Alimentación complementaria (AC) – Una mirada desde la psicología

Cuando nuestro bebé crece, nos encontramos con el momento de la incorporación de otros alimentos por fuera de la leche, esto suele estar plagado de mitos y confusiones varias. La comida y sus rutinas son nodales en la transmisión de la cultura, es por esto que se le debe dar gran importancia a este paso en la vida de nuestros niños ya que el mismo incidirá en su formación y permitirá la creación de hábitos en mayor o menor medida saludables que permanecerán durante toda su vida.

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Generalmente será el pediatra quien establecerá el momento adecuado en que el niño podrá comenzar la incorporación alimentos sólidos, por recomendación de la OMS sabemos que la lactancia materna exclusiva (sin incorporación de ningún alimento ni siquiera de agua) es lo único que preciso un bebé hasta por lo menos seis meses de edad. Luego de esto, cada niño/a tendrá un momento para iniciar la AC (alimentación complementaria), es decir que varía de bebé en bebé, pudiendo algunos necesitar retrasar este momento de acuerdo a sus necesidades particulares de desarrollo.

Suele ser un momento de emociones encontradas sobre todo para la mamá que amamanta, ya que se encontrará de repente con un bebé que está creciendo lo cual le genera mucha alegría, pero también puede pensar que su niño/a dejará de darle un lugar tan importante a la teta.  Esto no es así, ya que como su nombre lo indica, la AC es justamente un adicional a la leche que continua siendo el alimento principal en la dieta del/a niño/a y lo seguirá siendo durante bastante tiempo (aproximadamente dos años).

Lo importante al momento de comenzar con la AC es guiarse no solo por las recomendaciones del pediatra sino también por los signos que da nuestro bebé a la misma. Intentar hacer caso omiso a las comparaciones con otros niños ya que como dijimos anteriormente cada uno presenta un desarrollo individual que se debe respetar y acompañar a nivel familiar.

Algo muy significativo y de lo que casi no se habla es acerca de generar un ambiente propicio y facilitador a la AC. Por supuesto que es importante el qué se come (alimentos adecuados a la edad) pero también la situación, el cómo, cuándo y dónde se come.

Es fundamental generar un clima tranquilo y familiar en el que los bebés se sientan a gusto y que propicie la experimentación. Debemos saber que al principio los niños comen muy poco y esto está bien, no hay que exigirles más de lo que ellos pueden, aunque aún no tenga lenguaje el/la niño/a dará muestras de estar satisfecho.

Permitir que jueguen al momento de la comida, que toquen y sientan las diferentes texturas, que prueben los sabores y combinaciones. Los bebés se ensuciarán, permitirles esto es fundamental para que la experiencia sea positiva (ya habrá tiempo luego para limpiarlo). Poder compartir en familia y alentar al nuevo comensal le brindará mucha seguridad, asimismo lo ideal es minimizar las distracciones que puedan existir (celulares, tv, etc) comprometiéndose todos los involucrados en esta experiencia inicial del bebé.

Existen varias teorías respecto a los métodos para lograr una alimentación adecuada a los bebés, lo importante es que cada familia pueda encontrar el suyo, y que seguramente se adecuará naturalmente a las rutinas de ellos, sin ningún tipo de forzamientos. Si bien la información suma, descubrir qué es lo que funciona mejor en nuestro hogar es lo adecuado y sostenible en el tiempo.

Por último, disfrutar de esta etapa de desarrollo, exploración y juego con nuestro bebé creciendo es lo más importante.