Por Vidal Mario(*) - Se cuenta, en el mal llamado Antiguo Testamento, que hubo un tiempo en que el Medio Oriente estaba poblado por más de treinta naciones, y que entre las mismas no figuraban los hebreos.

Un día, aparecieron estos, provenientes de Egipto, donde habían estado viviendo por cuatrocientos años. Y no venían en son de paz.

Dijeron que todas esas tierras les pertenecían por derecho propio en virtud de una promesa hecha por su terrible dios Jehová a sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob.

Y atacaron. A sangre, fuego y espada borraron del mapa a casi todas esas civilizaciones, esclavizaron a otras, y se quedaron con todas las tierras de los conquistados.

Las doce tribus de que se componían los invasores se repartieron ese inmenso botín territorial.

El Antiguo Testamento dedica un amplio espacio a esa “operación relámpago” que les permitió a los hebreos, previo exterminio de sus habitantes, quedarse con la región de Canaán.

En uno de los libros que hasta el momento llevo publicados (La espada asesina), dedico un capítulo entero a aquella sangrienta arremetida que los antepasados de los actuales israelíes supuestamente realizaron sobre esos pueblos de otras costumbres, otras culturas, y otros dioses.

Para el título del libro me inspiré en una supuesta proclama de Jehová, lanzada a través de su profeta Ezequiel:

“¡La espada, la espada! Ya está afilada y pulida. Afilada para hacer una matanza, pulida para lanzar rayos. La hicieron pulir para que uno la empuñe. La espada está afilada y pulida para ponerla en la mano del asesino.

Es una espada para matar, la terrible espada de la matanza que amenaza al pueblo por todas partes. Ella los va a llenar de miedo, va a hacer muchas víctimas. En todas sus casas he puesto la espada asesina”.

Biblia violenta

Todo lo relatado hasta aquí forma parte de un viaje por la geografía bíblica que desde el Génesis hasta el Apocalipsis hice en el mencionado libro, que tuvo dos ediciones.

En esa obra mía quedó demostrado que la Biblia no es lo que parece ser, que no es el libro bueno que dicen que es, sino que es en realidad uno de los libros de más carga de violencia que se haya escrito a lo largo de los pasados cuatro o cinco mil años.

Ya de entrada la “Palabra de Dios” empieza con un holocausto mundial, el Diluvio, y termina con una matanza aún más espeluznante, vívidamente descripta en el Apocalipsis.

Entre ambos extremos se extiende una ininterrumpida cadena de historias de asesinatos, genocidios, intrigas, incesto, violaciones sexuales, y otros hechos cargados de crueldad.

Una y otra vez aparece el Jehová de los judíos (que después también lo será de los cristianos) actuando como un dios tarado, represor, vengativo, intolerante y rencoroso. Los más horrendos pasajes bíblicos lo tienen como protagonista directo o indirecto.

Se lo presenta como un dios anciano a quien nadie puede ver ni ha visto jamás, un dios que desde su trono ubicado en algún lugar del universo es capaz de inspirar a uno de sus siervos favoritos, David, a escribir frases como ésta:

“¡Ciudad de Babilonia, la devastadora, feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste! ¡Feliz el que tome a tus hijos, y los estrelle contra las rocas!”. (Salmo 137: 8).

Según la Biblia, este sospechoso “Dios de Amor” sacó alrededor de un millón de hebreos de Egipto, pero terminó matándolos a todos. Ninguno de ellos, ni Moisés, pudo entrar a la tierra que se les prometió.

Fueron condenados a muerte por Jehová, por infieles, y todos murieron y dejaron sus huesos en el impiadoso desierto.

Varios capítulos de La espada asesina los dediqué al rey David, un personaje realmente impresentable al que los cristianos presentan como santo y supuesto antepasado de Jesús.

Según las “inspiradas escrituras”, en un momento muy complicado de su vida hasta traicionó a su país. Convertido en guerrillero a la fuerza, buscó refugio en un país tradicionalmente enemigo, desde donde salía a saquear poblaciones judías, cuidando de no dejar testigos vivos de sus correrías para que no lo delataran.

Jesús, otro “exterminador”

En ese mismo libro, destaco que en el igualmente mal llamado “Nuevo Testamento” Jesús no es un “salvador del mundo”, sino un exterminador de la Humanidad.

El Apocalipsis presenta a este galileo (la más extraordinaria, bondadosa y esclarecedora figura que haya venido a este mundo) como dirigiendo un ejército de ángeles que acaba con este mundo en una gran batalla llamada Armagedón.

Al respecto, esto es lo que dice el libro del Apocalipsis, en el capítulo 19: 11-21

“Vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco. Su Jinete se llama “Fiel” y “Veraz”, él juzga y combate con justicia. Sus ojos son como una llama ardiente, y su cabeza está cubierta de numerosas diademas. Lleva escrito un nombre que solamente él conoce y está vestido con un manto teñido de sangre. Su nombre es: la Palabra de Dios.

Le siguen los ejércitos celestiales vestidos de lino fino de inmaculada blancura y montados en caballos blancos. De su boca sale una espada afilada, para herir a los pueblos paganos. Él los regirá con un cetro de hierro y pisará los racimos en la cuba de la ardiente ira del Dios todopoderoso. En su manto y en su muslo, lleva escrito este nombre: Rey de los reyes y Señor de los señores.

Después vi un ángel que estaba de pie sobre el sol y gritaba con gran fuerza a todas las aves que volaban en el cielo: “Vengan a reunirse para el gran festín de Dios, para devorar la carne de los reyes, de los grandes capitanes, de los poderosos, de los caballos y de sus jinetes; la carne de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes”.

Finalmente, consigna que todos los paganos “fueron exterminados por la espada que salía de la boca del Jinete, y las aves se saciaron con sus despojos”.

Este delirio salido de alguna mente esquizofrénica en tiempos en que las principales herramientas de guerra todavía eran el caballo y la espada, según la Biblia lo hará nada menos que aquel Jesús que enseñaba a perdonar y a dar la otra mejilla.

Un instrumento para el miedo

Salvo honrosas excepciones como Eclesiastés, Proverbios y Cantar de los Cantares, todo el resto de la Biblia está diseñada para plantar el miedo en las mentes débiles.

La “Palabra de Dios” es un extenso catálogo de asesinatos en masa, destrucciones, violaciones sexuales, saqueos, atentados a los derechos humanos, exterminio de poblaciones enteras y anuncio del fin del mundo entero.

El imaginario dios Jehová de los hebreos, al que millones de personas siguen sujetando sus vidas, no era ni mejor o peor que el Baal de los cananeos, El Zeus de los griegos, el Júpiter de los romanos, el Osiris de los griegos o el Odín de los vikingos.

Colérico, rencoroso y vengativo como estos, siempre se lo presentaba como uno que paga con muerte y destrucción toda contradicción a sus mandatos y deseos.

Todo lo señalado motivó en el 2013 mi libro La espada asesina, presentado por el recordado sacerdote Santiago Frank.

*(Periodista-escritor-historiador)


COMPARTIR