1. “Anestesiados” para sentir

Vivir en ambientes “acomodados” de la sociedad, podría llevar a estar distantes del “ciudadano de a pie”; esos ámbitos, conservan un estilo de vida con muchos beneficios y con oportunidades para desarrollarse en distintas dimensiones, de las cuales no participan la gran mayoría.  También, propicia una creencia que toda la realidad empieza y termina en ese círculo, y a un modo de concebirla por encima del resto, con una distancia marcada de los que no pertenecen a ese sector.

El comienzo del Evangelio expresa esta situación con claridad y dramatismo: “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas”. En el pasaje, la insensibilidad de este hombre rico llega al extremo, no percibe la situación de indigencia de Lázaro, pareciera que nada lo mueve a hacer algo y el sufrimiento de esa persona le resulta indiferente. ¿Por qué un ser humano llega a ese extremo y nada lo moviliza a hacer algo por aquel que sufre terriblemente?

El texto del profeta Amós, nos ayuda a conocer más en profundidad esa conducta y la dinámica que se mueve en el interior de la persona, cuando incurre en esa enorme distancia afectiva y solidaria; nos dice: “¡Ay de los que se sienten seguros en Sión! Acostados en lechos de marfil y apoltronados en sus divanes, comen los corderos del rebaño y los terneros sacados del establo. Improvisan al son del arpa, y como David, inventan instrumentos musicales; beben el vino en grandes copas y se ungen con los mejores aceites, pero no se afligen por la ruina de José”.

Tener un “buen pasar” y con todas las facilidades para acceder a las oportunidades que uno quisiera, va generando una especie de omnipotencia, y creerse superiores sobre los de menor categoría social. También se deriva en otra convicción nefasta, se “naturaliza” la situación de los pobres, pensando equivocadamente que las cosas están dadas así para ellos, porque siempre fueron de esa manera y hay que aceptar ese destino inexorablemente. Esto lleva a diversos tipos de justificaciones y a muchos prejuicios hacia los pobres, para calmar la conciencia y no percibir la dignidad menoscabada en esos hermanos nuestros.

El papa Francisco respecto a esto, nos dice: “Hacer oídos sordos a ese clamor (de los necesitados), cuando nosotros somos los instrumentos de Dios para escuchar al pobre, nos sitúa fuera de la voluntad del Padre y de su proyecto, porque ese pobre «clamaría al Señor contra ti y tú te cargarías con un pecado» (Dt 15,9)” (EG, 187). Podríamos decir, que la indiferencia hacia el pobre conduce a vivir fuera del plan de Dios, a contramano de su propuesta y a proyectar una vida egoísta y mezquina.

Asimismo, a promover un mundo para pocos y a dejar a muchos fuera de la inclusión social y de la fraternidad humana. El salmo de hoy nos muestra cual es el compromiso de Dios, ¡y lo que Él espera de nosotros!: “El Señor hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos. El Señor abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados. El Señor ama a los justos. El Señor protege a los extranjeros, sustenta al huérfano y a la viuda y entorpece el camino de los malvados”.

Debemos tomar nota de lo que se nos encomienda hacer por los más necesitados y a no permanecer indiferentes ante tantas necesidades que padece el hombre de hoy, en medio la crisis económica y existencial, que golpea muy fuerte a nuestra Argentina.

¿Hemos caído en una insensibilidad que nos aleja del que pide ayuda?, ¿o somos capaces de socorrer al que está maltrecho y golpea las puertas de nuestras casas?

  1. ¡No “naturalizar” la situación de los pobres!

La indolencia es un mal espiritual, lleva a ser insensibles ante el dolor de los demás y a “naturalizar” la situación de los pobres; no deja ver las necesidades de los que claman justicia y piden ayuda para salir adelante, y pone distancia de los más necesitados. Por esto, lo primero que debemos tener en cuenta, es que el pedido del pobre es un llamado de Dios a sensibilizarnos con ese dolor; “la Iglesia, guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia y quiere responder a él con todas sus fuerzas.

En este marco se comprende el pedido de Jesús a sus discípulos: «¡Denles ustedes de comer!» (Mc 6,37), lo cual implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos” (EG, 188).

Las autoridades públicas que serán electas, tendrán una gran responsabilidad para avanzar hacia una política social integral, que dé respuestas a las causas estructurales de la pobreza. Respecto a esto, la Mesa Grande de Pastoral Social, propone: “Ejecución de programas sociales con previsibilidad para la lucha contra la pobreza; aplicación de las leyes para combatir la corrupción y el narcotráfico; impulso de políticas activas que fomenten el trabajo; puesta en vigencia de marcos jurídicos e institucionales que tengan en cuenta las asimetrías sociales”.

No podemos seguir transitando en nuestra historia como país, improvisando en materia social. Sería muy bueno y prometedor, diseñar políticas de largo plazo con una inversión en materia social de modo transparente y con la asignación presupuestaria correspondiente. ¡No sigamos poniéndonos lejos del pobre, dejándolo a merced de una limosna!, construyamos un proyecto de país donde todos seamos tenidos en cuenta.

Nos preguntamos, ¿cuáles serán las políticas sociales que implementarán las autoridades que serán electas?; sería muy alentador escuchar de parte de los candidatos, explicaciones convincentes al respecto.

Pero no todo podemos esperar de la acción política. Cada uno, desde el ámbito que nos toca, realicemos nuestra tarea de solidaridad, recordando la importancia de los gestos concretos para cambiar la historia de nuestros hermanos más necesitados.

Nuestra comunidad tiene organizada la Pastoral Social con servicios y asistencia solidaria. ¡Agradecemos la colaboración voluntaria para sostener todo lo que hacemos!, y alentémonos mutuamente para no desanimarnos en la dedicación a esta tarea tan noble y edificante. Pero sabemos que la indiferencia hacia el pobre, también está en la Iglesia, porque no sabemos suficientemente leer y meditar el Evangelio con compromiso social; lo “recortamos”, y hacemos una aplicación espiritualista del texto, alejada de la realidad y sin considerar al pobre. Sin lugar a dudas, este no es pensamiento ni el compromiso de Jesús, Él quiere que estemos muy cerca del que sufre, con la palabra y el gesto concreto de ayuda. ¡No caigamos en la tentación de “recortar” el Evangelio!, acomodándolo para nuestra conveniencia.

¡Jesús nos fortalece para estar atentos al clamor del pobre, y salir a su encuentro!

Pbro. Alberto Fogar

 Párroco Iglesia Catedral

(Resistencia)


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