“Turismofobia”, el mal que afecta a las ciudades más visitadas del mundo

El turismo masivo hace estragos no sólo en el tránsito y los espacios públicos, sino también en los alquileres y los precios que tienen que pagar sus habitantes estables.

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Dignitaries leave after a solemn Mass at Barcelona's Sagrada Familia Basilica for the victims of the terror attacks that killed 14 people and wounded over 120 in Barcelona , Spain, Sunday, Aug. 20, 2017. (AP Photo/Manu Fernandez)

Europa es uno de los continentes que más turismo atrae cada año pero, aunque el deseo de explorarla es legítimo, la falta de regulaciones en algunas ciudades están comenzando a alienar a sus habitantes hasta el punto de despertarles la “turismofobia”.Se denomina “turismofobia” a la reticencia que desarrollan los vecinos de un lugar cuando se ven superados en número y poder adquisitivo por los visitantes, informó BBC Mundo. El turismo sustentable está lejos en el horizonte para las grandes capitales como París, Londres o Roma.

De hecho este fenómeno es conocido como el “síndrome de Venecia” en referencia a los 30 millones de turistas que inundan la pintoresca localidad italiana cada año y que empujaron a sus habitantes a dejar sus hogares por el alto costo de vida: la población estable pasó de 175 mil personas a mediados de siglo XX a apenas 50 mil en el último censo.En el caso de Barcelona, España, la capital catalana cuenta con 1.5 millones de habitantes y recibió 8 millones de turistas en 2016 cortesía de los vuelos baratos y la oferta de alojamiento en departamentos en zonas residenciales a través de plataformas online.

“Pagamos alquileres del norte de Europa con sueldos del sur”, sintetizó Carla Carballo, de 32 años, quien tuvo que dejar el departamento que alquilaba en el barrio de L’Eixample para radicarse en la localidad de Badalona, a 10 kilómetros de Barcelona.La falta de proporción entre los ingresos de los habitantes de Barcelona y los alquileres que pretenden percibir los dueños de los inmuebles no es el único factor que produce resquemores entre locales y visitantes: como ocurre en Venecia, la capital catalana recibe muchos cruceros que vuelcan turistas por el día, saturan ciertas zonas de la ciudad y no dejan las ganancias que desearían los comerciantes.Por ahora la única salida que encontraron las autoridades romanas es limitar la cantidad de visitantes que reciben por día ciertos monumentos. Mientras en Islandia, donde viven 330 mil personas contra las 1,7 millones que la visitaron en 2016, ya se habla de turismo sustentable para evitar sufrir como en otros países del Viejo Continente.