El paraíso de los golosos y los instagrammers: un viaje al efímero Museo del Helado en Miami

El Museum of Ice Cream es furor en la costa de Florida, donde permanecerá abierto hasta el 22 de enero. La exhibición es interactiva: ofrece degustaciones de las mejores heladerías de la zona, fuentes de chocolate y una pileta llena de sprinkles. La polémica ambiental que enfrenta la exposición.

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“Un lugar donde los sabores son misterios, los toppings son juguetes y los sprinkles hacen del mundo un lugar mejor”. Es el Museo del Helado (Museum of Ice Cream): en su descripción oficial publicada en su página web presume de ser un ambiente dedicado a unir a las personas y provocar a la imaginación. Entre el misterio de los sabores, la recreación de los toppings y el beneplácito de los sprinkles se sostiene una exposición efímera de experiencias múltiples. No es un museo convencional, es un paseo multisensorial.

Al menos así lo define su creador, Manish Vora: “Los visitantes no están paseando por el lugar mirando instalaciones sino que están constantemente degustando y probando distintos sabores y golosinas. Y este museo también tiene un sentido de compartir. Pretende ser una experiencia social”. El museo fue primero una broma o de un mero comentario: su novia se había soñado nadando en una bañadera cargada de dulces. “Fue entonces que ahí se me ocurrió combinar nuestro interés en el arte, la tecnología y el helado. Queríamos crear algo que divirtiera y que fuera totalmente diferente”, describió el fundador.

Es totalmente diferente: hay arte colgado en las paredes y una amplia oferta de instalaciones interactivas para intervenir en las obras, transformarlas y degustarlas. Sus reglas son probar, oler y jugar. Las esculturas, los cuadros y las instalaciones alusivas al universo del helado se completan con una propuesta participativa. El contexto es el paraíso para los golosos y para los fotógrafos amateurs de Instagram.

Hay una fuente de chocolate gigante, globos comestibles, una especie de sube y baja en forma de cuchara de helado y una pileta con cien millones de granas (sprinkles) artificiales para vivir la experiencia de nadar en caramelo. El museo apela a la imaginación infinita: ensaya un viaje hacia la infancia, un trayecto feliz hacia el romanticismo de la niñez. Los visitantes pueden degustar sabores selectos de las heladerías locales, descubrir nuevas texturas, gustos futuristas y formatos rupturistas del icónico “ice cream”. La escena convida un diseño visual cargado de formas y colores atractivos. La temática está respaldada por un tiendas y laboratorios que enseñan los orígenes, la historia y los distintos métodos de elaboración del helado.

El Museum of Ice Cream (MOIC) es una exhibición “pop-up” con fecha de vencimiento. Montó en Miami una muestra itinerante que estará activa hasta el 22 de enero; antes ya había recorrido Los Ángeles, Nueva York y continúa abierta hasta febrero en San Francisco. Es la cuarta edición que se celebra en la bahía de Florida con una expectativa notable del público.

Pero el MOIC también fue blanco de críticas por ecologistas y organizaciones medioambientales. Fue multado con mil dólares por las autoridades locales a efectos del peligro ambiental que suponía la actividad. Resulta que la pileta de sprinkles es una amenaza al ecosistema de la Biscayne Bay, en Florida. Los entusiastas se introducían al espacio lúdico repleto de dulces artificiales y salían del museo con unidades adheridas al cuerpo y la ropa. Encontraron perdidos en los desagües, las calles y las playas miles de sprinkles de plástico sintético que venían de la exposición. Desde la organización respondieron con un comunicado en el que prometen reemplazar los artículos plásticos de la “Sprinkle Pool” por material biodegradable y la instalación de tres ventiladores que “golpeen” a los visitantes que salen de la piscina.