A los 48 años de edad, Eduardo Ginés se recibió de contador público nacional. Su caso es uno de esos típicos ejemplos en que una persona llega a la meta tras vencer incontables dificultades. Por eso, su esposa Fabiana Celeste Lovera le dedicó éstas líneas:

“Después de transcurrir años y años por la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), de pasar por innumerables exámenes parciales, finales, prácticos y orales, muchas veces con llantos y broncas, pero también de alegría, Eduardo Ginés, por fin, a los 48 años, llegó a lo que siempre soñó y siempre quiso ser: Contador Público Nacional.

Todos en la familia estamos orgullosos de su extraordinario logro, conseguido a fuerza de grandes esfuerzos, de sacrificios, y también a fuerza de no bajar nunca los brazos.

Supe desde el primer día que lo iba a lograr y, como personas de fe que somos, le damos gracias a Dios, a la Virgen María y a todos los santos. También a “nuestros ángeles”, que ya están en el cielo. Es una tristeza que ellos ya no estén hoy entre nosotros, pero estoy segura que desde el lugar donde ahora están también están festejando.

Me refiero a su papá Cornelio Ginés, a su hermana Lucía, a mi abuela, a mi tío Francisco, a mi madre y suegra suya Mabel Alicia Villordo, y a su cuñado Pablo Pereyra.

Hoy es hora de agradecer, también, a todas las personas que en algún momento de una u otra forma lo ayudaron. Me refiero a los amigos, vecinos, conocidos, compañeros de estudio, de trabajo, y colegas.

Algunos de ellos le dieron un lugar en su casa en momentos difíciles, otros le dieron un espacio en la oficina o en la escuela. Otros le daban palabras de aliento, las cuales también fueron muy importantes cuando el ánimo decaía y la desazón hacía presa del estudiante.

Gracias también a la ayuda recibida de parte del gobernador Jorge Milton Capitanich, del intendente Gustavo Martínez, del señor Gustavo Martínez Campo, y del diputado provincial Hugo Sager.

Naciste en una familia humilde y sencilla, creciste sin tu mamá, a la que no conociste, viniste con veinte años de edad de otra provincia (por eso te decían “El Formoseño”), solo, y en el Chaco peleaste en muchas trincheras para poder subsistir.

Vendiste pan a domicilio, fuiste bici-mandado, vendiste bebidas, repartiste gas, alquilabas castillos inflables para fiestas de cumpleaños, y en medio de todo eso, ya trabajando en el Ministerio de Educación, te recibiste en el Instituto de Educación Superior (IES) y empezaste a dar clases en forma particular.

Ahora, como los tiempos son de Dios y tarde o temprano los sueños se convierten en realidades, a tus 48 años ya eres un profesional.

Muchos éxitos en ésta nueva etapa de tu vida. Te amamos. Tu hija María Celeste y tu señora Fabiana Celeste Lovera.

Fabiana Celeste Lovera.


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