Spikeball, el juego que tomó por asalto las playas de Punta del Este

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Caminando por cualquiera de las playas de Punta del Este o José Ignacio se puede ver a grandes y chicos divirtiéndose con un nuevo juego de moda: el spikeball.

Originario de Estados Unidos, el spikeball se juega dos contra dos. La idea es hacer rebotar la pelota contra una pequeña red redonda y elástica ubicada en el la arena.

El juego comienza cuando un jugador saca tirando la pelota contra la red hacia donde está uno de sus oponentes. Ellos tienen que tocar la pelota hasta tres veces (como en el voley) antes de hacerla picar de nuevo en la red. Cuando alguno falla, es un punto para el equipo rival.

Lo divertido es que la cancha no tiene límites. Una vez que comenzó un punto, los jugadores pueden moverse hacia donde quieren.

Fernando Calatayud, dueño de un restaurante de Pilar, se divierte jugando en La Mansa de José Ignacio con Marcos, Tany y Santino, tres chicos de entre 10 y 14 años. Son un grupo de amigos que viajaron juntos para disfrutar del verano en Punta. El equipo de spikeball lo compraron en Miami a 15 dólares. “¡Bien, buenísima!”, se entusiasma Fernando mientras los chicos vuelan en la arena.

En La Brava de José Ignacio, el kit para jugar se vende a 55 dólares y en los locales de playa de Punta a 75. El uruguayo Sebastián, que los vende en forma ambulante, no puede ocultar su sonrisa. Dice que la temporada “viene bien” y que allí “todos se manejan en dólares”.

Otros juegos de playa
Por supuesto, además del Spikeball, en Punta también se practican otros juegos más tradicionales, como el fútbol, el pelota paleta, el vóley, el sandboard, y hasta el tejo.

Por todas partes se puede ver a los más chicos jugando a la pelota en la arena. Renato, un nene uruguayo de seis años que vino con su familia de Tacuarembó, le pega con alma y vida y supera la estirada del arquero, un chico argentino un poco mayor. “¡Golazo!”, sale gritando este pequeño hincha de Nacional.

Los brasileños Ceila y Matías juegan a la paleta en José Ignacio. Foto: LA NACION / Santiago Hafford

Unos metros más allá, con los pies en el agua, la pareja de brasileños formada por la dentista Ceila y el despachante de aduanas Matías se divierten jugando a la paleta. Ellos vinieron de Porto Alegre para pasarla bien en las playas del Este.

Simón, un nene de seis años que vino con su familia de Tigre, se tira de las dunas como un profesional en su tabla de sandboard, otros chicos más grandes lo acompañan en la aventura.

En el sunset, la gente comienza a relajarse y los pasatiempos se vuelven más tranquilos. Alin, Maica y Greta, tres chicas de 16 años que vienen de Buenos Aires, juegan con las cartas al negro, mientras toman un mate y escuchan música con un celu.