

Para reflexionar lo anterior, les comparto este poema de un autor desconocido: “Señor, ¡qué difícil es seguirte!, porque al abrirnos la puerta inmensa del amor cierras nuestras puertas pequeñitas, donde nos sentimos bien y nos creemos a salvo. ¡Qué difícil es tu camino!, porque al llamarnos a la tarea de la libertad haces que nos duelan más las huellas de nuestras viejas cadenas, de nuestras costumbres que nos alejan de ti y de los hombres.

No quiero, Señor, sentarme al borde del camino y verte pasar, alejándote. ¡Ayúdame a ser libre!”

  1. Con convicciones claras

Por la misma exigencia de la libertad humana, Jesús invita a sus discípulos (y a nosotros) a ir más allá, les pide un ejercicio decidido y firme de la misma, y a comprometerse a fondo con su proyecto; dice el Evangelio de hoy: “Otro le dijo: ‘Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos’. Jesús le respondió: ‘El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios’.” Cuando vivimos experiencias que nos exigen más y nos llevan a explorar otros ambientes, afloran los miedos e inseguridades porque marchamos hacia lo desconocido; pero también, se genera la expectativa por lo nuevo y por aquello que podríamos lograr. Porque cuando uno tiene la firme decisión de vivir a fondo la libertad se van abriendo numerosas posibilidades y alternativas, la persona pone el movimiento sus enormes capacidades, suscitadas con fuerza por medio del Espíritu.

Para mantener nuestras posturas y convicciones de lo que hemos elegido, y la consecuente línea de conducta, debemos afirmarnos en el ejercicio de nuestra libertad; porque siempre hay estilos más cómodos que no nos exigen mucho y está el riesgo de optar por aquello que nos resulta más fácil y ‘tentador’. Jesús mismo tuvo que encarar con tenacidad para no ‘estacionarse’ y ceder; el texto de hoy lo expresa: “Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén (…).”

Esto me hace pensar en estos tiempos de campañas políticas, donde tantas ideas, convicciones y líneas de actuar se cambian para generar nuevos espacios ‘estratégicos’, que pretenden algún ‘lugar’. El ciudadano de ‘a pie’ se plantea sobre la valoración y la vigencia a lo largo del tiempo de las convicciones y los criterios de las personas, para desenvolverse en las distintas esferas del actuar social. Nos preguntamos: ¿Se valora socialmente que una persona, dirigente o no, mantenga su convicción y siga una línea de conducta?, ¿o estamos mutando hacia un estilo donde todo se puede negociar y cambiar? Más allá de la legítima renovación de posturas que son necesarias para adaptarse a la realidad cambiante, Jesús nos enseña que es preciso mantener vigente los criterios fundamentales que orientan nuestro camino de actuación, porque en el fondo, son los que sostienen nuestra conducta ética y el desempeño transparente.

A nivel social, ¿no necesitamos que demos muestras claras de cuáles son nuestras opciones que conducen nuestro accionar y sostenerlas más allá de las ‘ofertas atractivas’ que nos puedan hacer?; los jóvenes, ¿no esperan una mayor coherencia de los adultos?

¡Ojalá que sintamos la alegría de ‘jugarnos’ por nuestras opciones y las realicemos con el ejercicio íntegro de nuestra libertad!

                                                                                               Pbro. Alberto Fogar

                                                                                               Párroco                                                                                                                           Iglesia Catedral                                                                                                             (Resistencia)

Que te pareció esta nota?
like
Love
Haha
Wow
Sad
Angry