Por Vidal Mario(*)

La producción de versos de Bertolt Brecht, exiliado tras el ascenso de Hitler al poder, fue más vasta que su producción teatral. Supera los 2.500 poemas.

Uno de estos lo dedicó a la infanticida Marie Farrar, una niña que intentó ocultar su secreto embarazo de la peor manera: matando al fruto de su vientre.

En nueve versos describe las penosas circunstancias que llevaron a la muerte del recién nacido, y luego a la propia muerte de la infanticida en la cárcel de Meissen.

Acostumbrada a callar el dolor para no molestar la sensible tranquilidad de sus patrones, Marie intentó silenciar a golpes el llanto de su bebé cuando se puso a llorar.

El poeta pide una y otra vez al lector que no la juzgue ni se enfurezca con ella.

Esta es la historia:

Marie Farrar, nacida en abril, menor de edad, sin señas particulares, raquítica, huérfana, hasta ahora supuestamente no condenada, se dice que asesinó un niño de esta forma: Cuenta que ya en el segundo mes en casa de una mujer, en un sótano, intentó expulsarlo con dos inyecciones supuestamente dolorosas, pero no salió. Mas a ustedes, les ruego que no se enfurezcan pues toda criatura necesita la ayuda de todos.

2 - No obstante, dice haber pagado de inmediato lo acordado, haber continuado apretándose la cintura, también haber tomado aguardiente con pimienta molida pero esto sólo la purgó fuertemente. Su cuerpo lucía hinchado y sentía también frecuentes dolores cuando lavaba los platos. Aún, ella misma decía, estaba en edad de crecer. Rezó a María muy esperanzada. También a ustedes, les ruego que no se enfurezcan pues toda criatura necesita la ayuda de todos.

3 - Los ruegos al parecer no sirvieron de nada. Era mucho lo que pedía. Cuando estuvo más gruesa le daban vahídos durante la misa. A menudo sudaba. Y también sudor de miedo, con frecuencia, delante del altar. Pero guardaba en secreto su estado hasta que más tarde la sorprendiera el nacimiento. Esto daba resultado, pues nadie pensaba que ella, tan falta de atractivos, pudiera ser presa de la tentación. Y a ustedes, les ruego que no se enfurezcan pues toda criatura necesita la ayuda de todos.

4 - Ese día, dice, bien temprano estando limpiando las escaleras, fue como si le arañara unas uñas el vientre. El dolor la sacudía, pero pudo mantenerse callada. Todo el día, colgando la ropa que lavó, se rompe la cabeza pensando; entonces se da cuenta que tiene que parir y se le aprieta de pronto el corazón. Es tarde cuando sube. Más a ustedes, les ruego que no se enfurezcan pues toda criatura necesita la ayuda de todos.

5 - La vinieron a buscar cuando estaba acostada; había nevado y tuvo que barrer. El trabajo duró hasta las once. Fue un largo día. Ya de noche fue cuando pudo parir en paz. Y cuenta ella que parió un hijo. El hijo era igual que otros hijos. Pero ella no era como las otras, aunque… no existe razón alguna para que yo me burle. También a ustedes, les ruego que no se enfurezcan pues toda criatura necesita la ayuda de todos.

6 - Así pues, déjenla seguir contando lo que pasó con este hijo (de esto, dice ella, no quería ocultar nada) para que se vea cómo soy yo y cómo eres tú. Ella dice que estuvo sólo poco tiempo en la cama, presa de gran malestar y sola, sin saber nada de lo que iba a pasar, se obligó a contener con esfuerzo los gritos. Y a ustedes, les ruego que no se enfurezcan pues toda criatura necesita la ayuda de todos.

7 - Como su cuarto también estaba helado, así cuenta ella, se arrastró con las últimas fuerzas hasta la letrina y allí (cuándo ya no recuerda) parió sin aspavientos hacia el amanecer. Estaba, dice ella, muy turbada entonces, ya medio entumecida, apenas podía sostener al niño a punto de caer a la letrina de los criados. Y a ustedes, les ruego que no se enfurezcan pues toda criatura necesita la ayuda de todos.

8 - Entonces entre el cuarto y el retrete –antes, dice, no pasó nada-comenzó el niño a gritar. Eso la molestó tanto que empezó a golpearlo con los dos puños, ciega, sin parar, hasta que el niño estuvo quieto. Entonces llevó al muerto, consigo a la cama por el resto de la noche y lo escondió por la mañana en la lavandería. Pero a ustedes, les ruego que no se enfurezcan pues toda criatura necesita la ayuda de todos.

9 - Marie Farrar, nacida en abril, muerta en la prisión de Meissen, madre soltera, condenada, quiere mostrar a ustedes los crímenes de todo ser humano. Ustedes, que paren sin complicaciones en sábanas limpias y llaman “bendito” a su vientre preñado, no condenen esas infames debilidades porque su pecado fue grave, pero su sufrimiento grande. Por eso, les ruego que no enfurezcan pues toda criatura necesita la ayuda de todos.

“Dígale no al aborto”

En 1999, Argentina fue invadida por un slogan que rezaba “Dígale no al aborto”. El 28 de abril de ese año le pregunté al doctor René Favaloro su opinión sobre tal slogan.

Así me respondió:

“Le vengo diciendo no al aborto desde que era un médico practicante del Hospital Policlínico de La Plata y vi cuadros horrorosos derivados de los embarazos no deseados. Dos o tres meses después de las navidades o carnavales empezaban a llegar las chicas de los lugares pobres, las que ya habían pasado antes por las manos de las curanderas y sus hojitas de perejil. Llegaban en un estado tal que todo lo que podíamos hacer era ponerles tubos de drenaje, pero se morían igual. La única manera de salvarlas era castrándolas, vaciarlas. El útero estaba lleno de pus y la única salida era sacarles todos los órganos genitales. Quedaban obviamente inútiles por el resto de sus vidas, pero por lo menos se salvaban. Creo que todos sin excepción deberíamos decir no al aborto, por ser un acto feo e inhumano. En esto, una cosa es segura: sin educación sexual no habrá forma de evitar los embarazos deseados y las consecuencias físicas y psicológicas del aborto”.

(*) Periodista. Historiador.