Aprender a madurar la opción

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XXIII DOMINGO DURANTE EL AÑO Ciclo C (08/09/19)

Sab 9, 13-18; Sal 89, 3-6. 12-14. 17; Flm 9b-10. 12-17; Lc 14, 25-33

Discernir con sabiduría

Cuando una persona hace una opción radical para asumir un proyecto existencial, provoca asombro para muchos, porque siempre conlleva renuncias y firmeza para encaminarse en ese nuevo enfoque de su vida. De modo semejante, responder al llamado de Jesús implica cambios, porque pone a Dios en primer lugar y lo demás se integra a ese proyecto fundamental;

Él pide discernimiento y fortaleza, como bien lo expresa el Evangelio de hoy: “Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”.

Pero sabemos que esta propuesta no es solo exigencia sin más; también, es una oportunidad enorme para una plena realización personal; así se cumple lo que se pide en el Salmo de hoy: “Sácianos enseguida con tu amor, y cantaremos felices toda nuestra vida (…). Que el Señor haga prosperar la obra de nuestras manos”. Seguir este camino, ¡es un sentido que colma sobreabundante nuestras expectativas de futuro!

Por esto, viene bien el arte del discernimiento para saber qué quiere Dios de nosotros, y qué deseamos hacer nosotros. En este sentido, lo que nos dice en libro de la Sabiduría, propuesto para hoy, nos aclara:

“¿Qué hombre puede conocer los designios de Dios o hacerse una idea de lo que quiere el Señor? Los pensamientos de los mortales son indecisos (…). ¿Y quién habría conocido tu voluntad si tú mismo no hubieras dado la Sabiduría y enviado desde lo alto tu santo espíritu? Así se enderezaron los caminos de los que están sobre la tierra, así aprendieron los hombres lo que te agrada”.

Necesitamos discernir para orientarnos bien y para eso debemos pedir la sabiduría, para “leer” desde Dios el proyecto a seguir; esto nos hará conocer más en profundidad sus designios, y como dice el texto citado, nuestros caminos se atinarán mejor y aprenderemos lo que agrada al Señor. Identificarse con el misterio de Dios, nos motiva de tal modo a seguirlo, que somos capaces de renunciar a aquello que sea necesario para alcanzar esa meta fijada.

“Cuando se trata de discernir la propia vocación, es necesario hacerse varias preguntas. No hay que empezar preguntándose dónde se podría ganar más dinero, o dónde se podría obtener más fama y prestigio social, pero tampoco conviene comenzar preguntándose qué tareas le darían más placer a uno.

Para no equivocarse hay que empezar desde otro lugar, y preguntarse: ¿me conozco a mí mismo, más allá de las apariencias o de mis sensaciones?, ¿conozco lo que alegra o entristece mi corazón?, ¿cuáles son mis fortalezas y mis debilidades? Inmediatamente siguen otras preguntas: ¿cómo puedo servir mejor y ser más útil al mundo y a la Iglesia?, ¿cuál es mi lugar en esta tierra?, ¿qué podría ofrecer yo a la sociedad? Luego siguen otras muy realistas: ¿tengo las capacidades necesarias para prestar ese servicio?, o ¿podría adquirirlas y desarrollarlas?” (Christus Vivit, 285).

El arte del discernimiento es preventivo para evitar el fracaso de nuestro proyecto; en muchos casos al no tener claridad del rumbo a seguir, hace que se apague el entusiasmo inicial, se terminan las fuerzas ante la primera exigencia y no se aguanta en los momentos más difíciles. Algo de esto advierte Jesús en el Evangelio: “Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’”. Es más que oportuno pedir a Dios don de la sabiduría, con el Salmo de hoy: “Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría”.

Madurar en Cristo: considerar y arriesgar

  • Madurar en los afectos: un aspecto central es la vida afectiva de la persona; sobre todo, los afectos familiares. Para seguir a Jesús hay que crecer en la autonomía personal, no siempre fácil en los tiempos que vivimos, lleno de historias conflictivas que no permiten dar pasos en esa propuesta. La fe en Jesús nos ayuda a desapegarnos de los afectos familiares de manera conveniente, para tener la libertad suficiente para elegir y nos alienta a tomar las decisiones fundamentales. Esto requiere una conveniente maduración humana y no estar retenido o atrapado por vínculos que no permiten dar ese paso. Jesús nos propone, aprender a “amarlo más”, y a sentirlo así; y lo demás se integre a ese gran proyecto existencial.

En el panorama personal y comunitario que tenemos, ¿cuáles son las “cosas” que retienen seguir una propuesta existencial profunda?

  • Fortalecer la voluntad: “El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”. Seguir Él es un camino de plenitud, que nos entusiasma y motiva, pero también acompañado de obstáculos, dificultades y momentos no muy gratificantes. Hay que saber aguantar, tolerar diríamos hoy, para superar favorablemente esos momentos, aprendiendo de lo transitado. Asumir la cruz es aceptar vivir todas las situaciones de la existencia personal, con fortaleza y humildad. No siempre salen las cosas como la habíamos proyectado, porque la vida humana está atravesada por imponderables, y por aquello que no siempre es favorable al proyecto de Dios. Estas experiencias, “tramitadas” con apertura y fortaleza, son un camino de madurez.

¿No pensamos demasiado en lo gratificante y nos olvidamos de prepararnos para asumir dificultades y contratiempos?

  • Arriesgarnos al “Sí”: en el camino de la fe nunca lo tendremos todo sabido y adquirido, siempre estará la sorpresa del Misterio, y lo desconcertante del mismo; como dice el libro de la Sabiduría citado arriba: “¿Qué hombre puede conocer los designios de Dios o hacerse una idea de lo que quiere el Señor?” Por esto, siempre es necesario discernir y madurar la opción que vamos a seguir, para que las dificultades no nos desalienten; y cuando tenemos claridad, ¡jugarnos por Jesús!

Este fin de semana estamos convocados a ejercitarnos en ese “Sí” al Señor, presente en el toda persona necesitada y postergada, colaborando con la Colecta Más por Menos que se realiza en todo el país. Nuestro aporte en las misas, será destinado para que muchos reciban alivio y sufran menos, en este momento que nos aflige a todos. ¡No dejemos de hacernos presente con nuestra colaboración!

Pidamos al Señor que nos animemos a seguir su propuesta, con valentía y compromiso por los demás.

Pbro. Alberto Fogar – Párroco Iglesia Catedral – (Resistencia)

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