Una expresión de gentileza y novedad

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IV DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo C (23/12/18)

Miq 5, 1-4a; Sal 79, 2ac. 3b. 15-16. 18-19; Heb 10, 5-10; Lc 1, 39-45


  1. El gesto de la visita

Si bien las preocupaciones desmedidas por nuestros intereses y las actitudes individualistas influyen negativamente para fomentar los vínculos con los demás, sigue vigente en nuestra cultura la importancia de la visita, como expresión de la consideración que tenemos por los otros. Acercarnos a compartir, dar una mano cuando alguien está transitando por algún problema o simplemente ponernos en contacto para hablar un rato y afianzar una amistad, son actitudes valoradas en nuestra realidad. ¡Qué bien nos hace cuando alguien se preocupa por nosotros y acorta las distancias que muchas veces las ocupaciones nos imponen! ¡Qué alegría nos da cuando hacemos la experiencia de salida de sí mismo y marchamos hacia el encuentro de ese amigo, con quien no charlábamos desde hace mucho tiempo!

El mensaje de hoy anticipa la dinámica de la Navidad, la visita de María a su prima Isabel expresa esa consideración de Dios al enviarnos a su Hijo; nos dice el evangelio: “María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?” La visita es la oportunidad para percibir esa gran manifestación de algo nuevo en nuestra experiencia, ¡un acontecimiento humano y de la presencia de Dios! En el texto valoramos el clima de alegría por ese reconocimiento mutuo de estas dos mujeres, pero hay algo más que reciben, no es un simple encuentro, valoramos que esa visita expresa la estima que se tienen, el deseo de compartir con alegría por lo que van a recibir y se dan cuenta que algo (o mucho) de Dios está circulando entre ellas, ¡y no quieren dejar que pase ese momento!

¿No tendríamos que saber detenernos y destinar tiempo para aprovechar más las visitas, que acontecen en nuestra vida cotidiana?

Profundicemos esta salida de María para ir al encuentro de los demás: “Ella es la mujer de fe, que vive y camina en la fe, y su excepcional peregrinación de la fe representa un punto de referencia constante para la Iglesia. Ella se dejó conducir por el Espíritu, en un itinerario de fe, hacia un destino de servicio y fecundidad (…)

María sabe reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los grandes acontecimientos y también en aquellos que parecen imperceptibles. Es contemplativa del misterio de Dios en el mundo, en la historia y en la vida cotidiana de cada uno y de todos. Es la mujer orante y trabajadora en Nazaret, y también es nuestra Señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás sin demora. Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización” (Evagelii Gaudium, 287-288).

En medio de la expresión de afecto y cercanía, la visita manifiesta eso modo en que Dios decidió compartir con nosotros, nos envió a su Hijo para que nos visitara, se hizo semejante a nosotros y desde ese lugar, nos mostró el camino que nos lleva a una vida mejor. María se anticipa asumiendo esa misma actitud, lleva consigo una buena noticia para ser anunciada, como bien lo apreciamos del Evangelio: “Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “‘¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!’” Bien lo decía el pasaje citado más arriba, María sale presurosa para ir al encuentro y ayudar a los demás. Esa dinámica de solidaridad y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, la convierte en el ejemplo más claro de lo que tenemos que hacer, ir hacia el encuentro de los demás para escuchar, anunciar y ayudar.


  1. Llevemos la bendición del Señor

María es saludada como “¡Bendita entre todas las Mujeres!”, y verdaderamente es así; porque cuando a Dios lo dejamos entrar en nuestra historia personal, nos convertimos en canales de su bendición. Toda la persona de María refleja y transmite a Dios, por eso Isabel siente su presencia. La fe nos lleva a la adhesión a Dios y a su proyecto de salvación, lo sentimos cada vez más como propio; Él va progresivamente abarcando nuestra vida, da sentido a nuestra existencia y dinamiza con su Espíritu lo que hacemos. De esta experiencia que nos envuelve, brota la fuerza de la bendición que compartimos.

Seguramente, muchas veces vamos a desear el bien (bendecir) en esta Navidad. Entonces, no está demás que recordemos este sentido auténtico de la bendición, porque estamos llamados a ser felices y bienaventurados, y a llevar esa dicha a los demás. Nuestras personas deben reflejar esto. Cuando nos dirigimos amablemente, respetamos a los demás y somos solidarios, irradiamos a Dios presente en nuestro interior. La Navidad es un encuentro para compartir buenos augurios y para que los demás sientan eso que transmitimos.

¿Nos damos cuenta de la capacidad que tenemos, la de hacer presente la bendición de Dios si nos decidimos a comunicarla? ¿Qué actitud deberíamos tener para que Jesús se haga más presente en esta Navidad en muchas personas?

Queremos que esa presencia bendita de Dios no quede en un círculo cerrado, sino que la llevemos más allá de las fronteras de nuestros grupos afines, así como hizo María; recorrió las distancias para visitar a su prima Isabel. Todas esas visitas que podamos hacer siempre serán constructoras de esperanza. En esta línea, estamos encaminados en la misión parroquial de adviento, los misioneros deseamos profundamente llevar la bendición a cada familia de la comunidad y aportar algo para construir un 2019 con expectativas positivas.

Esto tiene que convertirse en un compromiso de todos, llevar lo bueno que recibimos a nuestras familias y a muchos más; ¡sería muy lindo que fomentemos más la fraternidad con ellos! ¡Y con mucha gente que entraremos en contacto!  Indudablemente, mucho podremos hacer para promoverla en toda la sociedad.

Pidamos a María para que llevemos con alegría la bendición: “Virgen de la escucha y la contemplación, madre del amor, (…) Estrella de la nueva evangelización, ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz.”

¡Qué María nos impulse a estar cerca de aquellos que están más solos, afligidos y abandonados!

Presbítero Alberto Fogar

                                                                         Párroco Iglesia Catedral (Resistencia)