Primera Línea dialogó con el director del Museo Ichoalay, que se encuentra en la esquina de Necochea y Moreno, en la escuela Normal Superior Sarmiento, (ENS Nº89), de Resistencia.

El espacio nació, como bien lo explica él, “como un faro, una llama de la cultura, cuando no había instituciones culturales en la provincia” y hoy en día guarda no solamente los vestigios tanto de los pueblos originarios, sino también de la historia reciente de inmigrantes europeos durante el siglo XX.

“Bien puede decirse que el Ichoalay es el secreto mejor guardado del Chaco. Además de que es el museo mas antiguo de la provincia, tiene un origen escolar, nace de la escuela Normal”, dice Nieto  e inmediatamente explica que de la misma escuela luego nace también el Club Sarmiento y el coro Chelaalapi, todo de la mano de una mujer.

“La figura culminante de esta gran realización es la profesora Inés García de Márquez que con sus alumnos de cuarto año tuvieron la genial idea de producción y recolección del pasado chaqueo para este museo”.

Cabe mencionar que el museo nace en 1949 y su nombre se debe a un afamado cacique, que además era un príncipe abipón.

“Ichoalay fue un cacique muy importante en su tiempo. Fue un conductor de pueblos que curiosamente era enemigo de los españoles y tenía un amplio campo de acción”, comenta Nieto y agrega que su dominio se extendía hasta la pampa y córdoba.

Sin embargo, “en algún momento le sucede una transfiguración y se hace amigo de los españoles. Gracias a él se posibilita la actual reconquista,  la reducción de San Gerónimo Rey y posibilita que acá se cree una reducción, ya que era una tierra bravía el Chaco”.

Sin embargo, esto le valió el disgusto de su propio pueblo, porque Ichoalay al ser un mediador que permite un espacio de paz, también fue visto con malos ojos por los nativos.

Hay un decir de Ichoalay que es: “Cuando yo era malo mi pueblo decía que yo era bueno. Ahora que soy bueno, mi pueblo dice que soy malo”.

Volviendo a lo que es el museo en sí, esa acumulación de acervo que se logró con los años, hizo posible que hoy en día “a manera de un collage” se pueda contar la historia del Chaco.

“Acá hay acervo aborigen, de la campaña militar del Chaco, de los inmigrantes, de esa llama cultural de los 40, 50 y 60”, datos y elementos que son muy ricos para conocer el pasado de la provincia.

No obstante Nieto considera que “por no haber aprendido de la historia aborigen chaqueña, nuestra educación fue tan frívola, que (se pensaba) que los indios del Chaco vivían de la caza y la pesca, eran nómades y sus creencias espirituales eran difusas y de ahí ya pasábamos a los diaguitas porque ellos sí tenían arqueología y nos quedaba esa idea viciosa de que el indio era haragán, vago y lo que veíamos por las calles eran esas cosas pesarosas, vencido y angustiado”.

Sin embargo los grandes pueblos tenían un nivel cultural sorprendente, sea en la forma de cazar, en sus costumbres, en sus hábitos, sus protocolos y sus creencias animistas y todo lo concerniente a su cosmogonía.

Por ejemplo, dentro del museo se pueden observa los tocados de los caciques, los tronos de los que disponían y que están hechos de un trabajo sofisticado de conchillas, de colores y plumajes.

Pero también hay uniformes militares, espadas, wínchester, de las armas que se utilizaron durante la época de la conquista del territorio de los aborígenes.

Del mundo inmigrante, se encuentran como testimonio de la familia Pelissari, muy conocida por donar grandes objetos y elementos de los primeros italianos que vinieron al Chaco.

“Nos muestra todo su bagaje, lo que traían en sus baúles y valijas, los morteros, o piedras industriales, los fuelles hechos con la materia prima chaqueña. Tenemos morteros de gran tamaño, que son  troncos de árboles apenas marcados por la gubia y el martillo.

Hay una pipa hecha a mano. Y también podemos observar sobre la  etapa cultural, esa cosa lanzada que tuvo Resistencia, que la convierte en faro cultural. El piano de Yolanda de Elizondo, cuadros de Crisanto Domingo, tallas de Juan de Dios Mena”.

Darle la importancia que corresponda a la cultura

Nieto recordó que Guido Miranda expresó alguna vez de manera admirable lo siguiente: “el hombre estaba tan detenido mirando el suelo, mirando el crecimiento de la semilla y tardó en poder levantar la cabeza y mirar las estrellas,  es decir, dedicarse a las cosas del espíritu”, algo que los ciudadanos de los años 40 en adelante se encargaron de explotar de una manera voraz en la provincia.

Por ejemplo con El Ateneo del Chaco, La Peña de los Bagres, El Fogón de los Arrieros, CoproAr y más recientemente con la Fundación Urunday, que es la encargada de organizar la Bienal Escultural Internacional en Resistencia.

“Hay una política clara y necesaria que es la de salir a la calle. Este museo ahora pertenece y es guardián del Instituto de Cultura del  Chaco y hay una convicción de que hay que salir al afuera.

El tema de las vinculaciones con otras instituciones, hacer cosas creativas como salir a alguna plaza. Es menester salir a la calle”, reiteró.

“El museo originalmente era un aula de la escuela Normal y uno de los grandes logros fue esa decisión política de convertir este espacio que cumple los estándares de museo.

Ahora el museo está abierto y vuelve a la normalidad con horarios de 8 a 12 y de 16 a 20”, dio a conocer.

“Uno no puede defender y amar lo que no conoce y conociendo un poquito más de nuestra historia, podemos entendernos como identidad y podemos recobrar un orgullo que muchas veces está diluido”.

“Hay que perderle miedo a los museos y los museos han entendido que no son espacios cerrados ni de elite, porque un museo es algo que nos pertenece a todos. Es nuestra historia, es nuestro pasado, hay que conocerlo,  hay que invadirlo y hay que ser parte”, señaló.

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